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40. Chang WK, Chao YC, Tang HS y cols. Effects of extra carbohydrate supplementation in the late evening on energy expenditure and substrate oxidation in patients with liver cirrhosis. J Parent Enteral Nutr 1997; 21:96-99. [ Links ] 41. Rubio C, González D, Martín-Izquierdo RE y cols. El zinc: oligoelemento esencial. Nutr Hosp 2007; 101-107. [ Links ]

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Aceptado: 15-II-2008.

El dolor de hígado o las molestias aparece como síntoma de determinadas enfermedades y trastornos que afectan a este órgano. Conocer dónde y cómo aparece es útil para saber si existe o no algún problema hepático. El higado es, probablemente, uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo, probablemente por la gran cantidad de funciones que lleva a cabo cada día, lo que nos permite –por lo general- disfrutar de una buena salud si no sufrimos ningún tipo de enfermedad o trastorno, y si seguimos un estilo de vida lo más saludable posible.

Entre esas funciones básicas más importantes podemos mencionar el almacenamiento de las grasas y la producción de colesterol, secreción de bilis, síntesis de ácidos grasos y del glucógeno, producción de proteínas del plasma sanguíneo o el procesamiento de bebidas alcohólicas y algunos fármacos para su posterior eliminación a través de la orina. Es decir, se trata de un órgano responsable de determinadas funciones imprescindibles de nuestro metabolismo. Como de buen seguro sabrás, presenta un color marrón rojizo, una forma más o menos triangular, puede llegar a pesar medio kilo y destaca por ser el mayor órgano glandular. Lo encontramos situado en el lado derecho de la cavidad abdominal, concretamente justo debajo del diafragma, cerca del estómago.

Cuando tenemos el hígado enfermo, ya sea por determinados trastornos que afectan de forma directa a este órgano o por el consumo abusivo de sustancias tóxicas para el mismo (como por ejemplo puede ser el caso del alcohol y los medicamentos) suele ser muy habitual sentir algunas molestias –o dolor- en la zona del abdomen donde precisamente se encuentra ubicado el hígado. A diferencia de lo que erróneamente se piensa, lo cierto es que el hígado sí puede doler, sobre todo si existen determinadas enfermedades o trastornos que lo están afectando. Por ejemplo, el hígado se puede encontrar inflamado y agrandado de tamaño, ya sea por un almacenamiento excesivo de grasa (condición médica conocida con el nombre de hígado graso) o por el seguimiento de determinados hábitos (como beber alcohol en exceso, el sobrepeso o el consumo habitual de medicamentos).

Aunque no suele ser tan habitual hablar de dolor o molestias en el hígado, lo cierto es que no es adecuado ni prudente hacer caso omiso de todos aquellos síntomas relacionados con este órgano, ya que en definitiva pueden ser un indicativo de la posible existencia de daño hepático (en realidad por una amplia diversidad de causas). En muchos casos el dolor de hígado tiende a ser confundida con otros tipos de molestias en el abdomen, llevando a confusión. No obstante, el dolor de hígado se tiende a menudo a experimentar como un dolor sordo que se sitúa en la zona ubicada en el abdomen superior derecho, concretamente debajo de las costillas. Por lo general, esta molestia o dolor suele ser constante.

Debemos tener en cuenta que en algunas ocasiones puede estar acompañado de dolor abdominal o dolor de espalda. Por ello suele ser muy habitual que el dolor hepático se confunda con el dolor de riñones, con el dolor de espalda o con el dolor abdominal, dado que el hígado se encuentra situado en esa zona. De ahí que debamos fijarnos siempre en su localización: el dolor hepático tiende a empezar en la parte derecha del abdomen o de la espalda, debajo de las costillas. Cuando el hígado se encuentra enfermo, suele ser común que también se produzcan o aparezcan otros síntomas relacionados con el dolor hepático. Por ejemplo, la piel y los ojos se pueden tornar amarillentos, la orina puede ser oscura y las heces pálidas, pueden aparecer erupciones en la piel y picazón y también se sienten síntomas parecidos a los de una gripe.

También es común que se produzca una pérdida de apetito y de peso, así como estar acompañado de fatiga. Las causas que pueden estar ocasionando la aparición de molestias o dolor en el hígado son en realidad muy diversas. A continuación te resumimos las más habituales:

  • Inflamación y agrandamiento del hígado: conocido médicamente con el nombre de hepatomegalia, consiste en el ensanchamiento del hígado más allá de su tamaño normal, de forma que sus bordes tienden a superar sus límites y causar molestias. Puede estar causado a su vez por consumo de alcohol, presencia excesiva de grasa en el hígado, hepatitis, mononucleosis infecciosa, cirrosis, cáncer hepático, leucemia, sarcoidosis o síndrome de Reye.
  • Hepatitis: ya sea la hepatitis A, B, C, D y E, consiste en una inflamación del hígado causada por una infección vírica. Esta infección puede remitir de forma espontánea o evolucionar hacia una fibrosis, cirrosis o un cáncer. Por ejemplo, en el caso de las hepatitis A y E son generalmente causados por la ingestión de alimentos o agua contaminados, mientras que las hepatitis B, C y D se producen por su transmisión con productos sanguíneos contaminados o transfusiones de sangre.
  • Cirrosis: consiste en la cicatrización y el funcionamiento deficiente del hígado, caracterizándose por ser la última fase de la enfermedad hepática crónica. Entre sus causas más habituales podemos mencionar el alcoholismo y la infección por hepatitis B o C.

¿Sabías que el hígado es el órgano más grande dentro del cuerpo humano?

También es uno de los más importantes, debido a la cantidad de funciones que desempeña, como la transformación de los alimentos en energía, la eliminación del alcohol y las toxinas de la sangre, la producción de la bilis, un líquido amarillo verdoso que ayuda a la digestión, y ayudar a mantener el equilibrio de glucosa, proteínas, grasas, colesterol, hormonas y vitaminas en el cuerpo. ¿Quieres saber más sobre las enfermedades que pueden aparecer asociadas a él?

Existen muchos tipos de enfermedades hepáticas:

  • algunas de ellas son causadas por virus, como la hepatitis A, la hepatitis B y la hepatitis C.
  • otras pueden ser consecuencia de la ingestión de medicamentos, venenos, toxinas o de un exceso de alcohol.
  • la cirrosis, que consiste en que el hígado forma tejido cicatrizal debido a una enfermedad, que impide su buen funcionamiento.
  • la ictericia, o coloración amarilla de la piel, puede ser un síntoma de afección hepática.
  • otras enfermedades hepáticas pueden ser hereditarias, como por ejemplo, la hemocromatosis.
  • al igual que en otras partes del cuerpo, el cáncer puede afectar al hígado.

Los principales síntomas que pueden aparecer cuando aparece un problema relacionado con el hígado son:

  • mala digestión.
  • hinchazón en el abdomen.
  • náuseas, especialmente después de ingerir comidas grasas.
  • coloración amarillenta en ojos y piel (ictericia).
  • estreñimiento.
  • orina de color oscuro.
  • mal aliento y/o lengua con manchas al levantarse por la mañana.
  • dificultad para la concentración y memoria.
  • fiebre, sudoración, urticaria, erupciones cutáneas y asma.
  • frecuentes dolores de cabeza.
  • fatiga y síndrome de fatiga crónica.
  • baja tolerancia al alcohol y a algunos medicamentos tales como los antibióticos.
  • abuso de alcohol.
  • falta de higiene en la preparación de los alimentos.
  • exposición directa a ciertos productos químicos que afectan al hígado (arsénico, mercurio, plomo, cobre, fósforo, selenio) así como a pesticidas e insecticidas.
  • dosis excesivas de medicamentos, o automedicación.
  • mantener relaciones sexuales no seguras, así como compartir jeringuillas, cepillos de dientes o artículos de afeitado.

A continuación te presentamos los mejores remedios caseros para los problemas de hígado que hemos recopilado. Nuestros remedios para los problemas de hígado pretenden ayudarte a estar informado, pero nunca deben sustituir una consulta médica. Es fundamental que consultes a tu médico sobre este o cualquier otro tratamiento natural, así como posibles contraindicaciones o incompatibilidades.

Cuando aparece un problema relacionado con el hígado, es muy importante cambiar los hábitos alimenticios para no sobrecargar este órgano. Para ello, es conveniente seguir las siguientes pautas. En primer lugar, haya una serie de alimentos cuyo consumo está desaconsejado y que convendría eliminar de la dieta habitual. Entre ellos encontramos:

  • comidas ricas en grasas.
  • todo tipo de excitantes: café, tabaco, y especialmente, el alcohol.
  • la toma de medicamentos convencionales debe reducirse al mínimo.
  • huevos, sobre todo fritos. Pueden comerse 1 o 2 por semana pasados por agua.

En segundo lugar, encontramos una serie de alimentos de los que no conviene abusar o cuyo consumo habría que reducir para aligerar el esfuerzo que tiene que realizar este órgano, y entre ellos encontramos:

  • harinas refinadas: bollería, pan blanco, dulces industriales, pizzas, etc.
  • manzanas: a pesar de ser un alimento muy sano, puede causar congestión a muchas personas que padecen de la vesícula.
  • leche entera y sus derivados.
  • carnes grasas.

Y sobre todo, es muy conveniente incluir una serie de alimentos que constituirían la base de la dieta de las personas que padecieran alguna dolencia relacionada con el hígado, y serían:

  • Carbohidratos de absorción lenta: cereales integrales, pastas, zanahorias, etc.
  • fruta, tanto la dulce como la ácida: plátano, pera, melón, naranja, limón, etc., evitando las manzanas y las fresas, éstas últimas porque pueden causar reacciones alérgicas.
  • verduras y hortalizas, brevemente cocidas, especialmente la alcachofa.
  • ensaladas vegetales variadas.
  • alimentos ricos en azufre: col, coliflor, cebolla, ajo, etc.

Si el hígado sufre alguna enfermedad o algún trastorno que le afecte, puede doler. Si se encuentra inflamado o agrandado de tamaño porque ha acumulado demasiada grasa, como en le caso del hígado graso, o porque se han seguido hábitos no demasiado saludables, como beber alcohol en exceso o haber abusado de ciertos medicamentos, se puede experimentar dolor en la zona del abdomen superior derecho, por debajo de las costillas. Esta molestia o dolor suele ser constante.

ALBERTO ALBORNOZ – PLATA, M.D., F.A.C.P. Académico de Número Profesor Emérito de Medicina Interna y Gastroenterología

Entre los años de 1975 y 1989 se ha hecho un estudio en pacientes con cirrosis hepática tratados con Colchicina en Colombia. 124 pacientes de los cuales sólo 91 se han podido evaluar en su totalidad y repartidos 67 pacientes del Hospital de “La Samaritana” en Bogotá y 21 de la consulta privada; todos han recibido primordialmente como tratamiento Colchicina 1 mg. al día en forma permanente y repartidos en el siguiente grupo: – 5 años: 50%
– 3 años: 30%
– 1 – 2 años: 15%
– 10 – 14 años: 5%

De acuerdo con el sexo 57 son masculinos con una edad promedio de 45.2 años y 34 femeninos con edad promedio de 42.3 años. Se debe mencionar que la cirrosis en Colombia no es tan frecuente como en otros países. Tipos de cirrosis: 84 pacientes con cirrosis alcohólica, 3 con hepatitis crónica y 4 con cirrosis biliar primaria.

Se clasifican de acuerdo con la Escala de Child-Turcotte: 22 clase A, 53 clase B y 16 clase C. Los resultados indican: 4 pacientes se consideran curados (4.39%),71 (78.02%) se han estabilizado y 16 (7.58%) han muerto.

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Aunque la patogenia de la encefalopatía hepática sigue estando controvertida, probablemente se deba a la incapacidad del hígado enfermo para la metabolización de las neurotoxinas que se acumulan en el cerebro y que afectan a los neurotransmisores 16. Estos cambios se atribuyen al efecto tóxico del amoniaco sobre el tejido cerebral. El amonio es usualmente metabolizado por el hígado en urea a través del ciclo ornitina-citrulina-arginina, se excreta por la orina y en condiciones normales sus niveles plasmáticos son reducidos. En la cirrosis, sin embargo, dichos niveles están elevados ya que accede a la sangre como resultado de la alteración de la función hepática y/o del shunt porto-sistémico y de la inhibición del ciclo de la urea en el hígado. Una vez en el tejido cerebral, la metabolización del amonio por los astrocitos provoca alteraciones de la neurotransmisión que secundariamente afectan a la conciencia 20, 21. El amoniaco interfiere el metabolismo energético cerebral por estimulación de la glucolisis e inhibición del ciclo del ácido tricarboxílico, lo que favorece la formación de glutamato. La evidencia actual confirma que el amonio es factor clave en la patogénesis de la EH 21, 22, estando su nivel mas elevado en la vena porta. El amonio deriva de la actividad de la ureasa de las bacterias colónicas y de la desaminación de la glutamina en intestino delgado, siendo el sustrato clave para la síntesis de urea y glutamina en el hígado. En la enfermedad hepática aguda, el aumento de los niveles plasmáticos de amonio no se correlaciona directamente con el estado mental. En los pacientes con EH, está aumentada la permeabilidad de la barrera hemato-encefálica para el amonio y los niveles cerebrales si que pueden correlacionarse con los niveles plasmáticos 23. Por eso, como la restricción proteica desciende los niveles de amonio plasmático, se ha usado para el tratamiento de la encefalopatía, aunque como veremos posteriormente, la restricción proteica permanente no está indicada en la mayoría de los casos.

Se ha postulado también que, además del amonio, compuestos naturales similares a las benzodiacepinas son ingeridos con la dieta y afectan al cerebro de los pacientes cirróticos, debido a un aumento en los receptores de benzodiacepinas 22. También se han propuesto otras sustancias tóxicas, como los productos del metabolismo colónico bacteriano (ácidos grasos de cadena corta y mercaptanos), así como los fenoles derivados de los aminoácidos aromáticos, que inhibirían la respiración mitocondrial. A este respecto, en los años 70 se desarrolló la hipótesis de los falsos neurotransmisores, que propone que el disbalance de los aminoácidos plasmáticos en el paciente cirrótico causa un aumento de los neurotransmisores anormales cerebrales que conduce a la disfunción neurológica. Este disbalance incluye niveles plasmáticos disminuidos de AARR y elevados de AAA, postulándose que ese descenso de los niveles de AARR facilita el transporte de AAA a través de la barrera hematoencefálica. Basado en esta hipótesis, se desarrollaron fórmulas comerciales enriquecidas con AARR. Sin embargo, no se ha publicado ninguna prueba concluyente de la validez de esta hipótesis. Es probable que sea la acción combinada de varios factores la responsable de los cambios fisiopatológicos de la EH y que, en conjunto, provocan un predominio de los sistemas inhibitorios que origina la depresión generalizada del sistema nervioso central.

Diagnóstico y manejo general La existencia de enfermedad hepática aguda o crónica, de algún factor precipitante y/o de historia previa de EH, son elementos clínicos necesarios para el diagnóstico. Sin embargo, debe realizarse un diagnóstico diferencial con otros desórdenes metabólicos, infecciones, patología vascular intracraneal y/o lesión ocupante de espacio intracerebral, ya que todos ellos pueden presentar similar sintomatología neuropsiquiátrica. La detección de asterixis o fetor hepático son útiles pero no específicos, aunque la ausencia de signos clínicos no excluyen el diagnóstico de EH 20.

Los niveles plasmáticos de amonio pueden ser útiles en la evaluación inicial cuando existe duda respecto de la etiología de la disminución de conciencia, pero no debe reemplazar el seguimiento clínico ya que no existe una clara relación entre los niveles de amonio y el riesgo de edema cerebral 24. El EEG no es específico para EH y su interpretación es variable. El manejo general de la EH, con independencia del soporte nutricional, incluye 20, 25:

1) Cuidados de soporte y fluidoterapia. 2) Identificación y tratamiento de los factores precipitantes.

a. Hemorragia gastrointestinal.
b. Infecciones.
c. Enfermedad renal y alteraciones electrolíticas.
d. Utilización de fármacos psicoactivos.
e. Estreñimiento pertinaz.
f. Excesiva ingesta proteica.
g. Deterioro agudo de la enfermedad de base (cirrosis). 3) Reducción de la carga de nitrógeno desde el intestino.

4) Evaluación de las necesidades para mantener una terapia a largo plazo. a. Control de los potenciales factores precipitantes.
b. Elevada probabilidad de encefalopatía recurrente.
c. Necesidad de trasplante hepático.

Subtipos clínicos y clasificación La principal forma de presentación en la cirrosis es el desarrollo de un estado confusional agudo que puede desembocar en coma (encefalopatía aguda). Frecuentemente se asocia con un factor precipitante, aunque la llamada encefalopatía recurrente puede acontecer sinéste e incluso el déficit neurológico puede no ser completamente reversible (encefalopatía persistente). En ocasiones, los cambios son tan mínimos que pueden pasar inadvertidos (encefalopatía subclínica) 20.

Se utilizan mayoritariamente dos clasificaciones para los pacientes con EH: 1) Criterios de West Haven 25:

- Estadio 0: Ausencia de cambios detectables en la personalidad o en la conducta. Asterixis ausente. - Estadio 1: Discretas ausencias. Disminución de la atención. Hipersomnia, insomnio o inversión del ritmo vigilia-sueño. Euforia o depresión. Puede haber asterixis.

- Estadio 2: Letargia o apatía. Desorientación. Conducta inapropiada. Lenguaje incoherente. Clara asterixis. - Estadio 3: Gran desorientación. Comportamiento extraño. Estupor. Asterixis generalmente ausente.

2) Evaluación con la Escala de Glasgow 25: aunque dicha escala no se ha evaluado de forma rigurosa para pacientes con EH, su utilización generalizada no solo en procesos estructurales cerebrales sino también en alteraciones metabólicas, justifica su utilización en EH aguda y crónica. Tratamiento nutricional en la cirrosis compensada

Se define como aquella que no presenta ascitis o encefalopatía. La primera evidencia de que la nutrición adecuada podía mejorar los resultados en pacientes con cirrosis se dio ya a mediados del siglo XX. Son pacientes que tienen un elevado riesgo de presentar desnutrición por lo que es fundamental utilizar técnicas de cribado para identificar a aquellos que se encuentran bajo riesgo nutricional importante. Un resumen del tratamiento nutricional en las diferentes fases de la cirrosis se expone en la tabla II. El cirrótico compensado puede tener un aceptable estado nutricional, usualmente con niveles séricos de albúmina mayores de 3,5 g/dl y bilirrubina total menor de 1,5 mg/dl, así como suficiente apetito, por lo que con frecuencia puede recibir una dieta prácticamente normal, aunque hay que ser prudentes en la administración de sodio, hasta 2,5 g/día, para minimizar en lo posible la formación de ascitis o edemas.

El tratamiento nutricional reporta beneficios en los estadios avanzados de la enfermedad. Los beneficios a corto plazo están en relación con la mejoría del balance nitrogenado, el descenso en la estancia hospitalaria, y la mejoría de la función hepática 26, 27. También se ha encontrado beneficios a largo plazo como disminución de la incidencia y severidad de la encefalopatía y mejoría del balance nitrogenado. La suplementación oral con dietas líquidas es a menudo difícil debido a la anorexia y otros síntomas gastrointestinales, aunque la nutrición oral suplementaria ha demostrado ser beneficiosa en pacientes seleccionados. Además, se ha visto en pacientes con cirrosis que la suplementación con nutrición enteral (NE) puede mejorar el aporte proteico, descender la frecuencia de hospitalización, mejorar el estado nutricional y la función inmune y, cuando el paciente precisa hospitalización, en aquellos que no pueden cubrir sus necesidades nutricionales en las primeras 48 h, la administración de NE ha demostrado mejoría en la estancia y en la severidad de la enfermedad 26. La NE a largo plazo no se ha estudiado con detalle en la cirrosis avanzada principalmente porque la colocación de gastrostomías está normalmente contraindicada en pacientes con ascitis. En pacientes con ingesta oral espontánea, sin nutrición artificial, se ha constatado una estrecha correlación entre gravedad del proceso, ingesta calórica y mortalidad a los seis meses 28. Con ingestas 3.000 kcal/d próxima a cero. Se consideraba que la ingesta era realmente un marcador de la gravedad de la enfermedad más que un reflejo de la mortalidad. Sin embargo, otros estudios 29 contradicen la idea de que la ingesta voluntaria es solo un marcador de la severidad de la enfermedad y, con administración de nutrición enteral, obtienen mejores resultados en cuanto a parámetros nutricionales y mortalidad.

Hay consenso en que la restricción proteica no está indicada en la cirrosis compensada. Se recomienda una dieta conteniendo alrededor de 30 kcal/kg/d y 1,2 g de proteínas/kg/d. El paciente desnutrido, suele tolerar bien dietas incluso con 1,2-1,5 g/kg/d de proteínas sin presentar repercusión del tipo de encefalopatía y con mejora del balance nitrogenado. Se puede iniciar con 0,7 g/kg/d, con aumentos progresivos. Solo si coexiste un importante shunt porto-sistémico debe procederse con más cautela. Para pacientes con cirrosis moderada o compensada, una dieta bien balanceada será suficiente. En general, estos pacientes deben ingerir una dieta que proporcione cantidades suficientes de calorías, proteínas, vitaminas y minerales, aunque con estricto control. Deben ofrecerse alimentos frecuentes y en poca cantidad, para solventar los frecuentes problemas de náuseas y sensación de plenitud. Hay que tener en cuenta que la depleción de glicógeno hace recomendable la ingesta de entre 5-7 veces/día, con el menor descanso nocturno posible, para minimizar el catabolismo muscular nocturno 30. Los pacientes con cirrosis avanzadas deben recibir los alimentos convenientemente cocinados, dada la frecuencia de complicaciones infecciosas gastrointestinales que aumentan considerablemente la mortalidad 31. Para los pacientes que desarrollan esteatorrea, debe limitarse la administración de LCT y aumentar la cantidad de SCT o MCT.

Si no se mantiene el peso corporal, pueden asociarse suplementos líquidos entre horas que completen la ingesta. Si a pesar de todo, sigue sin cubrirse las necesidades mínimas, se deberá administrar una NE, lo más precozmente posible, sin dejar que avance el estado de malnutrición. Inicialmente nocturna complementada con aportes dietéticos diurnos y, en último caso, completa. Podría darse en yeyuno si los vómitos y náuseas impiden una adecuada ingesta gástrica y, en casos excepcionales, nutrición parenteral. Tratamiento nutricional en la cirrosis descompensada

Se define como aquella que presenta ascitis o encefalopatía. La albúmina plasmática usualmente es inferior a 3 g/dl y la bilirrubina total superior a 2-2,5 mg/dl. Los pacientes con encefalopatía pueden manifestar cambios del comportamiento, inversión de los patrones del sueño, incorrecta articulación de las palabras, desorientación o coma. Los episodios agudos de encefalopatía pueden presentarse intermitentemente en pacientes con cirrosis avanzada como resultado de infección, hemorragia gastrointestinal, deshidratación, alteraciones electrolíticas, sedantes, incumplimiento del tratamiento con lactulosa o estreñimiento severo. No es común que ocurra solo por ingesta de proteínas en cantidades superiores a las recomendadas por lo que debe buscarse otra causa. Sin embargo, cuando la causa de la encefalopatía no está clara, debe sospecharse transgresión dietética e incumplimiento terapéutico. Hay que tener en cuenta que además de la ingesta proteica, otra fuente de amonio es el gasto proteico en diferentes órganos. En la encefalopatía aguda debe corregirse agresivamente el posible factor precipitante. Durante los episodios agudos, puede necesitarse una restricción proteica temporal que usualmente no supera las 48 h y que debe minimizarse lo más posible. Debe administrarse el GEB x 1,2-1,3, con 1-1,3 g/kg/d de proteínas (pasadas las primeras 48 h), 30-40% de energía no proteica en forma de grasa y 60-70% de carbohidratos complejos 30, 32. Se ha constatado que incluso en pacientes con EH se obtienen mejores resultados sin una restricción proteica severa. También se ha comprobado que la NE para muy corto plazo (3 días) no ha demostrado beneficiar al paciente cirrótico hospitalizado con encefalopatía.

Cuando el estado mental del paciente se normaliza y la causa de la encefalopatía ha sido identificada y tratada, debe restaurarse el tratamiento dietético con aporte suficiente de proteínas (1,2-1,5 g/kg/d). En contraste, en pacientes con encefalopatía crónica (básicamente en cirrosis terminal), el estado mental basal está frecuentemente alterado y debe mantenerse una cierta restricción proteica. Es evidente que la desnutrición agrava el pronóstico y que las dietas con restricción proteica utilizadas de forma indiscriminada contribuyen a extender la desnutrición entre pacientes de riesgo, que probablemente no la desarrollarían si tuvieran ingestas adecuadas, por lo que es necesario discriminar adecuadamente las indicaciones de dicha restricción. Como norma general, solo debe establecerse en los pacientes con EH aguda hasta su resolución, lo más pronto posible, o en la EH crónica recidivante 33.

Así pues, una de las cuestiones más importantes en la práctica clínica, y objeto de controversia, es la cantidad y calidad de las proteínas requeridas en los pacientes con enfermedad hepática avanzada. Se sabe ahora que los requerimientos proteicos en los pacientes cirróticos son de 1-1,5 g/kg/d. Esta cantidad de proteínas es bien tolerada por muchos pacientes y solo aquellos con encefalopatía crónica intratable podrían necesitar una restricción proteica hasta 0,8 g/kg/d. A este respecto, se ha constatado recientemente 34 que el aporte de 1,2 g de proteínas/kg/d es seguro en pacientes con cirrosis y episodios de encefalopatía episódica y que la restricción proteica, incluso transitoria, no confiere ningún beneficio. Las fórmulas enriquecidas con AARR se han estudiado en pacientes cirróticos con encefalopatía y siguen siendo objeto de controversia. En trabajos clínicos randomizados han probado ser mejores que el placebo y similares a la lactulosa o la neomicina en el tratamiento de la encefalopatía, pero no está claro su beneficio frente a soluciones proteicas estándar 35. Sin embargo, estudios recientes 36,37 resaltan que su suplementación oral a largo plazo enlentece la progresión de la enfermedad hepática y prolongan la supervivencia y la calidad de vida. Los estudios que han preconizado el uso intravenoso de AARR en la EH son pocos, con muestras pequeñas y heterogéneas de pacientes y en diferentes estadios de EH. A pesar de ello, sugieren que su uso podría ser eficaz para tratar la EH aguda persistente y para prevenir los episodios recidivantes en pacientes con hepatopatía crónica avanzada 19. Un meta-análisis de estudios que comparan aminoácidos estándar frente a AARR en el tratamiento de la encefalopatía hepática, no muestran diferencia en su eficacia 38. Las guías de práctica clínica para enfermedades hepáticas de la ASPEN 33, restringen el uso de esas fórmulas a pacientes con encefalopatía refractaria que no responden al tratamiento médico habitual. En este escenario particular, puede alcanzarse un balance positivo de nitrógeno, a pesar de la restricción proteica, con el uso de estas fórmulas. Por todo ello, no se pueden obtener conclusiones definitivas de estos estudios, pero sin embargo en ninguno de ellos se ha demostrado o sugerido que su utilización sea perjudicial para la evolución de la EH, por lo que su administración puede estar indicada en aquellos pacientes cirróticos desnutridos y/o con grados avanzados de la enfermedad y/o con encefalopatía recurrente y/o con intolerancia proteica.

Los pacientes no críticos con encefalopatía crónica o recurrente pueden necesitar períodos prolongados de cierta restricción proteica dietética y recibir alrededor de 0,8-1 g de proteínas/kg/d. Paradójicamente, sin embargo, la restricción del aporte nitrogenado puede contribuir a la malnutrición y agravar el pronóstico 10. Por otra parte, un balance positivo de nitrógeno puede tener efectos positivos en la encefalopatía favoreciendo la regeneración hepática y aumentando la capacidad del músculo para la eliminación del amonio. Por ello, el tratamiento nutricional incluye efectos intrínsecos de los propios componentes dietéticos así como efectos a largo plazo en los órganos cuya disfunción contribuye a la patogénesis de EH. En este sentido, como hemos visto, las formulaciones orales de AARR pueden proporcionar una fuente proteica mejor tolerada en pacientes con EH crónica e intolerancia proteica a la dieta. El hipercatabolismo de la cirrosis sugiere una recomendación de 1-1,5 g de proteínas/kg/día 30, pero la administración de dosis adecuadas de nitrógeno es con frecuencia difícil, por la propia enfermedad y por la posible existencia de un cierto grado de encefalopatía crónica. Teniendo en cuenta que la tolerancia proteica depende también de su origen, siendo alta en la láctea, mediana en la vegetal y más pobre en la cárnica, se ha recomendado el abordaje de otros medios de manipulación dietética, como la suplementación con fibra o dietas con aporte proteico de origen vegetal, que aportan alto contenido en fibra y menos AAA, o bien con proteínas lácteas y/o la administración de una elevada relación calorías/nitrógeno 39. La fibra soluble es fermentada por el mismo mecanismo que la lactulosa y el alto contenido en fibra de la dieta vegetal mejora la función del colon, disminuye el tiempo de tránsito, aumenta el pH luminar y la excreción de amonio, aumentando así mismo las concentraciones plasmáticas de arginina y citrulina.

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1. La ansiedad y el estrés afectan mucho al hígado. Mantener un estado de tranquilidad (dado que la agresividad, tanto exteriorizada (cólera) ó interiorizada (ira) lo dañan, obligándole a alterar sus funciones. 2. La alimentación puede ser fundamental cuando el hígado no trabaja bien. Los excesos en la dieta lo dañan, obligándole a una sobrecarga de trabajo que puede alterar su ritmo y eficacia. Para favorecer su funcionamiento hay que habituarse a una dieta saludable donde predominen las frutas y verduras frescas.

3. El consumo de chocolate con un hígado que tiene dificultades de trabajo, puede ser el detonante (suele serlo) de múltiples afecciones, ya que le conduce a un estado de sobreactividad que daña su armonía. 4. El consumo de azúcar debe ser controlado, porque sobrecarga el trabajo hepático, conduciéndole a un estado de lentitud que le impide cumplir bien sus funciones.

5. Hacer ejercicio es primordial para el hígado, pues le ayuda en su trabajo”desestresándole” y permitiendo que el organismo suelte la tensión acumulada. (El ejercicio debe ser moderado y adaptado a la persona, por lo que hay que huir de los esfuerzos violentos o continuados que le dañan. En una palabra, huir del sedentarismo pero también de la “droga del ejercicio” (de esto ultimo por desgracia, hay un exceso que no es bien entendido por las personas). 6. El mejor auxiliar del hígado es la respiración profunda, que le proporciona un masaje interno que le ayuda sobremanera, al hacerle soltar las toxinas acumuladas y recibir sangre limpia. (Aprender a respirar es la base de salud).

7. Consumir con moderación toda clase de bebida alcohólica, si existiese algún tipo de patología hepática evitar por completo. 8. Mantener un peso correcto evitando el sobrepeso y la obesidad. ponerse en manos de un nutricionista ayudara a conseguir dicho objetivo.

9. Atención al consumo excesivo de medicación que puede originar toxicidad hepática. 10. Existen una serie de plantas muy recomendables para la salud del higado, entre estas destaco el diente de león, cardo mariano, alcachofa, manzanilla, rábano negro, boldo.

Para finalizar, debemos tener en cuenta algunos pueden hacernos sospechar que hay una mala función hepática; como mareos y sensación de asco, digestiones pesadas y estreñimiento latente (se expulsan los de desechos de 3 ó 4 días antes), sinusitis, rinitis, alteraciones visuales, cólico por piedras, cansancio por la mañana, heces blanquecinas o flotantes, dolor de espalda entre la 4ª y 5ª dorsal y sus reflejos a la altura de la 8º y 9º dorsales, molestias del redondo mayor, sensación de inestabilidad, vértigo o mareos, periartritis de hombro derecho, cefaleas tensionales, etc. Las plaquetas, conocidas también como trombocitos, son células que viven en el torrente sanguíneo y ayudan a la coagulación correcta de la sangre. Reaccionan rápidamente cuando el cuerpo recibe algún daño, ayudan a detener la hemorragia. El trabajo de esta célula es de suma importancia, es por ello que la alteración de las mismas puede desencadenar varias enfermedades, problemas de coagulación y sanguíneos.

Una persona adulta debe tener entre 150,000 y 450,000 plaquetas por mililitro cúbico. Cuando los niveles son altos o bajos, se percibe una alteración sanguínea y cambios en el sistema inmune, por lo tanto, es necesario acudir al médico de cabecera, para poder conocer el motivo de esa situación. Existen ciertas enfermedades o hábitos que hacen que el número de trombocitos en la sangre, sea mucho más bajo del recomendado. Estas son algunas causas del por qué pueden disminuir.

  • Médula ósea: Algunas veces, las células no se reproducen, porque la médula ósea no hace el trabajo que debería hacer.
  • Infecciones virales.
  • Insuficiente vitamina B12 en la sangre.
  • Enfermedades virales: Dengue, chikungunya o el virus del zika.
  • Problemas de cirrosis o hepáticos.

También pueden disminuir sus valores si se sufren enfermedades como anemia, trombocitopenia, o si se reciben quimioterapias por algún tipo de cáncer. Su reducción pueden dañar de manera drástica el funcionamiento sanguíneo, por ende, se pierden defensas y puede desencadenar enfermedades mortales.

Síntomas de valores bajos: fátiga extrema, erupciones en la piel, hematomas, sangrado nasal y en las encías. La anemia es un enfermedad con la que batallan muchas persona, esto se da comúnmente por una alimentación inadecuada, en la que no comemos los nutrientes y proteínas que el cuerpo necesita. No es una situación común, pero esto sucede normalmente por algún tipo de inflamación corporal, algunas veces esta puede ser una señal de cáncer.

Aquí algunos otros motivos por los que los niveles pueden aumentar: Anemia hemolítica, enfermedades en el bazo o tuberculosis.

A continuación, la información importante sobre valores, enfermedades; trombocitopenia, plaquetas altas y bajas.

Problemas con exceso de grasa Las grasas naturales son importantes para el desempeño correcto del sistema inmunológico, pero una exaltación de grasas o consumo excesivo de las mismas, podría desestabilizar los valores de algunas células que trabajan en el sistema sanguíneo.

Una de las células dañadas por el exceso de grasas, son los trigliceridos, ellos se encargan de almacenar calorías para luego convertirlas en energía y ayudan a que el metabolismo realice bien su trabajo. Otra enzima que trabaja con el metabolismo, es el acido urico. Este protege al cuerpo de lo que no necesita, recauda todo lo que el cuerpo produce y expulsa a través de la orina, todo aquello que no nos sirve. De esta manera, las articulaciones no se ven afectadas. La ferritina, es otra proteína, que si no se cuida la cantidad de grasas que se consumen, pueden aumentar sus niveles. Su trabajo es recaudar el hierro necesario para el funcionamiento completo del sistema inmune y sanguíneo, por eso debemos cuidar lo que comemos y así no aumentar los niveles de las diferentes células y enzimas del organismo.

Enzimas de los músculos Una de la células que se almacenan en los músculos y corazón, son las transaminasas. Estas las podemos cuidar a través del consumo leve de grasas y un consumo moderado de alcohol, pues si los niveles aumenten podríamos desarrollar problemas hepáticos o del hígado.

La creatinina es una sustancia que se forma a través de los músculos, su proceso metabólico ayuda al funcionamiento de los riñones, si los valores no están en los números considerados correctos, podríamos tener problemas en riñones o problemas musculares. Para luchar contra bacterias y alergias, tenemos a los eosinofilos o leucocitos, están en el grupo de glóbulos blancos, ayudan a atacar problemas respiratorios como el asma.

Quizá te interese:

  • Los monocitos se encargan de eliminar microorganismos dañinos para la sangre.
  • Los hematíes o glóbulos rojos, se encargan de llevar el oxígeno necesario al torrente sanguíneo.
  • La hemoglobina lleva desde los pulmones, el oxígeno a todos los órganos del cuerpo.
  • Los leucocitos ayudan al sistema inmune a obtener defensas.

El acné (acné vulgaris) es una infección de la piel bacteriana que ocurre principalmente en el rostro, así como en la espalda, pecho, hombros, cuello y nalgas. Es causada por cambios en las glándulas sebáceas de la piel, produciendo grasa en demasía, la que obstruye los poros, generando lesiones en la piel que se conocen como granos (puntos blancos), barritos (puntos blancos), espinillas (puntos negros) etc. Es muy frecuente en los adolescentes de ambos sexos, entre 12 y 25 años, persistiendo hasta los 40 años en algunos casos.

El acné afecta al 70% de la población juvenil. El acné es generado en principio por problemas depresivos, que generan problemas orgánicos, digestivos, hepáticos, intestinales y hormonales; estos problemas orgánicos producen acné. Eliminar la depresión y los problemas orgánicos es eliminar el acné. El acné encuentra un aliado muy fuerte en problemas depresivos, ya sea del paciente o en la familia, por cargar muchas preocupaciones en la mente, por tener un estado anímico bajo, que disminuye las defensas del organismo, por estar incluido en familias complicadas no bien constituidas. Todos estos problemas depresivos mencionados generan problemas orgánicos, cambios hormonales, problemas digestivo hepáticos y problemas intestinales, que a la larga generan acné en el rostro, cuello, espalda del paciente. La mejor manera de eliminar todos esos problemas orgánicos y el acné es por supuesto manteniendo una alimentación saludable y un ambiente sin estrés.

  • Los cambios hormonales generan acné: Los cambios hormonales en la pubertad generan acné. En las mujeres, el exceso de progesterona en días previos al período menstrual, se suele generar más acné y mayor acumulación de grasa en la parte afectada. Esto ocurre en la segunda mitad del ciclo menstrual, o sea, dentro de las dos semanas anteriores a la menstruación. Es la actividad hormonal durante los ciclos menstruales. En los hombres es el exceso de la hormona masculina llamada Testosterona. En resumen: Es el incremento de secreción de hormonas sexuales lo que aumenta la producción de sebo cutáneo.
    Principalmente en mujeres los cambios hormonales también se reflejan en las mujeres después de la pubertad, entre los 1os 18 y 30 años aproximadamente, que por desequilibrios hormonales provoca en las mujeres problemas menstruales (cólicos menstruales, dismenorrea, quistes del ovario, salpingitis, etc.). Las mujeres que tienen trastornos hormonales sufren de acné días antes de cada menstruación; esta es la forma de reconocer si el acné es de origen hormonal, pero solamente en las mujeres con periodos menstruales y antes de los 30 años. Una forma de tratar este problema es usar un tratamiento natural debe ser responsable y muy disciplinado, ya que por estos cambios hormonales durante el embarazo también suelen aparecer, es por eso que se recomienda una alimentación saludable.
    El acné desarrollado por problemas hormonales en los púberes se localiza en la barbilla, parte superior del labio y mentón, como comedones (puntos blancos y espinillas) y microquistes del tamaño de un alfiler y tiende a tener un color rosado.
  • Los problemas hepáticos generan acné: Este tipo de acné se manifiesta acompañado de manchas, es por tener un hígado graso o por un mal funcionamiento del hígado y de la vesícula biliar, se da tanto en mujeres como en hombres. El tratamiento de acné por causas hepáticas tiene que estar complementados estrictamente con una buena alimentación, para brindar salud y fortalecimiento al hígado.
  • Los problemas intestinales generan acné: Las personas que tienen problemas de estreñimiento, colon irritable o colon perezoso, generan en su cuerpo problemas intestinales y por ende acumulación de materia fecal en la zona del intestino. La única manera de eliminar los problemas intestinales es eliminar los desechos fecales acumulados en el intestino. También puede acudir a tu médico naturista o medico de confianza y pedir un método de limpieza de colon y eso te ayudara muchísimo a desaparecer los problemas intestinales y por ende tu acné. Este tipo de acné se localiza generalmente en el cuello y en mentón como forúnculos. Brotes de acné en mentón y cuelo.
  • Acné medicamentoso: Brotes de granos en cualquier parte de cuerpo, la ingesta de antibióticos, litio, hidantoína, corticoides tópicos y sistémicos, pastillas anticonceptivas, etc. podrían genera este tipo de acné.
  • Renal: Cuando los riñones están afectados se presenta un tipo de acné llamado acné renal esto se manifiesta como pústulas o comedones milimetricos notorios principalmente en la barbilla y debajo del labio inferior.
  • Emocional: Cambios de humor, estrés, depresión se presenta en cualquier parte, pero principalmente en el rostro.

Las glándulas sebáceas producen aceite (sebo) que normalmente llega a través de los folículos pilosos a la superficie de la piel. Sin embargo, las células de la piel pueden taponar los folículos y bloquear el aceite que llega desde las glándulas sebáceas. Cuando los folículos se taponean, las bacterias de la piel (llamadas acné propionibacterium o acné P.), comienzan a multiplicarse dentro de los folículos y provocan inflamación.

El acné se desarrolla de la siguiente manera:

  • El bloqueo incompleto del folículo piloso origina puntos negros (un tapón negro, semisólido).
  • El bloqueo completo del folículo piloso origina puntos blancos (un tapón blanco, semisólido).
  • La infección y la irritación hace que se formen los puntos blancos. Finalmente, el folículo taponeado explota y derrama aceite, células epiteliales y bacterias sobre la superficie de la piel como consecuencia, la piel se irrita y empiezan a desarrollarse espinillas o lesiones. La lesión básica producida por el acné se denomina comedón.
  • El acné puede ser superficial (espinillas, son abscesos) o profundo (cuando las espinillas inflamadas hacen presión hacia dentro de la piel, lo cual provoca la formación de quistes con pus que, al romperse, causan la aparición de abscesos más grandes.)
  • Acné comedoniano
  • acné pápulo – pustulento
  • acné nodular o foruncular
  • acné nodular (foruncular) quístico
  • acné conglobata.
  • Acné rosáceo

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Aunque la patogenia de la encefalopatía hepática sigue estando controvertida, probablemente se deba a la incapacidad del hígado enfermo para la metabolización de las neurotoxinas que se acumulan en el cerebro y que afectan a los neurotransmisores 16. Estos cambios se atribuyen al efecto tóxico del amoniaco sobre el tejido cerebral. El amonio es usualmente metabolizado por el hígado en urea a través del ciclo ornitina-citrulina-arginina, se excreta por la orina y en condiciones normales sus niveles plasmáticos son reducidos. En la cirrosis, sin embargo, dichos niveles están elevados ya que accede a la sangre como resultado de la alteración de la función hepática y/o del shunt porto-sistémico y de la inhibición del ciclo de la urea en el hígado. Una vez en el tejido cerebral, la metabolización del amonio por los astrocitos provoca alteraciones de la neurotransmisión que secundariamente afectan a la conciencia 20, 21. El amoniaco interfiere el metabolismo energético cerebral por estimulación de la glucolisis e inhibición del ciclo del ácido tricarboxílico, lo que favorece la formación de glutamato. La evidencia actual confirma que el amonio es factor clave en la patogénesis de la EH 21, 22, estando su nivel mas elevado en la vena porta. El amonio deriva de la actividad de la ureasa de las bacterias colónicas y de la desaminación de la glutamina en intestino delgado, siendo el sustrato clave para la síntesis de urea y glutamina en el hígado. En la enfermedad hepática aguda, el aumento de los niveles plasmáticos de amonio no se correlaciona directamente con el estado mental. En los pacientes con EH, está aumentada la permeabilidad de la barrera hemato-encefálica para el amonio y los niveles cerebrales si que pueden correlacionarse con los niveles plasmáticos 23. Por eso, como la restricción proteica desciende los niveles de amonio plasmático, se ha usado para el tratamiento de la encefalopatía, aunque como veremos posteriormente, la restricción proteica permanente no está indicada en la mayoría de los casos.

Se ha postulado también que, además del amonio, compuestos naturales similares a las benzodiacepinas son ingeridos con la dieta y afectan al cerebro de los pacientes cirróticos, debido a un aumento en los receptores de benzodiacepinas 22. También se han propuesto otras sustancias tóxicas, como los productos del metabolismo colónico bacteriano (ácidos grasos de cadena corta y mercaptanos), así como los fenoles derivados de los aminoácidos aromáticos, que inhibirían la respiración mitocondrial. A este respecto, en los años 70 se desarrolló la hipótesis de los falsos neurotransmisores, que propone que el disbalance de los aminoácidos plasmáticos en el paciente cirrótico causa un aumento de los neurotransmisores anormales cerebrales que conduce a la disfunción neurológica. Este disbalance incluye niveles plasmáticos disminuidos de AARR y elevados de AAA, postulándose que ese descenso de los niveles de AARR facilita el transporte de AAA a través de la barrera hematoencefálica. Basado en esta hipótesis, se desarrollaron fórmulas comerciales enriquecidas con AARR. Sin embargo, no se ha publicado ninguna prueba concluyente de la validez de esta hipótesis. Es probable que sea la acción combinada de varios factores la responsable de los cambios fisiopatológicos de la EH y que, en conjunto, provocan un predominio de los sistemas inhibitorios que origina la depresión generalizada del sistema nervioso central.

Diagnóstico y manejo general La existencia de enfermedad hepática aguda o crónica, de algún factor precipitante y/o de historia previa de EH, son elementos clínicos necesarios para el diagnóstico. Sin embargo, debe realizarse un diagnóstico diferencial con otros desórdenes metabólicos, infecciones, patología vascular intracraneal y/o lesión ocupante de espacio intracerebral, ya que todos ellos pueden presentar similar sintomatología neuropsiquiátrica. La detección de asterixis o fetor hepático son útiles pero no específicos, aunque la ausencia de signos clínicos no excluyen el diagnóstico de EH 20.

Los niveles plasmáticos de amonio pueden ser útiles en la evaluación inicial cuando existe duda respecto de la etiología de la disminución de conciencia, pero no debe reemplazar el seguimiento clínico ya que no existe una clara relación entre los niveles de amonio y el riesgo de edema cerebral 24. El EEG no es específico para EH y su interpretación es variable. El manejo general de la EH, con independencia del soporte nutricional, incluye 20, 25:

1) Cuidados de soporte y fluidoterapia. 2) Identificación y tratamiento de los factores precipitantes.

a. Hemorragia gastrointestinal.
b. Infecciones.
c. Enfermedad renal y alteraciones electrolíticas.
d. Utilización de fármacos psicoactivos.
e. Estreñimiento pertinaz.
f. Excesiva ingesta proteica.
g. Deterioro agudo de la enfermedad de base (cirrosis). 3) Reducción de la carga de nitrógeno desde el intestino.

4) Evaluación de las necesidades para mantener una terapia a largo plazo. a. Control de los potenciales factores precipitantes.
b. Elevada probabilidad de encefalopatía recurrente.
c. Necesidad de trasplante hepático.

Subtipos clínicos y clasificación La principal forma de presentación en la cirrosis es el desarrollo de un estado confusional agudo que puede desembocar en coma (encefalopatía aguda). Frecuentemente se asocia con un factor precipitante, aunque la llamada encefalopatía recurrente puede acontecer sinéste e incluso el déficit neurológico puede no ser completamente reversible (encefalopatía persistente). En ocasiones, los cambios son tan mínimos que pueden pasar inadvertidos (encefalopatía subclínica) 20.

Se utilizan mayoritariamente dos clasificaciones para los pacientes con EH: 1) Criterios de West Haven 25:

- Estadio 0: Ausencia de cambios detectables en la personalidad o en la conducta. Asterixis ausente. - Estadio 1: Discretas ausencias. Disminución de la atención. Hipersomnia, insomnio o inversión del ritmo vigilia-sueño. Euforia o depresión. Puede haber asterixis.

- Estadio 2: Letargia o apatía. Desorientación. Conducta inapropiada. Lenguaje incoherente. Clara asterixis. - Estadio 3: Gran desorientación. Comportamiento extraño. Estupor. Asterixis generalmente ausente.

2) Evaluación con la Escala de Glasgow 25: aunque dicha escala no se ha evaluado de forma rigurosa para pacientes con EH, su utilización generalizada no solo en procesos estructurales cerebrales sino también en alteraciones metabólicas, justifica su utilización en EH aguda y crónica. Tratamiento nutricional en la cirrosis compensada

Se define como aquella que no presenta ascitis o encefalopatía. La primera evidencia de que la nutrición adecuada podía mejorar los resultados en pacientes con cirrosis se dio ya a mediados del siglo XX. Son pacientes que tienen un elevado riesgo de presentar desnutrición por lo que es fundamental utilizar técnicas de cribado para identificar a aquellos que se encuentran bajo riesgo nutricional importante. Un resumen del tratamiento nutricional en las diferentes fases de la cirrosis se expone en la tabla II. El cirrótico compensado puede tener un aceptable estado nutricional, usualmente con niveles séricos de albúmina mayores de 3,5 g/dl y bilirrubina total menor de 1,5 mg/dl, así como suficiente apetito, por lo que con frecuencia puede recibir una dieta prácticamente normal, aunque hay que ser prudentes en la administración de sodio, hasta 2,5 g/día, para minimizar en lo posible la formación de ascitis o edemas.

El tratamiento nutricional reporta beneficios en los estadios avanzados de la enfermedad. Los beneficios a corto plazo están en relación con la mejoría del balance nitrogenado, el descenso en la estancia hospitalaria, y la mejoría de la función hepática 26, 27. También se ha encontrado beneficios a largo plazo como disminución de la incidencia y severidad de la encefalopatía y mejoría del balance nitrogenado. La suplementación oral con dietas líquidas es a menudo difícil debido a la anorexia y otros síntomas gastrointestinales, aunque la nutrición oral suplementaria ha demostrado ser beneficiosa en pacientes seleccionados. Además, se ha visto en pacientes con cirrosis que la suplementación con nutrición enteral (NE) puede mejorar el aporte proteico, descender la frecuencia de hospitalización, mejorar el estado nutricional y la función inmune y, cuando el paciente precisa hospitalización, en aquellos que no pueden cubrir sus necesidades nutricionales en las primeras 48 h, la administración de NE ha demostrado mejoría en la estancia y en la severidad de la enfermedad 26. La NE a largo plazo no se ha estudiado con detalle en la cirrosis avanzada principalmente porque la colocación de gastrostomías está normalmente contraindicada en pacientes con ascitis. En pacientes con ingesta oral espontánea, sin nutrición artificial, se ha constatado una estrecha correlación entre gravedad del proceso, ingesta calórica y mortalidad a los seis meses 28. Con ingestas 3.000 kcal/d próxima a cero. Se consideraba que la ingesta era realmente un marcador de la gravedad de la enfermedad más que un reflejo de la mortalidad. Sin embargo, otros estudios 29 contradicen la idea de que la ingesta voluntaria es solo un marcador de la severidad de la enfermedad y, con administración de nutrición enteral, obtienen mejores resultados en cuanto a parámetros nutricionales y mortalidad.

Hay consenso en que la restricción proteica no está indicada en la cirrosis compensada. Se recomienda una dieta conteniendo alrededor de 30 kcal/kg/d y 1,2 g de proteínas/kg/d. El paciente desnutrido, suele tolerar bien dietas incluso con 1,2-1,5 g/kg/d de proteínas sin presentar repercusión del tipo de encefalopatía y con mejora del balance nitrogenado. Se puede iniciar con 0,7 g/kg/d, con aumentos progresivos. Solo si coexiste un importante shunt porto-sistémico debe procederse con más cautela. Para pacientes con cirrosis moderada o compensada, una dieta bien balanceada será suficiente. En general, estos pacientes deben ingerir una dieta que proporcione cantidades suficientes de calorías, proteínas, vitaminas y minerales, aunque con estricto control. Deben ofrecerse alimentos frecuentes y en poca cantidad, para solventar los frecuentes problemas de náuseas y sensación de plenitud. Hay que tener en cuenta que la depleción de glicógeno hace recomendable la ingesta de entre 5-7 veces/día, con el menor descanso nocturno posible, para minimizar el catabolismo muscular nocturno 30. Los pacientes con cirrosis avanzadas deben recibir los alimentos convenientemente cocinados, dada la frecuencia de complicaciones infecciosas gastrointestinales que aumentan considerablemente la mortalidad 31. Para los pacientes que desarrollan esteatorrea, debe limitarse la administración de LCT y aumentar la cantidad de SCT o MCT.

Si no se mantiene el peso corporal, pueden asociarse suplementos líquidos entre horas que completen la ingesta. Si a pesar de todo, sigue sin cubrirse las necesidades mínimas, se deberá administrar una NE, lo más precozmente posible, sin dejar que avance el estado de malnutrición. Inicialmente nocturna complementada con aportes dietéticos diurnos y, en último caso, completa. Podría darse en yeyuno si los vómitos y náuseas impiden una adecuada ingesta gástrica y, en casos excepcionales, nutrición parenteral. Tratamiento nutricional en la cirrosis descompensada

Se define como aquella que presenta ascitis o encefalopatía. La albúmina plasmática usualmente es inferior a 3 g/dl y la bilirrubina total superior a 2-2,5 mg/dl. Los pacientes con encefalopatía pueden manifestar cambios del comportamiento, inversión de los patrones del sueño, incorrecta articulación de las palabras, desorientación o coma. Los episodios agudos de encefalopatía pueden presentarse intermitentemente en pacientes con cirrosis avanzada como resultado de infección, hemorragia gastrointestinal, deshidratación, alteraciones electrolíticas, sedantes, incumplimiento del tratamiento con lactulosa o estreñimiento severo. No es común que ocurra solo por ingesta de proteínas en cantidades superiores a las recomendadas por lo que debe buscarse otra causa. Sin embargo, cuando la causa de la encefalopatía no está clara, debe sospecharse transgresión dietética e incumplimiento terapéutico. Hay que tener en cuenta que además de la ingesta proteica, otra fuente de amonio es el gasto proteico en diferentes órganos. En la encefalopatía aguda debe corregirse agresivamente el posible factor precipitante. Durante los episodios agudos, puede necesitarse una restricción proteica temporal que usualmente no supera las 48 h y que debe minimizarse lo más posible. Debe administrarse el GEB x 1,2-1,3, con 1-1,3 g/kg/d de proteínas (pasadas las primeras 48 h), 30-40% de energía no proteica en forma de grasa y 60-70% de carbohidratos complejos 30, 32. Se ha constatado que incluso en pacientes con EH se obtienen mejores resultados sin una restricción proteica severa. También se ha comprobado que la NE para muy corto plazo (3 días) no ha demostrado beneficiar al paciente cirrótico hospitalizado con encefalopatía.

Cuando el estado mental del paciente se normaliza y la causa de la encefalopatía ha sido identificada y tratada, debe restaurarse el tratamiento dietético con aporte suficiente de proteínas (1,2-1,5 g/kg/d). En contraste, en pacientes con encefalopatía crónica (básicamente en cirrosis terminal), el estado mental basal está frecuentemente alterado y debe mantenerse una cierta restricción proteica. Es evidente que la desnutrición agrava el pronóstico y que las dietas con restricción proteica utilizadas de forma indiscriminada contribuyen a extender la desnutrición entre pacientes de riesgo, que probablemente no la desarrollarían si tuvieran ingestas adecuadas, por lo que es necesario discriminar adecuadamente las indicaciones de dicha restricción. Como norma general, solo debe establecerse en los pacientes con EH aguda hasta su resolución, lo más pronto posible, o en la EH crónica recidivante 33.

Así pues, una de las cuestiones más importantes en la práctica clínica, y objeto de controversia, es la cantidad y calidad de las proteínas requeridas en los pacientes con enfermedad hepática avanzada. Se sabe ahora que los requerimientos proteicos en los pacientes cirróticos son de 1-1,5 g/kg/d. Esta cantidad de proteínas es bien tolerada por muchos pacientes y solo aquellos con encefalopatía crónica intratable podrían necesitar una restricción proteica hasta 0,8 g/kg/d. A este respecto, se ha constatado recientemente 34 que el aporte de 1,2 g de proteínas/kg/d es seguro en pacientes con cirrosis y episodios de encefalopatía episódica y que la restricción proteica, incluso transitoria, no confiere ningún beneficio. Las fórmulas enriquecidas con AARR se han estudiado en pacientes cirróticos con encefalopatía y siguen siendo objeto de controversia. En trabajos clínicos randomizados han probado ser mejores que el placebo y similares a la lactulosa o la neomicina en el tratamiento de la encefalopatía, pero no está claro su beneficio frente a soluciones proteicas estándar 35. Sin embargo, estudios recientes 36,37 resaltan que su suplementación oral a largo plazo enlentece la progresión de la enfermedad hepática y prolongan la supervivencia y la calidad de vida. Los estudios que han preconizado el uso intravenoso de AARR en la EH son pocos, con muestras pequeñas y heterogéneas de pacientes y en diferentes estadios de EH. A pesar de ello, sugieren que su uso podría ser eficaz para tratar la EH aguda persistente y para prevenir los episodios recidivantes en pacientes con hepatopatía crónica avanzada 19. Un meta-análisis de estudios que comparan aminoácidos estándar frente a AARR en el tratamiento de la encefalopatía hepática, no muestran diferencia en su eficacia 38. Las guías de práctica clínica para enfermedades hepáticas de la ASPEN 33, restringen el uso de esas fórmulas a pacientes con encefalopatía refractaria que no responden al tratamiento médico habitual. En este escenario particular, puede alcanzarse un balance positivo de nitrógeno, a pesar de la restricción proteica, con el uso de estas fórmulas. Por todo ello, no se pueden obtener conclusiones definitivas de estos estudios, pero sin embargo en ninguno de ellos se ha demostrado o sugerido que su utilización sea perjudicial para la evolución de la EH, por lo que su administración puede estar indicada en aquellos pacientes cirróticos desnutridos y/o con grados avanzados de la enfermedad y/o con encefalopatía recurrente y/o con intolerancia proteica.

Los pacientes no críticos con encefalopatía crónica o recurrente pueden necesitar períodos prolongados de cierta restricción proteica dietética y recibir alrededor de 0,8-1 g de proteínas/kg/d. Paradójicamente, sin embargo, la restricción del aporte nitrogenado puede contribuir a la malnutrición y agravar el pronóstico 10. Por otra parte, un balance positivo de nitrógeno puede tener efectos positivos en la encefalopatía favoreciendo la regeneración hepática y aumentando la capacidad del músculo para la eliminación del amonio. Por ello, el tratamiento nutricional incluye efectos intrínsecos de los propios componentes dietéticos así como efectos a largo plazo en los órganos cuya disfunción contribuye a la patogénesis de EH. En este sentido, como hemos visto, las formulaciones orales de AARR pueden proporcionar una fuente proteica mejor tolerada en pacientes con EH crónica e intolerancia proteica a la dieta. El hipercatabolismo de la cirrosis sugiere una recomendación de 1-1,5 g de proteínas/kg/día 30, pero la administración de dosis adecuadas de nitrógeno es con frecuencia difícil, por la propia enfermedad y por la posible existencia de un cierto grado de encefalopatía crónica. Teniendo en cuenta que la tolerancia proteica depende también de su origen, siendo alta en la láctea, mediana en la vegetal y más pobre en la cárnica, se ha recomendado el abordaje de otros medios de manipulación dietética, como la suplementación con fibra o dietas con aporte proteico de origen vegetal, que aportan alto contenido en fibra y menos AAA, o bien con proteínas lácteas y/o la administración de una elevada relación calorías/nitrógeno 39. La fibra soluble es fermentada por el mismo mecanismo que la lactulosa y el alto contenido en fibra de la dieta vegetal mejora la función del colon, disminuye el tiempo de tránsito, aumenta el pH luminar y la excreción de amonio, aumentando así mismo las concentraciones plasmáticas de arginina y citrulina.

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Remedio para la ascitis #4: Aplastar 1 / 2-1 pulgada de largo pieza de jengibre ligeramente y ponerlo en la taza de agua caliente. Dejar que el jengibre permanezca allí durante cinco a siete minutos. Colar el agua y añadir una pizca de miel. Tomar mientras todavía está caliente tres veces al día después de cada comida. El jengibre si considera un buen remedio para combatir la hinchazón de las piernas especialmente causada por la ascitis. Remedio para la ascitis #5: Masajear suavemente el abdomen y la espalda con un poco de aceite de ricino. Usar fricción recta, frotamiento suave del punto y movimientos de amasado. Masajear durante 15 a 20 minutos. Repetir a diario.

Remedio para la ascitis #6: Pelar el melón amargo y quitar las semillas. Cortar en trozos pequeños y moler para obtener una pasta. Extraer el jugo de esta pasta. Diluir aproximadamente 30 ml del jugo de melón amarga con agua y beber. Tomar este jugo tres veces al día para el alivio rápido. El consumo regular de jugo del melón amargo proporciona un alivio inmediato del dolor ascético. Es beneficioso para tratar trastornos hepáticos debido a sus propiedades tónicas y antibióticas. Remedio para la ascitis #7: Agregar las cebollas a sus comidas y ensaladas o comer crudas. Incluya cebollas en su dieta diaria, ya que ayuda a deshacerse de la retención de líquido. Las cebollas se consideran diuréticas y eliminan toxinas y exceso de líquidos del cuerpo. Si se comen continuamente durante un par de días, las cebollas pueden aliviar los síntomas vinculados con la ascitis.

Remedio para la ascitis #8: Consumir piña a diario, ya que es también un diurético natural. Remedio para la ascitis #9: Ingerir avena debido a que no sólo es excelente para su corazón sino también para el tratamiento de la ascitis.

Remedio para la ascitis #10: Hervir 1 puñado de raíz de diente de león en 1 litro de agua durante 10 minutos. Colar la decocción y dejar que se enfríe. Añadir 1 cucharadita de miel. Tomar hasta tres tazas de esta preparación al día. Éste es un diurético natural. Ayuda a reducir el exceso de líquido en el abdomen. También ayuda a la digestión y tiene efectos antiinflamatorios sobre el hígado afectado por cirrosis. Adoptar una dieta baja en grasas y colesterol

Usar sustitutos de la sal en lugar de sal común. Consumir frutas cítricas como mandarinas, naranjas, pomelos, etc ya que son diuréticos naturales y le ayudará a eliminar el exceso de líquido de su abdomen.

Consumir alimentos ricos en potasio y magnesio, como verduras de hojas oscuras, aguacates, setas, remolacha y plátanos deben ser consumidos. Reducen la retención de agua y bajan la presión arterial. Evitar el consumo de bebidas alcohólicas

Evitar alimentos ricos en almidón como arroz, papa, maíz, etc. Mantenerse alejado de los alimentos que causan flatulencia como los frijoles

Evitar los alimentos procesados ​​ya que contienen altas cantidades de sodio. Practicar yoga para la ascitis Los beneficios del yoga son conocidos por todos. Estimula la sangre y el flujo linfático en el cuerpo y ayuda en el tratamiento de múltiples dolencias. Para la ascitis, estas tres asanas o poses son recomendadas por especialistas en yoga.

  • Baddha Padmasana – También llamado como la Postura de Lotus Bloqueado o Pose de Loto Encadenado, este asana estimula el desarrollo del pecho y también internamente masajea los órganos abdominales. La circulación mejora y el exceso de líquido se dirige hacia fuera del cuerpo o de vuelta al sistema venoso.
  • Lolasana – Conocida como la Postura Colgante, esta asana es un poco más alta en el nivel de dificultad. Sin embargo, activa el núcleo del cuerpo de forma excelente y ayuda a aliviar la presión en el abdomen.
  • Mayurasana – La delicada postura de pavo real, como la postura colgante, activa los músculos abdominales del cuerpo y mejora el flujo sanguíneo y linfático. Es una postura difícil y los principiantes pueden usar algún apoyo para hacerlo

La mayoría de personas con enfermedad del hígado graso no alcohólico no desarrolla problemas graves en el hígado y se mantiene en la primera etapa de la enfermedad (hígado graso simple).
La esteatosis hepática simple puede curarse eliminando la causa.
Por ejemplo, la pérdida de peso en exceso o un mejor control de la diabetes puede curar el hígado graso.

Es importante realizar cambios en el estilo de vida con el fin de prevenir la progresión de la enfermedad a una etapa más grave y reducir el riesgo de sufrir un ataque al corazón o un derrame cerebral. El tratamiento ideal para el hígado graso es el siguiente:

  1. Renuncia definitiva al alcohol
  2. La esteatohepatitis no alcohólica puede deberse a distintos factores, tales como diabetes (especialmente de tipo 2), triglicéridos altos, obesidad, exposición a disolventes, uso de medicamentos como la amiodarona, diltiazem, temoxifeno.

Perder peso y realizar ejercicio
Lo más importante que pueden hacer las personas con enfermedad de hígado graso es perder peso de forma gradual y realizar ejercicio físico regular.

Existen varios tipos de alimentación posibles. En este artículo se cita la alimentación recomendada por la medicina convencional, la dieta del grupo sanguíneo del Dr. D’Adamo y la alimentación a base de comida vegana/cruda recomendada por el higienista Shelton. Alimentación según la medicina convencional

Grasas
Muchos expertos estiman que como máximo el 20-30% de las calorías totales diarias debe proceder de las grasas.
La AHA (American Heart Association) recomienda que:

  1. Menos del 7% de las calorías diarias debe proceder de grasas saturadas
  2. Menos del 1% de las calorías debe incluir grasas trans
  3. El consumo total de colesterol debe ser inferior a 300 mg al día

Para limitar las grasas trans y las grasas saturadas se debe evitar comer o cocinar con grasas normalmente sólidas a temperatura ambiente. Proteínas
Las proteínas deberían aportar alrededor del 15% de las necesidades diarias de energía.
Se deben evitar fuentes de grasas y proteínas como la carne roja y la leche entera.
Se recomienda comer más pescado, legumbres, soja, leche desnatada, claras o sustitutos de huevo.

Medicamentos y suplementos
Un estudio del “Departatment of Medicine, University Health Network” de Toronto demostró que la Atorvastatina 20 mg, combinada con vitaminas C y E, reducía el riesgo de padecer esteatosis hepática moderada-grave entre el 70% de una muestra de 80 pacientes con hígado graso no alcohólico tras 4 años de tratamiento. Dieta del grupo de sanguíneo para la esteatosis
El Dr. D’Adamo recomienda el consumo de distintos alimentos a las personas basándose en su grupo sanguíneo, ya que el sistema inmunitario de una persona con un grupo sanguíneo concreto puede reaccionar negativamente a ciertas sustancias, mientras que una persona de otro grupo no tiene problemas con este mismo alimento.
Los siguientes alimentos se deben evitar en caso de problemas hepáticos:

  • Cereales, en particular los que tienen gluten
  • Leche y productos lácteos
  • Alimentos fritos
  • Alcohol
  • Carne de cerdo y embutidos

Dieta vegana/crudista según el higienismo de Shelton
El higienismo es una medicina natural basada en la alimentación y el estilo de vida saludable, que condena el uso de cualquier sustancia inorgánica (por ejemplo, los medicamentos y suplementos) para el tratamiento de las enfermedades.
En caso de esteatosis hepática, unos días de ayuno (aproximadamente tres) ayudan al organismo a mantener la energía para la digestión y a centrarse en la eliminación de las toxinas que alteran la función de los órganos.

Hay muchos elementos en común entre la dieta del grupo sanguíneo y el higienismo de Shelton, ambas alimentaciones recomiendan consumir pocos alimentos durante las comidas, evitar ciertas combinaciones de alimentos, los alimentos fritos, el alcohol, los productos lácteos y los cereales. Además, aconsejan el ayuno de pocos días.
La principal diferencia se encuentra en las proteínas de origen animal: Shelton está absolutamente en contra, mientras que en la dieta grupo sanguíneo estima que la carne y el pescado son alimentos útiles e importantes, sobre todo para las personas del grupo 0. Dejar de fumar
Los fumadores deben ser capaces de dejarlo, pues esto contribuye a reducir el riesgo de ataque cardíaco y derrame cerebral.

Medicamentos
Si el paciente tiene presión arterial alta o colesterol alto puede que requiera un tratamiento médico. Si tiene diabetes de tipo 2, es posible que tenga que tomar medicamentos para reducir el nivel de azúcar en la sangre.
En un primer momento, se toman los medicamentos en forma de pastillas, a veces una combinación de varios tipos de comprimido.
En la etapa avanzada de la diabetes pueden requerirse inyecciones de insulina.

Alcohol
El hígado graso no alcohólico no tiene su origen en el alcohol, pero las bebidas alcohólicas pueden empeorar la enfermedad. Se recomienda dejar de beber. Fitoterapia
Entre los remedios a base de hierbas naturales, existen los siguientes elementos: alcachofa, diente de león y cardo de leche que ayudan a la digestión y la función hepática, además son antioxidantes y desintoxicantes.

Es posible prevenir la esteatohepatitis de forma activa mediante el control de los pacientes con riesgo de esteatosis y su educación en cuanto a dieta, ejercicio físico y alcohol. El pronóstico del hígado graso depende de la etapa de la enfermedad. Por lo general, la esteatosis sola tiene un curso benigno y la progresión a cirrosis es rara.

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  • Sobrepeso
  • Prediabetes y diabetes
  • Colesterol alto
  • Triglicéridos altos
  • Hipertensión arterial
  • Mala dieta
  • Pérdida de peso excesivamente rápida
  • Enfermedades intestinales

Al contar con uno de estos (o varios) factores de riesgo, conviene tener especial cuidado, porque es posible que se llegue a padecer hígado graso. Y, por supuesto, en la medida de lo posible, conviene controlar dichos factores de riesgo. Vistas las causas, pasemos a ver los síntomas habituales del hígado graso. De este modo, si sientes algunos síntomas que no sabes interpretar, podrás saber si es posible que estés sufriendo esteatosis hepática.

Dolor en la parte superior derecha del abdomen Este es el síntoma más habitual y uno de los primeros que aparecen. Se caracteriza por un dolor agudo en la parte superior derecha del abdomen, generalmente, después de las comidas.

Malestar general El malestar general también se da con bastante prontitud cuando se padece este problema, y también se sufre más gravemente después de las comidas. El mayor problema de este síntoma, es que hay muchos otros problemas que pueden causarlo.

Cansancio y fatiga crónica

El cansancio y la fatiga crónica también son propios del hígado graso, porque el hígado es un órgano que almacena nutrientes, elimina toxinas y sintetiza enzimas. Si este trabajo no se realiza adecuadamente, el organismo se resiente notablemente, y se siente falto de fuerzas. Pérdida de peso

En algunas personas, también puede darse una pérdida de peso vinculada al hígado graso. Sin embargo, no se da en todas las personas, y es un síntoma que puede camuflarse en exceso, por lo tanto, es recomendable fijarse en otros síntomas más que en este. Sensación de pesadez

La sensación de pesadez está relacionada con el cansancio y la fatiga crónica. Sin embargo, al igual que otros síntomas de esta lista, la sensación de pesadez puede darse por muchas otras razones. En cualquier caso, lo mejor es ir al médico y salir de dudas. Ictericia (en algunas ocasiones)

En casos extremos, puede aparecer ictericia. No obstante, este síntoma es un poco extraño en el hígado graso. Sin embargo, si llegase a aparecer, aunque se asocie con enfermedades más graves, normalmente, no tienes por qué asustarte más de la cuenta. Sin síntomas

Como mencionábamos algo más arriba, hay algunos pacientes que no presentan síntomas, ni dolores ni molestias. Hasta cierto punto, este es un tema peligroso, porque la enfermedad podría evolucionar de forma silenciosa. Es cierto que, en general, el hígado graso es una enfermedad benigna que no evoluciona a estadios más graves, y es por ello por lo que hay personas que pueden vivir con hígado graso durante muchos años.

Sin embargo, siempre existe la posibilidad de que evolucione hacia el hígado inflamado, la cirrosis o el cáncer. Es por ello que, aunque no se tengan síntomas, conviene hacerse chequeos periódicos y prestar atención a su posible existencia. Ahora, veamos cuáles son los tratamientos más habituales para el hígado graso. Como verás, hace ya bastante tiempo que convivimos con este problema, por lo que tenemos buenos métodos para tratarlo sin dificultades.

Hay que señalar que no existe un tratamiento definitivo que permita resolver el problema. Sin embargo, sí se recomiendan algunos elementos básicos, tales como reducir el peso corporal a través de la dieta y del ejercicio. Por supuesto, en la medida en que el hígado graso tiene mucho que ver con haber llevado una mala calidad de vida, especialmente en lo que respecta a la alimentación, una muy buena forma de controlar el problema es mediante una alimentación saludable, rica en frutas y verduras.

El ejercicio permite que el cuerpo elimine las grasas, y, puesto que el hígado graso se basa en tener células grasas en el hígado, eliminar dicha grasa será de gran ayuda para mejorar la calidad de vida, pese a que se sufra la enfermedad. Lo mejor que se puede hacer a la hora de controlar el hígado graso, en general, es acudir al nutricionista. Si dicho nutricionista tiene conocimientos de diseño de planes de ejercicios, mejor que mejor.

De esta forma, puedes plantearle que tienes hígado graso, y él se encargará de hacerte el mejor plan de ejercicios y de dieta posible para resolver tu problema, basado en tus características personales. Esto puede hacerlo, hasta cierto punto, el médico, pero, en general, es mejor acudir a un especialista en el campo de la alimentación, y no conformarse con la opinión de un médico que no tiene una especialidad, sino solo conocimientos generales de diferentes campos.

Además, acudir a un nutricionista será de gran ayuda, porque, como ya hemos mencionado anteriormente, la pérdida rápida de peso también está vinculada a los problemas de hígado. Siendo así, es mejor acudir al nutricionista y que éste nos indique cómo ir perdiendo peso poco a poco, de forma que el hígado no sufra más de la cuenta. Empecemos por los remedios naturales para prevenir la esteatosis hepática. Después, veremos los remedios naturales para tratarla, en el caso de que ya haya aparecido.

Tienes que tener en cuenta que, en la mayoría de casos, el hígado graso viene causado por hábitos y estilos de vida poco saludables. Por lo tanto, es una evidencia que el hígado graso se puede prevenir. Además, teniendo en cuenta que, hace algún tiempo, cuando la gente comía de una forma más saludable y realizaba ejercicio de forma más constante, el hígado graso era una enfermedad sin apenas incidencia en la sociedad, se puede asumir que se puede prevenir con simples remedios naturales.

Llevándolo un poco más al extremo, si tenemos hígado graso en las primeras etapas, no solo puede prevenirse, sino que puede, incluso, curarse (bastará con controlar los niveles de grasa en el organismo mediante ejercicio y buena dieta). En lo que respecta a la alimentación, la mejor dieta que se puede seguir para prevenir el hígado graso es una que cuente con alimentos frescos y saludables, y que sea baja en grasas. La dieta mediterránea, por ejemplo, es una muy buena opción. De hecho, la presencia de sobrepeso, obesidad y, por extensión, hígado graso, es inferior en los países mediterráneos que en otros con otras dietas. No es casualidad. Y no es casualidad que la presencia de estas enfermedades haya crecido al perderse la tradición de esta dieta y adoptar hábitos alimentarios de otros países menos saludables.

Otro aspecto clave es el del alcohol. El alcohol interviene de una forma fundamental en la acumulación de grasa en el hígado, por lo tanto, es importante que se reduzca sustancialmente (incluso eliminándolo completamente) el alcohol de la dieta. Por otro lado, habrá que hacer ejercicio de forma constante, con una media hora diaria, por ejemplo. Preferiblemente, ejercicios que contribuyan a quemar grasas, como salir a correr un rato cada día. De esta forma, eliminaremos la grasa que hay en el organismo, y contribuiremos a que el hígado graso tenga menos grasas con las que lidiar, reduciendo los problemas asociados al hígado graso y llegando, en algunos casos, a curarlo completamente.

Ahora, vistos los remedios naturales para prevenir el hígado graso, veamos cuáles son los mejores remedios naturales para tratarlo una vez ya ha aparecido:

  • Consejos anteriores: Los consejos anteriores, pensados para la prevención, también sirven para tratar el hígado graso. Por lo tanto, no dejes de aplicarlos, porque reducir la cantidad de grasas, aunque sirva para prevenir, también sirve para tratar el hígado graso.
  • Infusiones depurativas: Las infusiones de alcachofa y diente de león son altamente depurativas. Te permitirán ayudar a tu hígado a eliminar toxinas y asimilar nutrientes, y, además, contribuirá a eliminar parte de la grasa de su interior. Todo ello te ayudará a tener una mejor calidad de vida pese a que padezcas hígado graso.
  • Cardo mariano: El cardo mariano es una de las plantas con mayores beneficios para el hígado. Cuenta con silimarina, que contribuye enormemente a regenerar y proteger las células hepáticas. Puedes tomar cápsulas de cardo mariano o extractos, que puedes localizar en todo tipo de herbolarios.
  • Tés: Los tés, especialmente el verde, son de gran ayuda para regenerar el hígado, y contribuyen enormemente a reducir los problemas asociados al hígado graso. Con los tés, se contribuye a disolver y eliminar la grasa acumulada, por lo que no dejes de consumirlos.

Como puedes ver, el hígado graso es una enfermedad que conviene tener vigilada, pero que no implica excesivos problemas. Con la información anterior, y un buen control médico, no deberías por qué tener ningún problema. - Almacenar las vitaminas A y D.

- Sintetizar elementos coagulantes de la sangre. - Encargarse del equilibrio hormonal.

- Las frutas deben lavarse y pelarse bien para evitar los pesticidas. - Evitar dejar comida preparada fuera de la nevera.

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No se conocen bien las causas de la ICP aunque aparentemente las hormonas del embarazo y la herencia son factores que intervienen en este trastorno. La ICP parece darse con más frecuencia en los embarazos de mellizos (o más bebés), posiblemente debido a los mayores niveles hormonales. 1 Aproximadamente la mitad de las mujeres que padecen ICP tienen antecedentes familiares de trastornos hepáticos relacionados. 3 Por lo general, los síntomas de la ICP desaparecen por sí solos unos dos días después del parto. Sin embargo, alrededor del 60 al 70 por ciento de las mujeres afectadas vuelve a desarrollar los síntomas en embarazos posteriores. 1

¿Qué es la hepatitis? La hepatitis es una inflamación del hígado, generalmente ocasionada por un virus. Existen varios tipos de virus que pueden causar hepatitis pero los más comunes son los virus de la hepatitis A, B y C.

Los síntomas de la hepatitis pueden ser de leves a graves aunque algunas personas infectadas no presentan ningún síntoma. Entre los síntomas más comunes pueden mencionarse los siguientes:

  • Ictericia
  • Fatiga
  • Náusea y vómitos
  • Malestar en la zona abdominal superior
  • Fiebre baja

Algunas personas que contraen hepatitis B o hepatitis C no eliminan el virus de su organismo y éste puede permanecer en su sistema de por vida. Las personas con una infección de hepatitis crónica tienen un riesgo mayor de tener enfermedad hepática grave o cáncer de hígado. Cerca del 10 al 15 por ciento de las personas con hepatitis B, y al menos el 50 por ciento de aquellas con hepatitis C, desarrollan infecciones crónicas. 4 Las personas con hepatitis A no desarrollan infecciones crónicas.

No existen medicamentos para tratar las infecciones de hepatitis agudas (recientemente adquiridas). Hay medicamentos para tratar la hepatitis B y C crónica pero por lo general no se recomiendan durante el embarazo. 5 Existen al menos seis medicamentos antivirales que pueden utilizarse para tratar la hepatitis B. No se posee mucha información acerca de la seguridad de estos medicamentos durante el embarazo y se sospecha que algunos aumentan el riesgo de defectos congénitos y aborto espontáneo. Antes de comenzar a tomar cualquiera de estos medicamentos, las mujeres deben informar a su médico si están planeando un embarazo. Las mujeres que quedan embarazadas mientras están tomando alguno de estos medicamentos deben consultar a su médico. Tampoco se recomienda el uso de estos medicamentos durante la lactancia.

La hepatitis C crónica puede tratarse con una combinación de dos medicamentos antivirales (ribavirina e interferón pegilado alfa-2a). Se cree que estos medicamentos contribuyen a defectos congénitos y aborto espontáneo. Las mujeres deben evitar el embarazo mientras los están tomando y durante seis meses después de terminado el tratamiento. Las mujeres deben notificar a su médico inmediatamente si quedan embarazadas mientras están tomando estos medicamentos. Tampoco deben ser usados durante la lactancia ni por la pareja de sexo masculino de la mujer embarazada. Por lo general, la hepatitis A no representa un riesgo para el bebé cuando la madre la contrae durante el embarazo. Rara vez se transmite de la madre al bebé durante el parto. 6 La hepatitis B es la que presenta el mayor riesgo durante el embarazo. Las mujeres que tienen el virus en el organismo (infección aguda o crónica) pueden transmitírselo al bebé durante el parto. En la mayoría de los casos, el riesgo es de aproximadamente 10 al 20 por ciento, aunque puede ser mayor si la mujer tiene altos niveles del virus en su organismo. 4 Los bebés infectados al nacer suelen desarrollar infección por hepatitis B y corren un alto riesgo de desarrollar enfermedad hepática grave y cáncer de hígado de adultos.

La hepatitis C se transmite al bebé durante el parto en sólo el cuatro por ciento de los casos aproximadamente. 5 Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) recomiendan someter a todas las mujeres embarazadas a un análisis de sangre para detectar la hepatitis B. 5 Si se detecta que la mujer tiene hepatitis B aguda o crónica, es preciso vacunar al bebé contra la hepatitis B y suministrarle inmunoglobulina (que contiene anticuerpos que combaten la hepatitis) dentro de las 12 horas de nacido. Dicho tratamiento previene la infección en más del 90 por ciento de los bebés en riesgo. 5 Se le debe aplicar al bebé dos dosis adicionales de vacuna durante los primeros seis meses de vida. Los CDC también recomiendan vacunar a todos los bebés contra la hepatitis B antes de que abandonen el hospital, entre el primero y segundo mes de vida y nuevamente entre los seis y dieciocho meses de vida. 5

En la actualidad no hay forma de prevenir que la madre transmita la hepatitis C al bebé. La hepatitis A por lo general se contagia a través de alimentos y agua contaminados. La gente que viaja a países en vías de desarrollo tiene mayor riesgo de contraer esta enfermedad.

Las hepatitis B y C se contagian mediante el contacto con sangre o fluidos corporales de una persona infectada. Esto puede suceder al compartir agujas empleadas para inyectarse drogas o al mantener relaciones sexuales con una persona infectada (aunque se cree que la hepatitis C no se transmite con frecuencia a través del contacto sexual). La mejor defensa contra las hepatitis A y B es la vacunación. Las mujeres que planeen viajar a un país en vías de desarrollo deben consultar al médico para determinar si les conviene vacunarse contra la hepatitis A. Aún no se ha determinado si la vacuna contra la hepatitis A supone riesgos para el embarazo, pero se cree que no. 6

La vacuna contra la hepatitis B también se considera segura para el embarazo. Es conveniente que las mujeres que trabajan en el ámbito de la salud y la seguridad pública y otras mujeres en alto riesgo (como aquellas que viven con una pareja infectada) reciban la vacuna contra la hepatitis B antes o durante el embarazo. No existe ninguna vacuna contra la hepatitis C.

Las mujeres también pueden protegerse contra las hepatitis B y C siguiendo prácticas sexuales no riesgosas y evitando el uso de drogas ilícitas inyectables y de elementos de higiene personal de otras personas que puedan tener sangre (hojas de afeitar y cepillos de dientes). El síndrome HELLP es una complicación peligrosa del embarazo caracterizada por anomalías en el hígado y en la sangre. HELLP es la sigla en inglés de hemólisis (descomposición de los glóbulos rojos), enzimas hepáticas elevadas y bajo recuento de plaquetas (fragmentos de glóbulos rojos necesarios para la coagulación sanguínea). Se trata de una variante de la preeclampsia grave, un trastorno del embarazo caracterizado por hipertensión arterial y proteína en la orina. El síndrome HELLP se produce en aproximadamente el 10 por ciento de los embarazos complicados por preeclampsia grave. 7

Por lo general, los síntomas del síndrome HELLP se manifiestan en el tercer trimestre del embarazo aunque pueden comenzar antes. Los síntomas también pueden aparecer en las primeras 48 horas después del parto. Las mujeres embarazadas deben llamar a su médico si tienen los siguientes síntomas:

  • Dolor en el estómago o en la región superior derecha del abdomen
  • Náusea o vómitos
  • Malestar general
  • Dolores de cabeza

El síndrome HELLP afecta a menos del uno por ciento de las mujeres embarazadas. 8 El síndrome HELLP puede presentar riesgos graves para la madre y el bebé si no se lo trata rápidamente. En la madre puede causar daño y rotura del hígado (aunque esto último es muy poco frecuente), insuficiencia renal, problemas de sangrado, accidente cerebrovascular e incluso la muerte. Cuando se manifiestan complicaciones graves en la madre, es posible que la vida del bebé también corra peligro. El síndrome HELLP puede causar el desprendimiento de la placenta del útero antes del parto, lo cual pone en peligro la vida de la madre y el bebé, así como nacimiento prematuro.

El síndrome HELLP se diagnostica mediante análisis de sangre que miden los niveles de plaquetas, glóbulos rojos y varias sustancias químicas para determinar si el hígado de la mujer está funcionamiento normalmente. Se puede tratar a las mujeres con síndrome HELLP con medicamentos para controlar la presión arterial y evitar convulsiones y, en algunos casos, con transfusiones de plaquetas. Casi siempre se induce el parto lo antes posible en las mujeres que padecen síndrome HELLP para evitar complicaciones graves. Si la mujer tiene menos de 34 semanas de embarazo, es posible que el parto se postergue unas 48 horas para que se la pueda tratar con medicamentos llamados corticosteroides. 9 Estos medicamentos aceleran la maduración de los pulmones del feto y contribuyen a prevenir las complicaciones de la premadurez. Algunos estudios sugieren que el tratamiento de la mujer embarazada hasta 48 horas con niveles más altos de corticosteroides que los utilizados para acelerar la maduración de los pulmones del feto puede mejorar los síntomas. 10

Se desconocen las causas del síndrome HELLP. En la mayoría de los casos las anomalías de la sangre y el hígado desaparecen unos pocos días después del parto. Por lo general, las mujeres que han padecido el síndrome HELLP tienen menos del cinco por ciento de probabilidades de que les vuelva a suceder en otro embarazo. 9 Aparentemente, también tienen un riesgo mayor de sufrir otras complicaciones durante el embarazo como preeclampsia, desprendimiento de la placenta y parto prematuro. 9

Esteatosis hepática aguda del embarazo La esteatosis hepática aguda (hígado graso) es una complicación poco común del embarazo que puede ser mortal. Aproximadamente entre una de cada 10,000 y una de cada 15,000 mujeres embarazadas resulta afectada por este trastorno, que se caracteriza por la acumulación de grasas en las células del hígado. 11

Los síntomas de este trastorno por lo general comienzan en el tercer trimestre del embarazo y se asemejan a los del síndrome HELLP. Las mujeres embarazadas deben consultar a su médico si tienen los siguientes síntomas:

  • Náuseas y vómitos persistentes
  • Dolor en el estómago o en la región superior derecha del abdomen
  • Malestar general
  • Ictericia
  • Dolores de cabeza

Si no se lo trata inmediatamente, este trastorno puede ocasionar coma, insuficiencia de los órganos y la muerte de la madre y el bebé. Se diagnostica mediante análisis de sangre que miden una serie de factores relacionados con las funciones del hígado y los riñones.

Es posible que se lleven a cabo transfusiones de sangre para estabilizar la salud de la madre. Se inducirá el parto lo antes posible para evitar que el bebé tenga complicaciones graves. No se conocen bien las causas de este trastorno. Es posible que la genética sea un factor importante. En un estudio reciente se descubrió que el 16 por ciento de las mujeres que padecía este trastorno tenía bebés con ciertos errores hereditarios en la composición química de su organismo (defectos de oxidación de los ácidos grasos). 8 Estos trastornos impiden el procesamiento adecuado de ciertas grasas. Los bebés afectados pueden desarrollar problemas hepáticos, cardíacos y neuromusculares potencialmente mortales, a menos que se los alimente con una dieta especial con bajo contenido de grasas.

Los resultados del estudio sugieren que es conveniente someter a todos los bebés de mujeres con esteatosis hepática aguda del embarazo a análisis para detectar defectos de la oxidación de los ácidos grasos y poder brindarles un tratamiento inmediato. (Muchos bebés se someten de forma rutinaria a pruebas de detección precoz de estos trastornos como parte de un panel de pruebas para recién nacidos. No obstante, las pruebas incluidas en este panel varían en cada estado.) La mayoría de las mujeres comienza a mejorar a los pocos días del parto y no sufre daños permanentes como consecuencia de la enfermedad. Las mujeres portadoras de un gen de un defecto de oxidación de los ácidos grasos (incluidas las mujeres que han tenido un bebé afectado) tienen un riesgo mayor de que vuelva a producirse la enfermedad en otro embarazo; se desconoce el riesgo de recurrencia en otras mujeres. 11

Sí. Varios becarios de March of Dimes están tratando de identificar los genes que pueden contribuir a la preeclampsia, una forma de hipertensión arterial que se da durante el embarazo y que está relacionada con el síndrome HELLP. El objetivo de esta investigación es mejorar el diagnóstico y tratamiento de estos trastornos. Otro becario recientemente incorporado está intentando desarrollar tratamientos para estimular la regeneración hepática en los niños con enfermedad hepática, incluidos los que padecen complicaciones resultantes de la hepatitis. La ferritina, es una proteína del sistema inmunitario encargada de recaudar todo el hierro que hay en el sistema sanguíneo, luego lo distribuye de manera cuidadosa y ordenada. El hierro genera glóbulos rojos sanos, y por ende, ayuda a mantener activas las defensas, da oxígeno a las células, evita infecciones y alergias. La mayor cantidad de esta proteína, se encuentra en el hígado. Una inestabilidad en los valores, puede desarrollar problemas hepáticos.

Estos varían levemente dependiendo del sexo, edad y la masa muscular de la persona, normalmente esta es la cantidad adecuada: –Bebés de 0 a 6 meses: De 25 1 200 nanogramos por mililitro (ng/mL)

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* La leptospirosis es una enfermedad infecciosa causada por una bacteria
* La leptospirosis se transmite en los humanos por medio del contacto con la orina o tejido de animales infectados
* La leptospirosis típicamente progresa por medio de dos fases y con síntomas no específicos
* La leptospirosis se puede diagnosticar por medio del cultivo de sangre infectada, orina, fluidos de la columna vertebral, y pruebas de anticuerpos
* La leptospirosis se trata clínicamente con antibióticos y es raramente mortal. ¿Sabía usted que una pareja de ratones puede crear una colonia de aproximadamente 2,000 ratones al año?

¿Sabía usted que la orina y otros desechos de los ratones es la reserva más grande de la leptospirosis? ¿Qué la basura acumulada en las calles es también fuente de leptospirosis?

Si usted encuentra este artículo de algún valor, dada la situación en nuestro país, entonces le recomiendo que pase la información a quienes usted crea puedan estar en riesgo o expuestos a las características que causan y propagan esta terrible enfermedad. El hígado inflamado, hepatomegalia o inflamación hepática se da cuando este órgano adquiere un tamaño mayor al normal. Se trata de una condición muy seria puesto que, a veces, la inflamación viene derivada por otra enfermedad de carácter más grave, como las contraídas por cualquiera de los virus de la hepatitis. Sin embargo, identificarla no es fácil, pues durante la primera etapa de la inflamación hepática apenas se notan los síntomas, estos aparecen conforme la anomalía avanza. No obstante, existen algunas señales y signos que pueden ayudarnos a descubrir si sufrimos hepatomegalia y, por ello, en este artículo de unComo queremos ayudarte a ampliar tu conocimiento y contarte cuáles son los síntomas del hígado inflamado.

El hígado es uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo puesto que es el encargado de transformar los alimentos en energía, de eliminar las toxinas de la sangre, regular los niveles de aminoácidos y las grasas, entre muchas otras funciones. Es el más grande de todos y su inflamación puede causarnos graves consecuencias, por ello es fundamental cuidarlo y asegurarnos de que funciona sin problemas. Al cumplir tantas funciones y estar involucrado en tantos procesos de nuestro organismo no es de extrañar que las causas que provocan la inflamación hepática también sean variadas. Los factores principales que pueden provocar hepatomegalia son:

  • El consumo excesivo de alcohol hace que el hígado no pueda eliminarlo correctamente y puede producir una inflamación del mismo
  • Una infección por cualquiera de los virus de la hepatitis, hepatitis A, B, C, D, E, siempre causa la inflamación hepática
  • Otras infecciones virales, como la mononucleosis infecciosa, por citomegalovirus o bacterianas también pueden ser causantes del hígado inflamado
  • Una intoxicación producida por medicamentos desencadenará, también, en la inflamación hepática
  • Otros causantes pueden ser la enfermedad de Niemann-Pick, la cirrosis biliarprimaria, el Síndrome de Reye, la sarcoidosis o la colangitis esclerosante
  • El hígado graso es otra de la anomalías que, si no se trata, también puede derivar en una inflamación del mismo
  • Por último, cabe destacar que la aparición de una metástasis de tumores o la leucemia tambien pueden provocar la hepatomegalia

Durante los primeros días de la inflamación hepática es muy probable que no notes ningún síntoma ni rareza en tu cuerpo relacionado con el hígado. Sin embargo, conforme avanza el tiempo se hacen cada vez más evidentes. En general, los primeros síntomas suelen ser muy similares a los que presenta una gripe común, malestar, décimas de fiebre, dolor muscular y náuseas.

  • A medida que pasa el tiempo los síntomas aumentan y se intensifican. La hepatomegalia suele provocar ictericia, que es cuando la piel adquiere un tono amarillento (los ojos también pueden tornarse amarillos). Los vómitos y la diarrea son otros de los síntomas más comunes del hígado inflamado.
  • Al tratarse de una inflamación, es muy probable que también notes la parte del abdomen ligeramente más hinchada al principio y, conforme avanzan los días, aumente de tamaño. Asimismo, el dolor abdominal es otra de las consecuencias de esta condición.
  • El color de las heces es otro de los factores que debes tener en cuenta si sospechas que tu hígado está inflamado, pues esta anomalía hace que se vuelvan más claras, incluso blancas. Esto sucede, sobre todo, cuando el causante de la inflamación es uno de los virus de la hepatitis. Recuerda que la hepatitis es la inflamación del hígado a causa de una infección vírica o bacteriana. En relación con esto, la orina puede tornarse de un color más oscuro del normal, tener un constante sabor amargo en la boca y mal aliento.

Estos son los síntomas más comunes del hígado inflamado pero, en función del causante, es posible que no aparezcan todos o que, incluso, no se muestre ninguno. Por ello es importante realizarse exámenes anuales en caso de contar con alguno de los factores de riesgo, como padecer alguna de las enfermedades expuestas de manera crónica, el alcoholismo o tomar un exceso de medicamentos.

Ahora que ya conocemos los síntomas del hígado inflamado es importante que, si padeces esta condición, apostemos por incluir remedios naturales que nos ayudarán a desinflamar esta zona del cuerpo y conseguir que mejore nuestra salud. A continuación vamos a descubrirte los remedios caseros que te ayudarán a conseguir bajar la hinchazón de esta zona del cuerpo: Es una de las infusiones que mejor funcionan para tratar el hígado inflamado ya que se trata de una planta muy depurativa que ayuda a que el cuerpo elimine el exceso de toxinas acumuladas y, también, se aminore la presencia de retención de líquidos.

También es otra de las mejores plantas medicinales para reducir la hinchazón del hígado ya que se trata de un remedio casero con un alcaloide que consigue mejorar el funcionamiento de la vesícula biliar y, por tanto, favorece la expulsión de toxinas gracias a que se incrementa la producción de bilis. El tamarindo es un ingrediente perfecto para depurar el cuerpo ya que consigue mejorar el funcionamiento de la vesícula biliar y, por tanto, consigue bajar la inflamación que pueda padecer el hígado. Además, cuenta con propiedades protectoras que garantizarán la salud al hígado. La mejora manera de aprovechar estas propiedades es elaborando una infusión de tamarindo y tomarla 2 o 3 veces al día.

El limón es una fruta repleta de propiedades digestivas y diuréticas que conseguirán fomentar la depuración del cuerpo de forma natural y, por tanto, bajar la hinchazón. Puedes preparar un zumo que cuente con la mitad de agua y la mitad de limón y tomarlo cada mañana en ayunas. En este otro artículo de unCOMO te damos más remedios caseros para el hígado inflamado.

Si notas presente algunos de los síntomas expuestos deberás acudir a tu médico inmediatamente para que realice las pruebas pertinentes y confirme o descarte la inflamación hepática. Recuerda que muchos de los causantes son enfermedades graves, de manera que quizás hayas contraído alguna y todavía no lo sepas. Para detectar la hepatomegalia el médico primero palpará la zona de debajo de las costillas, pues si la inflamación es severa lo notará de inmediato, luego realizará una radiografía abdominal para observar si se ha producido un agrandamiento del hígado o no. En caso de haber indicios de ellos, puede hacer una ecografía abdominal para confirmarlo.

Si se confirma, las siguientes pruebas serán una tomogradía computarizada del abdomen para averiguar la causa que ha provocado la inflamación, pruebas de la función hepática a fin de evaluar el funcionamiento del hígado, y una resonancia magnética del abdomen para confirmar los resultados de la tomografía. Este artículo es meramente informativo, en unCOMO no tenemos facultad para recetar ningún tratamiento médico ni realizar ningún tipo de diagnóstico. Te invitamos a acudir a un médico en el caso de presentar cualquier tipo de condición o malestar.

Si deseas leer más artículos parecidos a Cuáles son los síntomas del hígado inflamado, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Enfermedades y efectos secundarios. El bazo es un órgano esponjoso, suave y color púrpura situado en la parte superior del abdomen, cuyas funciones son eliminar materiales de desecho de la sangre y defender al organismo de agresiones externas. Hay ocasiones en que su funcionamiento se altera y es necesario extirparlo.

Es importante saber que el bazo está constituido por dos tipos de tejido denominados pulpa blanca y roja. El primero de ellos tiene la labor de producir linfocitos (células sanguíneas que forman parte de los glóbulos blancos), los cuales participan de manera activa en la lucha contra infecciones. Por su parte, la llamada pulpa roja contiene otros glóbulos blancos (fagocitos) que se encargan de "ingerir" elementos que pueden ser perjudiciales o que ya no le sirven al organismo, como bacterias o células defectuosas presentes en la sangre. Pero ahí no termina la labor de dicha porción del bazo, ya que también controla a los glóbulos rojos; determina cuáles son demasiado viejos o anormales y los destruye.

Al respecto, el cirujano Jesús Reyes Zamorano refiere que "el bazo es un órgano situado justo debajo de las costillas, el cual pesa entre 100 y 250 gramos y, pese a sus labores de defensa y purificación, hay ocasiones en que estas funciones pueden verse afectadas debido a la existencia de trastornos en la sangre, ruptura del bazo a causa de accidentes o golpes severos y enfermedades que generan hiperesplenismo, trastorno que ocasiona que el bazo trabaje exageradamente y, por ende, destruya células sanguíneas sin control. Ante tal situación se hace necesaria la extirpación del órgano". "Cabe destacar que con la extirpación del bazo, el organismo pierde parte de su capacidad para producir anticuerpos y eliminar bacterias de la sangre, lo que en consecuencia hace más susceptible al paciente a adquirir infecciones. No obstante, con el paso del tiempo, el hígado, principalmente, aumenta sus defensas para compensar dicha pérdida y ello impide que se sufran este tipo de padecimientos".

Entre los diversos problemas que este órgano presenta, está el aumento del tamaño del bazo, el cual puede ser generado por cáncer en sangre e infecciones crónicas. Cuando lo anterior ocurre, dicho órgano incrementa su capacidad de atrapar y almacenar células sanguíneas, lo que puede reducir la cantidad de glóbulos rojos y blancos, así como las plaquetas (encargadas de la coagulación) presentes en la circulación. En el momento en que el bazo agrandado atrapa gran cantidad de células sanguíneas anormales, éstas lo obstruyen e interfieren en su funcionamiento, pues cuantas más estructuras celulares captura, más crece.

Es necesario tomar en cuenta que cuando el bazo elimina demasiadas células sanguíneas de la circulación se pueden presentar diversos padecimientos, por ejemplo, anemia (escasa cantidad de glóbulos rojos), infecciones frecuentes (debido al reducido número de glóbulos blancos) y trastornos hemorrágicos (por falta de plaquetas). Finalmente, el bazo demasiado agrandado también atrapa células sanguíneas normales y las destruye junto con las anormales. A la cirugía mediante la cual se extirpa el bazo se le llama esplenectomía, procedimiento que forma parte del arsenal terapéutico en aquellas enfermedades de la sangre donde el bazo se convierte en el órgano de destrucción predominante de las células del vital líquido.

De acuerdo al Dr. Reyes, además de las afecciones antes descritas hay otras condiciones en las que se puede requerir la extirpación del bazo, por ejemplo:

  • Lesión importante en el órgano con sangrado incontrolable.
  • Ruptura del bazo espontánea.

En caso electivo (cuando hay tiempo de elegir el tratamiento):

  • Anemia hemolítica. Trastorno en el cual los glóbulos rojos de la sangre se destruyen más rápido de lo que la médula ósea (tejido esponjoso que se encuentra en el interior de los huesos) puede producirlos.
  • Esferocitosis hereditaria. Enfermedad que afecta a la membrana de los glóbulos rojos, de modo que las células más dañadas se destruyen fácilmente y ello da lugar a anemia grave.
  • Linfomas. Tumores cancerosos que invaden al sistema que se encarga de transportar las defensas a todo el organismo, al cual se le denomina linfático.
  • Púrpura trombocitopénica idiopática. Enfermedad que se caracteriza por disminución considerable de plaquetas (elementos que intervienen en la coagulación de la sangre), por lo cual se presentan hemorragias en la piel que forman manchas de color violeta, como los populares moretones (equimosis), o diminutos puntos rojos debajo de la piel que son el resultado de hemorragias muy pequeñas (petequias).
  • Trombosis de los vasos sanguíneos del bazo. Formación de coágulos en venas y arterias que impiden que la circulación sanguínea del órgano se efectúe adecuadamente.

Para detectar dichos padecimientos es preciso que el médico palpe el bazo, el cual en muchas ocasiones puede sentirse agrandado, lo que deberá apoyarse con una radiografía del abdomen; en algunos casos se puede solicitar la realización de una tomografía, estudio que proporciona imagen más detallada (muestra lesiones o ruptura del órgano). Por otra parte, también es fundamental efectuar análisis de sangre para determinar si hay reducción en el número de las células que la conforman, además de examen de médula ósea debido a que puede detectar la presencia de cáncer en la sangre. Una vez confirmado el diagnóstico se procede a la esplenectomía o extirpación del bazo, intervención quirúrgica que se realiza con el paciente bajo anestesia general en la que se hace una incisión en el abdomen, se ubica al órgano y se separa de sus adherencias a las estructuras circundantes. Luego de ello, se retira el bazo del abdomen, se vigila la hemorragia y se cierra el corte abdominal.

Cabe destacar que la extirpación del bazo puede efectuarse mediante cirugía abierta y laparoscópica; esta última consiste en hacer cuatro orificios, a través de los cuales se introducen unas pinzas especiales y pequeña cámara que le permiten al médico intervenir al paciente vigilando el proceso a través de un monitor. Aunque las indicaciones son prácticamente las mismas para cirugía abierta o de invasión mínima, "la principal ventaja entre ambos procedimientos quirúrgicos es el beneficio cosmético (por el tamaño de la herida), ya que no hay diferencias significativas, como en el tiempo de recuperación y complicaciones, aunque sí la hay en el costo. El mejor candidato es aquel paciente con bazo pequeño, mientras que en individuos con bazos de grandes proporciones el beneficio de una cirugía laparoscópica es más cuestionable", advierte el cirujano.

La recuperación del paciente tras la intervención quirúrgica suele ser rápida y requiere un periodo de hospitalización menor a una semana (1 a 2 días en caso de esplenectomía laparoscópica) y la curación completa se llega a presentar en un lapso de 4 a 6 semanas. Es muy importante tener en cuenta que la extirpación quirúrgica del bazo aumenta la susceptibilidad a ciertas infecciones, particularmente las causadas por neumococos y meningococos. "Por esta razón los pacientes que se someten a esplenectomía, sobre todo niños, se deben vacunar contra estos gérmenes antes (cuando el procedimiento es electivo) o después (cuando se trata de un caso de emergencia). Asimismo, se requiere tratamiento con antibióticos a manera de prevención antes, durante y después del procedimiento", indica el doctor Reyes Zamorano.

Ahora bien, después de la cirugía el organismo puede reaccionar de diversas maneras por la ausencia del bazo, lo cual puede incluir trombocitosis (aumento del conteo de plaquetas, que puede causar coágulos sanguíneos), hemólisis (destrucción de glóbulos rojos) y aumento de la susceptibilidad a infecciones severas, problemas a los que se les debe dar un manejo especial mientras el cuerpo logra adaptarse. Queda por decir que el resultado de la esplenectomía varía dependiendo de la enfermedad que se padezca o de la extensión de otras lesiones, no obstante, en la mayoría de los casos el paciente logra recuperarse completamente.

A continuación encontrará el listado de especialidades. Pulse sobre la especialida sobre la que desea información para ver su definición y enfermedades más frecuentes, así como el nombre y currículum del especialista de la materia: La ‘anatomía patológica’ es la especialidad médica que se encarga del estudio de las lesiones celulares, tejidos, órganos, de sus consecuencias estructurales y funcionales y por tanto de las repercusiones en el organismo. Lo hace a través del estudio de muestras titulares (biopsias y piezas quirúrgicas) y celulares (citología).

Se entiende por Alergología la especialidad médica que comprende el conocimiento, diagnóstico y tratamiento de la patología producida por mecanismos inmunológicos, con las técnicas que le son propias; con especial atención a la alergia. La cardiología es la especialidad médica que se ocupa de las afecciones del corazón y del aparato circulatorio. Se incluye dentro de las especialidades médicas, es decir que no abarca la cirugía, aún cuando muchas enfermedades cardiológicas son de sanción quirúrgica, por lo que un equipo cardiológico suele estar integrado por cardiólogo, cirujano cardíaco y fisiatra, integrando además a otros especialistas cuando el terreno del paciente así lo requiere.

para que enfermedad se usa el cytotec

En este grupo de enfermedades del hígado se incluyen tres patologías, las cuales se superponen y relacionan entre sí; todas ellas dependen de los hábitos en el consumo de alcohol de los pacientes.

  • También conocida como hígado graso alcohólico.
  • Se refiere al cambio reversible que ocurre luego de la exposición a una cantidad considerable de alcohol.
  • Suele ser asintomática y sólo se demuestra su presencia por la elevación transitoria de enzimas hepáticas y bilirrubina.
  • Aunque normalmente no suele progresar hacia la cirrosis hepática, se puede condicionar su progresión hacia ella si la enfermedad perdura por un largo periodo de tiempo.

Hígado aumentado de tamaño, de color amarillento y de aspecto grasiento.

  • Acumulaciones lipídicas macro y microvesiculares.
  • Las mismas se encuentran dentro del hepatocito, por lo que el núcleo es desplazado hacia la periferia.
  • Se presenta posterior a la ingesta de una cantidad muy elevada de alcohol, lo que determina un episodio de hepatitis aguda, que es de severidad variable.
  • Algunas veces, el episodio puede ser tan grave que se presenta una hepatitis fulminante.

A pesar de que puede haber formas graves de la enfermedad, las manifestaciones clínicas no suelen serlo y entre ellas están:

  • Ictericia.
  • Malestar general.
  • Dolor en hipocondrio derecho.
  • Anorexia.
  • Hepatomegalia: Aumento del tamaño del hígado.

La Esteatohepatitis hepática puede identificarse histológicamente por cuatro características que son:

  • Cuerpos de Mallory: Ellos son agregados de citoqueratina que se encuentran dentro de algunos hepatocitos.
  • Alteraciones de los hepatocitos: Entre ellas están la necrosis, esteatosis y balonización.
  • Reacción neutrofílica con polimorfonucleares que se disponen alrededor de los hepatocitos necróticos.
  • Fibrosis en grados variables.
  • Estas enfermedades del hígado son aquellas esteatosis hepáticas que se presentan en pacientes que tienen bajo o nulo consumo de alcohol.
  • A pesar de que no se conoce su causa específica, se ha relacionado con el síndrome metabólico, por lo que es posible que se deba al almacenamiento excesivo de grasas, especialmente triglicéridos.

En realidad, se distinguen dos formas de esteatosis hepática no alcohólica y son:

  • Esteatosis hepática con o sin inflamación que no se asocia con progresión a cirrosis.
  • Esteatohepatitis no alcohólica que tiene progresión hacia la cirrosis en el 10-20% de las personas afectadas.
  • La mayoría de las veces, estas entidades son asintomáticas, pasando desapercibidas, lo cual dificulta el diagnóstico.
  • Algunos pacientes pueden presentar manifestaciones clínicas leves, como: Malestar general, hepatomegalia y dolor en hipocondrio derecho.
  • Normalmente, este constituye un hallazgo casual al explorar otras patologías mediante la realización de una ecografía abdominal.
  • Se observan los mismos que ante una esteatosis alcohólica, es decir, un hígado grande de color amarillento y grasiento.
  • En vista de esto, es imposible establecer el diagnóstico morfológicamente, por lo que para poder establecerlo, sólo se basa en el interrogatorio y al estar ausente el antecedente de consumo de alcohol.
  • Hay nódulos que pueden aparecer en el hígado y no se corresponden a la cirrosis; se caracteriza por la aparición de una masa que tiene un color más claro que el resto del hígado.
  • Dicha masa tiene una cicatriz central de color gris o blanco, que se irradia hacia la periferia y que corresponde al tejido conectivo.

Aún no se conoce la causa de estas enfermedades del hígado, sin embargo, se han asociado al consumo de anticonceptivos orales y uso de anabolizantes.

  • Esta condición no se asocia con ningún tipo de síntoma.
  • Constituye un hallazgo casual en pacientes sin hepatopatías de base, especialmente en adultos jóvenes.
  • Su verdadera importancia radica en diferenciarla de otros tipos de masas hepáticas.
  • Tejido conjuntivo abundante que se irradia a la periferia de la lesión.
  • Lesión de bordes mal definidos.
  • Abundantes vasos sanguíneos con proliferación fibrovascular.
  • Proliferación de conductos biliares.
  • Infiltrado inflamatorio difuso.
  • Tejido hepático normal dispuesto en forma de placa engrosada que se localiza entre tabiques de tejido conectivo.
  • Es la neoplasia benigna del hígado más común.
  • Se observa como una masa pequeña que no sobrepasa los 2 cm, de color rojo o azulado y suele encontrarse debajo de la cápsula.
  • En cuanto a los hallazgos histológicos, destacan: Lechos vasculares dilatados, los cuales pueden llegar a estar trombosados y se encuentran separados por tejido conjuntivo.

Este tipo de tumor benigno se presenta con más frecuencia en mujeres que en hombres y se asocia al uso de anticonceptivos orales.

  • Pueden ser masas únicas o múltiples, en este último caso se conoce como adenomatosis.
  • Los bordes son bien definidos y casi siempre se encuentran rodeados de una cápsula.
  • El tamaño de las lesiones es variable, pudiendo llegar a mediar hasta 30 cm.
  • Su coloración puede ser amarilla-verdosa o blanca.
  • Hepatocitos aparentemente normales, los cuales se disponen unos muy cerca de los otros hasta formar cordones gruesos.
  • No hay triadas portales, observándose vasos aislados a lo largo del tejido.

Hay tres aspectos por los cuales es sumamente importante reconocer un adenoma hepático y son:

  • Por su bajo riesgo de progresión hacia la malignidad.
  • Para diferenciarlo del carcinoma hepatocelular.
  • Hay riesgo de ruptura durante el embarazo, particularmente cuando su localización es subcapsular.

Las enfermedades del hígado son un grupo de patologías que tienen en común la afección del hígado y pueden deberse a diversas patologías. La mayoría de ellas, si se presentan de forma grave, pueden ocasionar una insuficiencia hepática, que se refiere a la pérdida de la capacidad del hígado para cumplir con sus funciones. Hay algunas, que por su evolución crónica, pueden determinar la aparición de cirrosis hepática, la cual es irreversible, siendo la hepatopatía alcohólica su principal causa. Otras patologías hepáticas frecuentes son las hepatitis producidas por los virus de la hepatitis A, B, C, D y E.

Para saber más acerca de los síntomas de las distintas enfermedades del hígado, te recomiendo ver el siguiente vídeo: El hígado inflamado es un trastorno muy común. Sus síntomas suelen ser muy diversos, algunas que las causas y el tratamiento para la inflamacion de higado. Descubre más sobre ello.

  • El hígado inflamado consiste en la inflamación y agrandamiento de este órgano.
  • Lo padecen muchas personas hoy en día. Su tratamiento médico depende de la causa de la inflamación.
  • Enfermedades hepáticas: Las principales enfermedades del hígado
  • Cáncer de hígado: qué es, síntomas, causas y tratamiento

Con el nombre de hepatomegalia se conoce médicamente a la inflamación del hígado. Es decir, cuando existe un agrandamiento o ensanchamiento del hígado más allá de lo que se considera como su tamaño normal. De esta forma, sus bordes superan sus límites considerados como normales, pudiendo causar a su vez determinadas molestias. No obstante, no siempre causa síntomas, de ahí que en muchos casos quizá no sea posible conocer que realmente el hígado está agrandado hasta que éste no evoluciona a etapas más graves.

De hecho, si la inflamación se deja progresar y se mantiene en el tiempo se pueden producir fibrosis, hasta progresar a cirrosis hepática, una afección aún más grave. Si tenemos en cuenta la gran diversidad de funciones del hígado, en las que precisamente participa de forma activa este importantísimo órgano de nuestro cuerpo, nos damos cuenta en realidad de que son muchos los padecimientos que pueden llegar a afectarle, y que en definitiva pueden causar la presencia de un hígado inflamado. De hecho, se trata de una afección muy relacionada con el higado graso, pudiendo ser una de sus complicaciones principales.

Normalmente el borde inferior del hígado llega justo hasta el borde inferior de las costillas, sobre el lado derecho. Este borde suele ser en la mayoría de los casos delgado y firme, no siendo posible sentirlo con las puntas de los dedos cuando éstos se sitúan por debajo del borde de las costillas (a no ser que se tome una respiración profunda, en cuyo caso sí sería posible). Por tanto, el hígado está inflamado o agrandado si el médico puede sentirlo en esta área. Como ya te comentábamos al comienzo de esta nota, nos encontramos ante un problema de salud más común de lo que se piensa, que médicamente es conocida con el nombre de hepatomegalia. Básicamente consiste en la inflamación hepática (o inflamación del hígado), lo que se traduce en que este órgano posee un tamaño mayor al considerado como normal.

Cuando el hígado se inflama es habitual que esté causado por otra enfermedad más grave, como por ejemplo podría ser como consecuencia de una acumulación excesiva de grasa en este órgano, o por una infección contraída por cualquiera de los virus que ocasionan hepatitis. No obstante, en la mayoría de las ocasiones no es fácil identificar la causa original que está causando la inflamación del hígado. Cuando la inflamación del hígado no es grave, en la mayoría de los casos tiende a no producir síntomas. ¿Por qué? Muy sencillo: fundamentalmente porque el hígado no presenta terminaciones nerviosas. Pero cuando el hígado ha crecido mucho sí es posible notar algunas molestias o síntomas, sobre todo cuando éste empieza a invadir a otros órganos, como por ejemplo pueden ser el estómago o el páncreas.

Sea como fuere, cuando hablamos de los síntomas de la inflamación del hígado, podemos mencionar a los siguientes:

  • Sensación de malestar.
  • Dolor muscular.
  • Náuseas, con vómitos o mareos en ocasiones.
  • Dolor intenso.
  • Distensión abdominal.
  • Sensación de pesadez, situada en el abdomen del costado derecho.
  • Cuando el hígado inflamado avanza, se produce ictericia (consistente en la coloración amarillenta/anaranjada de la piel).
  • Cambio en el color de las heces o de la orina.

Las causas pueden ser en realidad sumamente diversas, dado que debemos tener en cuenta no solo la grandísima diversidad de funciones en las que participa y que realiza el hígado, sino que también existen muchos padecimientos, enfermedades y patologías que lo afectan. Por tanto, las causas de la inflamación del hígado pueden ser las siguientes, sobre todo las más comunes:

  • Consumo de alcohol, lo que habitualmente genera a su vez hígado graso (conocida médicamente como esteatohepatitis hepática alcohólica).
  • Sobrepeso y obesidad.
  • Hepatitis: A, B y C.
  • Insuficiencia cardíaca congestiva.
  • Enfermedad por almacenamiento de glucógeno.
  • Mononucleosis infecciosa.
  • Sarcoidosis.
  • Carcinoma hepatocelular.
  • Síndrome de Reye.
  • Cirrosis biliar primaria.
  • Leucemia.
  • Enfermedad de Niemann-Pick.
  • Intolerancia hereditaria a la fructosa.
  • Esteatosis (hígado graso causado por obesidad, diabetes y triglicéridos altos).

Debemos tener en cuenta que el tratamiento del hígado inflamado debe pasar en primer lugar por el diagnóstico; es decir, por conocer cuál es la causa que haya provocado el agrandamiento del hígado. Una vez conocido, se establece un tratamiento cuyo objetivo es resolverlo o paliar sus síntomas.

Pongamos un ejemplo. En caso de hígado graso, es posible revertirlo siguiendo una dieta sana y baja en grasas, practicando ejercicio físico regular, evitando el consumo de alcohol y bajar de peso. De hecho, en caso de que ese hígado graso haya sido producido por el consumo de alcohol, es fundamental dejarlo para que no se siga dañando. Desde un punto de vista natural, es posible ayudar a que el hígado se desinflame y vuelva a su tamaño normal. En muchos casos, sobretodo cuando existe acumulación de grasa, una opción útil es depurar el hígado.

Para ello, existen determinadas plantas medicinales que pueden ser de grandísima ayuda:

  • Alcachofa: ayuda en el proceso natural de depuración del hígado. Está recomendada además en caso de mala digestión de las grasas, ictericia e hígado perezoso.
  • Cardo mariano: contiene silimarina, que ayuda a la hora de proteger las células del hígado. Además, ayuda en el proceso de regeneración de las células hepáticas.
  • Diente de león: ayuda a la hora de tratar la inflamación del hígado, gracias a que es una hierba depurativa y muy diurética. Actúa como tónico, con ligero efecto laxante y además ayuda a aumentar la producción de bilis.
  • Regaliz: ejerce un interesantísimo efecto antiinflamatorio, a la vez que es hepatoprotector (es decir, protege el hígado de forma natural, en especial las células hepáticas).

ENFERMEDAD POR HÍGADO GRASO
FATTY LIVER DISEASE – Spanish Dra. Ariel E. Feldstein 1,2
Dra. Marsha H. Kay (Fellow del Colegio Americano de Gastroenterología) 1

Miembros del Departamento de Gastroenterología Pediátrica y Nutrición 1
y del Departamento de Biología Celular 2 de la
Fundación de Cleveland Clinic en Cleveland, Ohio La enfermedad por hígado graso no alcohólico (EHGNA) abarca a un grupo de afecciones en las que se presenta excesiva acumulación de grasa dentro del hígado de gente que consume poco o nada de alcohol. La forma más común de esta enfermedad es una afección no grave conocida como hígado graso, en la que se acumula grasa dentro de las células hepáticas. A pesar de que tener grasa en el hígado no sea lo normal, la grasa en sí misma, posiblemente no daña al hígado. Entre la gente con enfermedad por hígado graso no alcohólico, un grupo pequeño podría presentar una afección más grave, llamada esteatohepatitis no alcohólica (EHNA). En la esteatohepatitis no alcohólica, la acumulación de grasa se relaciona con una inflamación de las células hepáticas y diferentes grados de fibrosis. La esteatohepatitis no alcohólica puede ser una afección grave, capaz de derivar en la presencia de mucha fibrosis en el hígado y cirrosis. La cirrosis ocurre cuando el hígado sufre bastantes daños y el tejido fibroso gradualmente reemplaza a las células del hígado (ver la ilustración), lo que conduce a que el hígado sea incapaz de funcionar adecuadamente. Algunos pacientes que desarrollan cirrosis podrían terminar requiriendo un trasplante de hígado (operación para extirpar el hígado dañado y reemplazarlo con otro “nuevo”).

La enfermedad por hígado graso no alcohólico es un trastorno muy común. Se calcula que esta enfermedad afecta hasta a 20 por ciento de personas adultas y casi 5 por ciento de niños. Se cree que la obesidad es la causa más común de infiltración grasa en el hígado. Algunos expertos calculan que en Estados Unidos, alrededor de 66 por ciento de adultos obesos y hasta 20 por ciento de niños obesos podrían tener hígado graso. Igualmente en Estados Unidos, cerca de 2 a 5 por ciento de las personas adultas y hasta 20 por ciento de gente obesa podría padecer la afección más grave de esteatohepatitis no alcohólica, aunque se desconoce la cantidad de niños que tendría esteatohepatitis no alcohólica. En los últimos diez años, la tasa de obesidad en Estados Unidos se ha duplicado entre los adultos y triplicado entre niños y adolescentes, lo que explicaría por qué la enfermedad por hígado graso no alcohólico y la esteatohepatitis no alcohólica se han vuelto más comunes.

¿Qué causa la enfermedad por hígado graso no alcohólico y la esteatohepatitis no alcohólica?

La enfermedad por hígado graso no alcohólico es parte de un síndrome metabólico caracterizado por diabetes o prediabetes (resistencia a la insulina), gordura u obesidad, elevación de los lípidos sanguíneos como el colesterol y los triglicéridos, además de hipertensión. No todos los pacientes presentan todas las características del síndrome metabólico. Se sabe menos sobre las causas para el desarrollo de la esteatohepatitis no alcohólica y los científicos se concentran en estudiar varios factores que podrían contribuir, entre ellos los siguientes:

  • Estrés oxidativo (desequilibrio entre las sustancias químicas prooxidantes y antioxidantes que deriva en daño de las células hepáticas)
  • Producción y liberación de proteínas inflamatorias tóxicas (citocinas) por parte de las propias células inflamatorias, hepáticas o grasas del paciente
  • Necrosis o muerte de las células hepáticas, conocida como apoptosis

¿Cuáles son las señales y síntomas de la enfermedad por hígado graso no alcohólico y de la esteatohepatitis no alcohólica?

La mayoría de personas que padece la enfermedad por hígado graso no alcohólico no presenta ningún síntoma al realizar un examen normal. Los niños podrían mostrar síntomas, tales como dolor en medio del abdomen o en la parte superior derecha de éste y, a veces, cansancio. No obstante, primero se deben considerar otras causas para el dolor abdominal y el cansancio. Cuando se realiza el examen físico, el hígado podría encontrarse ligeramente agrandado y en algunos niños podrían haber zonas de piel con decoloración oscura (acantosis nigricans), que más comúnmente se presentan en el cuello y axila.

¿Cómo se diagnostica la enfermedad por hígado graso no alcohólico y/o la esteatohepatitis no alcohólica?

El diagnóstico de enfermedad por hígado graso no alcohólico, por lo general, se sospecha primero en aquella persona gorda u obesa con resultados ligeramente elevados en los exámenes hepáticos realizados durante cualquier análisis habitual de sangre. Actualmente, algunos expertos recomiendan que a todo niño u adolescente obeso se le revisen las enzimas hepáticas; pese a que la enfermedad por hígado graso no alcohólico pueda existir aunque los resultados de los análisis de sangre sean normales. El diagnóstico de esta enfermedad se confirma mediante estudios por imágenes, entre los cuales el más común es la ecografía del hígado, pues dichos exámenes revelan la acumulación de grasa en el hígado. La acumulación grasa dentro del hígado también puede ser producto del consumo excesivo de alcohol, de ciertos medicamentos, de hepatitis viral, de una enfermedad de tipo autoinmune del hígado y de una enfermedad metabólica o heredada del hígado. A fin de confirmar el diagnóstico de enfermedad por hígado graso no alcohólico, primero deben excluirse estas afecciones como la causa. Actualmente, el único medio confiable de determinar si alguien sufre de enfermedad por hígado graso no alcohólico es mediante una biopsia hepática, para lo cual después de administrar anestesia local, se introduce una pequeña aguja a través de la piel y se obtiene una pequeña muestra de hígado para evaluación bajo el microscopio. La enfermedad por hígado graso no alcohólico se diagnostica cuando el examen microscópico de la muestra revela infiltración grasa dentro del hígado, inflamación y diferentes grados de fibrosis. Si solamente se encuentra grasa, entonces se establece el diagnóstico de hígado graso simple. La biopsia del hígado ofrece información fundamental respecto al grado de fibrosis hepática, lo que no se podría ver solamente en un examen de sangre, ecografía o radiografía. A pesar de que la biopsia del hígado rara vez conlleve riesgos graves, tales como sangrado, los pacientes deben siempre hablar sobre los riesgos y ventajas del procedimiento con sus médicos.

¿Cuáles son los riesgos de padecer la enfermedad por hígado graso no alcohólico o la esteatohepatitis no alcohólica?

La mayoría de gente con enfermedad por hígado graso no alcohólico, especialmente quienes tienen hígado graso simple sin inflamación, casi no presentan problemas fruto de la afección. No obstante, alrededor de 25 por ciento de quienes padecen esteatohepatitis no alcohólica podrían presentar fibrosis hepática que empeora con el tiempo. En general, el avance de la fibrosis es lento y puede demorar años o hasta décadas. En algunos pacientes, la fibrosis puede estabilizarse y existen casos en los que las personas perdieron bastante peso y luego se comprobó que la fibrosis revirtió. En otras personas, en cambio, la afección continúa avanzando y se acumula tejido fibroso en el hígado, derivando en cirrosis. En Estados Unidos, cada vez es más común que la esteatohepatitis no alcohólica sea la razón para requerir un trasplante de hígado.

cytotec antes de poner el diu

Entre los distintos procesos que se puede encontrar el médico en las pruebas están:

  • Quiste Hidatídico: Es fácil de verificar si se ven grupos de quistes y se detecta la presencia de parásitos.
  • Abcesos: Cursa con dolor con dolor y fiebre y un aumento de proteínas, con lo cual es fácil descartarlo con un analítica como el hemograma.
  • Poliquistosis: Se detecta ya que va asociada a problemas renales.
  • Tumores Benignos: Se detectan por la apreciación de engrosamiento y se da en muy pocas ocasiones, se conoce como cistoadenoma.
  • Tumores Malignos: Tanto el cistocarcinoma como el necrósado son de intervención quirúrgica urgente, el primero suele se provocado por la denigración de uno benigno y el segundo por metástasis procedentes de otros órganos.

Los quistes hepáticos simples en general no suelen necesitar tratamiento, el médico puede hacer un seguimiento para evaluar su evolución. En casos de quistes de tamaño medio o grande se proceder a reducir o eliminar el quiste. El mejor tratamiento si hay molestias es quitar el tinte y se suele hacer a través de laparoscopia. El médico hace dos o tres pequeñas incisiones para poder eliminar estos quistes. Requiere aproximadamente un día o dos en el hospital y los pacientes se recuperan generalmente en 2 semanas. También te puede interesar:

Su médico le acaba de decir que usted sufre de la enfermedad de Crohn. ¿Ahora qué? Lo más probable es que usted nunca antes haya oído hablar de esta enfermedad. Es más, la mayoría de las personas no están familiarizadas con la enfermedad de Crohn y ahora usted tiene que enfrentarse a ella. Probablemente tenga muchas preguntas.

Algunas de las más comunes son:

  • ¿Qué es la enfermedad de Crohn?
  • ¿Tiene cura la enfermedad de Crohn y cuál es el pronóstico?
  • ¿Cómo me dio a mí?
  • ¿Podré trabajar, viajar o hacer ejercicio?
  • ¿Debo seguir una dieta especial?
  • ¿Cuáles son mis opciones de tratamiento?
  • ¿Necesitaré cirugía?
  • ¿Cómo cambiará mi vida la enfermedad de Crohn, tanto ahora como en el futuro?

El propósito de este folleto es proporcionarle respuestas que le ayudarán a contestar esas preguntas, y explicarle paso a paso los puntos claves de la enfermedad de Crohn y lo que podrá esperar en el futuro. No se va a convertir en un experto de la noche a la mañana, pero aprenderá más y más con el paso del tiempo. En cuanto más informado esté, podrá manejar su enfermedad mucho mejor y participar activamente en su propio equipo de salud. ¿Qué es la enfermedad de Crohn?

La enfermedad de Crohn se llama así en honor al Dr. Burrill B. Crohn, quien publicó un papel de gran importancia junto con sus colegas Oppenheimer y Ginzburg en 1932 describiendo lo que hoy se conoce como la enfermedad de Crohn. La enfermedad de Crohn pertenece a un grupo de afecciones conocidas como enfermedad inflamatoria intestinal (EII). La enfermedad de Crohn es una afección crónica inflamatoria del tracto gastrointestinal. Los síntomas incluyen dolor abdominal con cólico, náuseas, fiebre, pérdida de apetito, pérdida de peso y fatiga, y, a veces, sangrado rectal. Cuando usted sufre de la enfermedad de Crohn, no tendrá los mismos síntomas todo el tiempo. Es más, a veces no tendrá ningún síntoma. Cuando no tiene ningún síntoma, esto se llama remisión. Al leer acerca de las enfermedades inflamatorias del tracto gastrointestinal, necesita saber que la enfermedad de Crohn no es lo mismo que la colitis ulcerosa, otro tipo de EII. Los síntomas de estas dos enfermedades son bastante similares, pero las áreas afectadas de su cuerpo son diferentes. La enfermedad de Crohn puede afectar cualquier parte del tracto gastrointestinal, desde la boca hasta el ano, pero la colitis ulcerosa está limitada al colon—también llamado el intestino grueso. La enfermedad de Crohn más comúnmente afecta la parte donde termina el intestino delgado (el íleo) y donde comienza el colon. La enfermedad de Crohn también puede afectar todo el grosor de la pared intestinal, mientras que la colitis ulcerosa sólo involucra la parte más profunda de la pared intestinal. Y por último, en la enfermedad de Crohn la inflamación del intestino puede “saltarse”—dejando áreas normales entre las áreas afectadas por la enfermedad intestinal. En la colitis ulcerosa, esto no ocurre. En sólo

el 10 por ciento de los casos las características de la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn coinciden, esta enfermedad se conoce como colitis indeterminada. ¿Se irá algún día?

Nadie sabe exactamente qué es lo que causa la enfermedad de Crohn. También, nadie puede predecir cómo la enfermedad—una vez diagnosticada—afectará a una persona en particular. Para algunas personas pueden pasar años sin tener ninguna clase de síntomas, mientras que otros tienen brotes, o ataques más frecuentes. Sin embargo, una cosa es cierta: la enfermedad de Crohn es una afección crónica. Las afecciones crónicas son condiciones persistentes. Pueden ser controladas con tratamiento, mas no curadas. Eso quiere decir que la EC es una enfermedad a largo plazo. De hecho, muchas de las enfermedades médicas tales como la

diabetes, la presión alta y las enfermedades cardiacas son tratadas con éxito mas no curadas. Ocasionalmente las personas pueden desarrollar complicaciones graves que pueden ser serias— tal como el cáncer colorrectal—pero esto ocurre en un número muy pequeño de personas afectadas por la EII. Los estudios muestran que las personas que sufren de la EII usualmente tienen la misma expectativa de vida que aquellas personas sin la EII. Es importante recordar que la mayoría de las personas que sufren de la enfermedad de Crohn llevan una vida muy activa, feliz y productiva. Breve introducción al sistema gastrointestinal

La mayoría de nosotros no estamos familiarizados con el tracto gastrointestinal, aun cuando ocupa una gran parte del “espacio” de nuestros cuerpos. Aquí hay un repaso breve: El tracto gastrointestinal (véase la figura 1) comienza en la boca. Sigue un recorrido torcido y curvilíneo y termina, muchas yardas después, en el recto. Entremedio hay un número de órganos los cuales tienen una función en el procesamiento y transporte de la comida a través del cuerpo.

El primero es el esófago, un tubo delgado que conecta la boca al estómago. La comida pasa por el estómago y entra al intestino delgado. Esta es la sección donde la mayoría de los nutrientes son absorbidos. El intestino delgado luego se dirige al colon, o intestino grueso, el cual conecta al recto. La función principal del colon es absorber el exceso de agua y sales del material de desecho (lo que sobra después de que la comida ha sido digerida). También almacena el desecho sólido, convirtiéndolo en heces, y lo excreta por el ano.

Cuando ocurre la inflamación, las funciones principales son afectadas, incluyendo la absorción de agua. Como resultado, la diarrea puede ser un síntoma muy común durante los brotes de la enfermedad de Crohn. ¿A quién le da la enfermedad de Crohn?

Aproximadamente 1.4 millones de americanos sufren hechos rapidos la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn. Ese número está dividido en partes casi iguales entre las dos enfermedades. A continuación hay algunos datos resumidos y unas estadísticas:

  • Cerca de 30,000 nuevos casos de la enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa son diagnosticados cada año.
  • El promedio de personas más frecuentemente diagnosticadas con la enfermedad de Crohn fluctúa entre los 15 y 25 años de edad, pero la enfermedad puede ocurrir a cualquier edad.
  • La enfermedad de Crohn puede ocurrir en las personas de 70 años de edad y mayores, y también en los niños pequeños. Se estima que un 10 por ciento de aquellos afectados tienen menos de 18 años de edad.
  • Los hombres y las mujeres parecen estar afectados por partes iguales.
  • Mientras que la enfermedad de Crohn puede afectar a aquellos de cualquier grupo étnico, los caucásicos son afectados más que cualquier otro grupo. Prevalece más que todo entre la populación judía de la Europa Oriental.
  • Tanto la enfermedad de Crohn como la colitis ulcerosa son enfermedades encontradas principalmente en países desarrollados, más comúnmente en las áreas urbanas que en las áreas rurales, y más a menudo en climas del norte que del sur. Sin embargo, algunos de estos patrones de enfermedad están cambiando gradualmente. Por ejemplo, el número de casos de la EII está aumentando en partes del mundo en vías de desarrollo, incluyendo la China, India y América del Sur.

La conexión genética Los investigadores han descubierto que la enfermedad de Crohn tiende a correr en las familias. De hecho, los parientes de primer grado de una persona afectada por la Ell tienen un riesgo de brote de entre el 5,2 y el 22,5 por ciento. También depende de cuál miembro de familia sufre de la EII, etnicidad, y la clase de EII—ya sea enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa. Sus genes claramente tienen un papel importante, aun cuando todavía no se ha identificado un patrón hereditario. Eso quiere decir que actualmente no hay manera de predecir si la enfermedad de Crohn se manifestará en algún miembro de la familia.

¿Qué causa la enfermedad de Crohn? Nadie sabe la(s) causa(s) exacta(s) de la enfermedad. Una cosa es cierta: Nada de lo que usted hizo le causó la enfermedad de Crohn. Nadie lo contagió. No fue nada de lo que usted comió o bebió que hiciera que brotaran los síntomas. Una vida llena de estrés no causó que se enfermara. Así es que, sobre todo, ¡no se culpe a sí mismo!

¿Cuáles son algunas de las causas más comunes? La mayoría de los expertos piensa que hay una explicación multifactorial. Esto quiere decir que se necesita un número de factores trabajando en conjunto para dar lugar a la enfermedad de Crohn. Los tres factores principales que se sospecha contribuyen a la enfermedad de Crohn son:

  1. Ambiental
  2. Genético
  3. Una reacción inadecuada del sistema immunológico del cuerpo

Lo más probable es que una persona hereda uno o más genes que lo hacen a él o a ella susceptible a la enfermedad de Crohn. Entonces, algo en el ambiente ocasiona que el sistema inmune responda en forma anormal. (Los científicos

todavía no han identificado al “activador” o los “activadores” ambientales.) Cualquiera que sea que lo active, provoca que el sistema inmune de la persona “se encienda” y comience a atacar el sistema gastrointestinal. Ahí es cuando comienza la inflamación. Desafortunadamente, el sistema inmune no “se apaga,” así es que la inflamación continúa, dañando los órganos digestivos, causando los síntomas de la enfermedad de Crohn. ¿Cuáles son los indicios y síntomas?

A medida que la pared intestinal se vuelve más inflamada y ulcerosa, pierde la habilidad de absorber agua del desecho que pasa por el colon. Eso, a su vez, conduce a que progresivamente se aflojen las heces—en otras palabras, diarrea. La pared intestinal dañada puede comenzar a producir exceso de mucosidad en las heces. Además, la ulceración en la pared del intestino puede causar sangrado, dando como resultado heces sanguinolentas. Eventualmente, esa pérdida de sangre puede causar conteo bajo de células rojas, conocido como anemia.

La mayoría de las personas con la enfermedad de Crohn sufren de movimiento intestinal urgente así como también dolor abdominal y cólico. Estos síntomas varían de persona a persona y pueden cambiar con el tiempo. A la vez, éstos pueden resultar en la pérdida de apetito y posteriormente pérdida de peso. Estos síntomas, junto con la anemia, también pueden conducir a la fatiga. Existe la posibilidad de que los niños que sufren de la enfermedad de Crohn tengan deficiencias en su desarrollo y crecimiento. Los síntomas pueden variar de leves a severos. A causa de que la enfermedad de Crohn es una afección crónica, los pacientes pasarán por períodos en que la enfermedad rebrota (está activa) y causa síntomas. Entre los rebrotes, las personas podrían no sufrir de ninguna aflicción en lo más mínimo. Estos períodos libres de la enfermedad (conocidos como “remisión”) podrían pasar meses y aún años, aunque los síntomas típicamente regresan en algún momento.

La inflamación también podría causar que se desarrolle una fístula. Una fístula es un túnel que va de un bucle del intestino a otro, o que conecta el intestino a la vejiga, vagina, o la piel. Las fístulas ocurren más comúnmente alrededor del área anal. Si esta complicación surge, podría notar drenaje de moco, pus, o heces por esta abertura. Otras afecciones que pudieran ocurrir en algunos pacientes incluyen las constricciones, el estrechamiento de los intestinos; fisuras, desgarramientos en la pared del ano; y abscesos. Un absceso es una masa sensible llena de pus por una infección.

Más allá del intestino Además de los síntomas en el tracto gastrointestinal, algunas personas también pueden sufrir una variedad de síntomas en otras partes del cuerpo asociados con la enfermedad de Crohn. Los signos y síntomas de la enfermedad pueden ser evidentes en:

contraindicaciones para usar cytotec

La biopsia se considera el “estándar de oro” para determinar la extensión de la enfermedad hepática, pero existen varios puntos de interés con respecto a este procedimiento que se deben considerar. La biopsia hepática no siempre es exacta, y se trata de un procedimiento invasivo y no exento de posibles complicaciones, como sangrado e infección. Algunos pacientes pacientes sometidos a esta prueba tienen dolor que requiere medicación. Las complicaciones raras incluyen la punción de otro órgano, la infección y la hemorragia. Si se eliminan las causas que la han provocado (virus, alcohol, etc) el hígado tiene una sorprendente capacidad para regenerarse a sí mismo, de manera que esta condición puede ser detenida antes de que evolucione hacia la cirrosis, e incluso puede hacerse retroceder hasta que el hígado recupera su morfología normal.

La evolución de los enfermos con cirrosis avanzada se ve complicada por una serie de síntomas que son independientes de la causa de la enfermedad, es decir, que aparecen por igual en pacientes con cirrosis de origen alcohólico o por virus de la hepatitis C. Estos efectos son producidos por la alteración severa de la función del hígado e indican que el órgano está fallando. Las complicaciones más frecuentes son las varices, el aumento del tamaño del bazo, la ascitis, la encefalopatía hepática, la peritonitis bacteriana o el cáncer de hígado.

  • Las varices esofágicas son dilataciones de las venas del esófago. La alteración del tejido hepático obstruye los vasos y aumenta la presión. Si se rompen pueden sangrar dando lugar a una hemorragia digestiva que puede llegar a ser muy grave. Esta puede manifestarse por vómitos de sangre o eliminación de sangre por las heces. Los vómitos pueden ser de sangre roja fresca, si las varices son grandes y el sangrado importante. Si se sangra menos cantidad, la sangre se digiere en el estómago, los vómitos son de color negro, y se denominan 'en posos de café' por el aspecto que presentan. Cuando la sangre se elimina por las heces también puede hacerlo de dos formas: si el sangrado es abundante el paciente puede tener deposiciones de color rojo; si es de menor cuantía la sangre se digiere, en parte, en el estómago y las heces se tiñen de color negro, dando lugar a lo que conocemos por 'melenas'.

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El tratamiento de las varices se puede hacer de diferentes formas, muchas de ellas simultáneas. Cuando el paciente está sangrando se suele realizar una endoscopia digestiva (se mete un tubo flexible por la boca, con una cámara de video que permite ver las lesiones que existen). A través del tubo se pueden realizar algunos tratamientos como la esclerosis de las varices (inyección de una sustancia química que cicatriza el vaso). También se pueden anudar las venas, con unas bandas elásticas, para evitar que sigan sangrando. El principal problema de este tratamiento es que a veces el sangrado es tan grande que no se puede ver exactamente por dónde fluye. En algunas ocasiones, los enfermos tienen que ser intervenidos.

También existen medicamentos que ayudan a reducir la tensión de las venas y, con ello, el riesgo de sangrado. El principal problema es que estos medicamentos bajan la tensión y algunos pacientes se marean al tener tensiones muy bajas. Los fármacos usados con más frecuencia son el propranolol (Sumial®) y el dinitrato de isosorbida (Uniket®), aunque hay otros muchos.

  • Sangrado a otros niveles. En los pacientes cirróticos el hígado no produce suficiente cantidad de sustancias que actúan en la coagulación de la sangre por lo que, si existe una herida, por pequeña que sea, ésta puede sangrar sin que los mecanismos de control sean eficaces como para que se produzca el taponamiento. Es frecuente que los pacientes sangren por las encías o por la nariz, o que tengan hematomas ante pequeños golpes.
  • Se suele dar vitamina K por vía oral o inyectada para intentar mejorar la coagulación de la sangre. Es muy importante que los pacientes eviten los cortes o los golpes importantes y todas las situaciones que les expongan a un alto riesgo de producirse una herida. Es preferible el afeitado con máquina eléctrica, por ejemplo, antes que las cuchillas de afeitar.

    • Episodios de ascitis. La acumulación de líquido en la cavidad abdominal se denomina ascitis. El paciente puede notar aumento del perímetro abdominal (como si se hinchara) e incluso puede ganar peso. En ocasiones esto se acompaña de aparición de edemas (hinchazón) de las piernas.

    La ascitis se puede tratar con restricción de sodio (dietas pobres en sal), medicamentos que hacen orinar más al paciente (diuréticos) y le ayudan a eliminar líquidos retenidos. También puede tratarse con la extracción del líquido mediante punción en la tripa con una aguja que se conecta a un sistema por el que va drenándose el líquido. Esta última forma es más rápida puesto que puede llegar a eliminar más de 8 litros en una sola sesión (se necesitan muchos días de tratamiento con diuréticos para eliminar esta cantidad), aunque más molesta. Se reserva para las situaciones en las que el líquido produzca distensión en el abdomen y dolor.

    • Peritonitis bacteriana. Algunas veces el líquido que hay en el abdomen (líquido ascítico) puede infectarse, lo que puede producir fiebre, dolor abdominal y descompensación de la situación del paciente. Ocurre con más frecuencia cuando la enfermedad está avanzada y el líquido no tiene casi proteínas que puedan defenderse de las bacterias. Se trata con antibióticos y en algunos casos (si las peritonitis son frecuentes o el riesgo de que vuelvan a aparecer muy alto) se da al paciente antibióticos de forma prolongada para evitar que aparezcan de nuevo.
    • Encefalopatía hepática. La causa concreta de esta complicación no se conoce. El hígado, que actúa en condiciones normales como un filtro, pierde parte de su capacidad y eso conduce a que se acumulen en la sangre sustancias tóxicas que no han sido debidamente depuradas por el hígado. Parece que el aumento de amoniaco en la sangre podría ser responsable de algunos de los síntomas de este cuadro.

    Los pacientes se desorientan, tienen tendencia al sueño y a la confusión y aparecen temblores. La afectación se divide en grados: inicialmente el enfermo puede estar eufórico o deprimido, un poco confuso. En grados más avanzados tiende a dormirse y se desorienta (no sabe donde está, confunde a sus familiares, o no se acuerda de su edad). Si la afectación progresa, el paciente pasa a estar dormido, aunque puede despertarse si se le estimula. El grado más avanzado es el del coma: los enfermos pueden no llegar a despertarse ni con estímulos intensos.

    Generalmente la encefalopatía suele aparecer después de algún desencadenante: por ejemplo, una hemorragia digestiva, la sangre se absorbe en el estómago y se aumenta el amoniaco en la sangre. Dietas muy ricas en proteínas, estreñimientos, fármacos etc también pueden contribuir a la aparición de este cuadro. Para evitar que las bacterias de intestino fabriquen más amoniaco a partir de las proteínas de la dieta se debe reducir el consumo de éstas, se dan antibióticos por boca para que maten las bacterias del intestino y se debe evitar el estreñimiento. Para esto último, los individuos deben recibir laxantes suaves, como la lactulosa, que asegure que hagan una o dos deposiciones al día. En caso de que no sean eficaces debe recurrirse a los enemas.

    • Esplenomegalia. El incremento del tamaño del bazo se debe al aumento de la presión sanguínea de los vasos que salen del hígado. Su consecuencia más importante es que se destruyen más glóbulos rojos, blancos y más plaquetas de los que es preciso, por lo que los pacientes pueden tener anemia, leucopenia o plaquetas bajas. Por lo general, no se trata de ninguna manera especial, aunque en algunas situaciones es preciso quitar el bazo para controlar los problemas (sobre todo los derivados de las bajadas de plaquetas).
    • Cáncer de hígado. Las enfermedades crónicas del hígado predisponen a la aparición del cáncer de hígado. Los pacientes con cirrosis tienen muchas más posibilidades de presentar la enfermedad que la población sana. Muchas veces los tumores pasan desapercibidos y los síntomas pueden confundirse con los de la cirrosis. El empeoramiento de una enfermedad estable puede ayudar a sospechar la presencia de un cáncer que se puede diagnosticar con una ecografía, o un escáner. El aumento de una sustancia en la sangre denominada alfa-fetoproteína es sugestivo de aparición de un tumor. El diagnóstico seguro se hace con biopsia hepática (se toma una muestra de la parte del hígado sugestiva de tumor y se mira a través del microscopio. La forma del tejido permite saber si las células son tumorales o no).

    Edema es la acumulación de líquido en los tejidos orgánicos. La constitución del líquido extravasado es variable, siendo semejante a la del plasma en relación con las sustancias dializables. La tasa de proteínas varía de acuerdo con la etiología. Los factores que participan en la fisiopatología del edema son varios, destacándose:

    Ø Presión de los líquidos en el interior de los sistemas vasculares venoarterial y linfático. Ø Presión oncótica ejercida por las proteínas (plasmáticas e intersticiales.)

    Ø Permeabilidad del sistema vascular. Ø Mecanismo de reabsorción renal de agua y electrolitos.

    Es común que en la fisiopatología de un determinado tipo de edema, participen no solamente uno, sino varios factores, existiendo lo que se puede denominar naturalmente, el factor fisiopatológico básico. En todos los tipos de edema, la mayor parte del líquido acumulado proviene del compartimiento intravascular. Solamente una ínfima parte se origina en el compartimiento intracelular.

    Desde el punto de vista clínico, el edema generalizado sólo se observa cuando el acúmulo de líquido intersticial sobrepasa el 8% del peso corporal. Este es un aspecto fundamental en la fisiopatología de los edemas. Si recordamos que el agua intravascular representa el 5% del peso corporal, ni siquiera la migración de todo el líquido intravascular hacia el espacio intersticial sería suficiente para producir un edema clínicamente apreciable. De tal manera, existe la necesidad de un equilibrio hidrosalino positivo para la formación del edema. Este equilibrio positivo exige una reabsorción renal aumentada de agua y electrolitos (especialmente sodio), sin lo cual no es posible que haya edema. De ahí que la formación del edema sea un proceso activo, dinámico. Las fuerzas que actúan permitiendo un equilibrio entre los líquidos intra y extravasculares son:

    *presión capilar media *presión coloidosmótica plasmática. *presión coloidosmótica intersticial *presión mecánica intersticial.

    *permeabilidad capilar *flujo linfático. Siendo la presión capilar media representada por la media entre las presiones capilar arterial (PA) y venosa (PV), tendremos la siguiente ecuación para representar el equilibrio antes mencionado:

    (PA + PV) / 2 + POIntersticial = POPlasmática + P. mecánica intersticial. ( 30 + 20) / 2 + 2mms Hg. = 24 – 30mms. + 2 – 4 mms. Hg.

    ASPECTOS FISIOPATOLÓGICOS GENERALES. Para que sean plenamente satisfechas las exigencias metabólicas de los tejidos, es necesario un volumen sanguíneo arterial ideal. Esta cantidad de sangre se denomina

    “Volumen arterial circulante efectivo” (VACE). Muchos factores regulan el VACE, entre ellos: bombeo cardiaco, dinámica del sistema vascular, factores neurohumorales, hormonas, riñones, electrolitos, etc. Así no basta el concepto de volumen sanguíneo para interpretar bien el VACE. Hay situaciones en que la volemia está aumentada (insuficiencia cardiaca por Ej.) y el VACE disminuido. En gran parte de los diferentes tipos de edema, el VACE está disminuido. Esta reducción acciona mecanismos que aumentan la reabsorción de agua y sodio por los riñones, tratando de reconstruirlo. Las principales estructuras sensibilizadas por la disminución del VACE son los barro receptores (carotídeos, aórticos y yuxtaglo- merulares).Los receptores carotídeos y aórticos responden promoviendo el estímulo hipotalámico y la secreción de ACTH y glomerulotropina. Este mecanismo es de acción rápida y fugaz y nada comparable con el que promueve el aparato yuxtaglomerular. El estímulo de los barro receptores yuxtaglomerulares provoca una respuesta prolongada y estable, al contrario de los otros receptores. En presencia de un VACE deficitario, el aparato yuxtaglomerular elabora una enzima, la renina.Esta actúa sobre una alfa –2-globulina, el angiotensinógeno, liberando un decapéptido, la angiotensina I. Por medio de mecanismos enzimáticos la angiotensina I es transformada en octapéptido:la angiotensina II, que es un poderoso vasoconstrictor, además, el más potente estimulador de la secreción de aldosterona por las suprarrenales.

    Así, el ACTH liberando corticosteroides y la angiotensina II y la glomerulotro- pina, estimulando la secreción de aldosterona, aumentan la reabsorción renal de agua y sodio por los riñones. En relación con la aldosterona, recientes estudios admiten que su secreción puede ser estimulada también por la hiperpotasemia y, tal vez, por la acción del binomio insulina-glucosa. Si persiste la causa desencadenante de la disminución del VACE, el aumento de la reabsorción de sodio y agua por los riñones es progresiva, produciéndose así la trasudación capilar y el edema. Otro aspecto común a los diferentes tipos de edema es el relacionado con los mecanismos de reabsorción de sodio y agua. Los hechos básicos de estos mecanismos son:

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