Para diagnosticar la AR, su médico tomará su historial clínico y le hará un examen físico. El médico buscará ciertas características de la AR, incluyendo: • hinchazón, calor y movilidad limitada de las articulaciones

• nódulos o bultos bajo la piel • el patrón de las articulaciones afectadas

Su médico también podría preguntarle si ha experimentado fatiga o una sensación general de rigidez, especialmente al levantarse por las mañanas, ya que estos dos síntomas están asociados con la AR. Análisis de sangre

Su médico también podría recomendar que se practique algunos análisis de sangre. Ciertos análisis detectan la presencia de un anticuerpo llamado factor reumatoide, el que puede ser una señal de AR. Sin embargo, el factor reumatoide se halla también en muchas personas que no tienen de AR. Otras anomalías que se descubren a través de pruebas de laboratorio, incluyen la anemia y una elevada velocidad de sedimentación globular media (VSG) o proteína C reactiva (PCR), las cuales indican presencia de inflamación. Aunque estos análisis de sangre pueden ser útiles para establecer un diagnóstico, no hay una prueba única que pueda establecer o excluir un diagnóstico de AR.

Aunque durante la primera etapa de la AR las radiografías suelen resultar normales, los daños articulares que pueden aparecer a medida que progresa la enfermedad, ayudan a confirmar el diagnóstico. Entre los resultados que suelen sugerir la presencia de AR se incluyen: • pérdida ósea en los márgenes de la articulación, llamadas erosiones

• pérdida de cartílago articular Consulte con un reumatólogo siempre que haya dudas sobre el diagnóstico.

En la actualidad, no existe cura para la AR y tal vez hasta que no se conozca una causa de la AR, probablemente no será posible erradicar la enfermedad por completo. Sin embargo, el tratamiento inmediato es crucial y en la actualidad existen tratamientos con medicamentos muy eficaces. Los métodos actuales de tratamiento se centran en:

• detener o retrasar el daño articular • mejorar las funciones y el bienestar del paciente

El programa de tratamiento será adaptado de acuerdo a sus necesidades teniendo en cuenta la gravedad de la artritis, si existieran otras afecciones clínicas y su propio estilo de vida. Su médico y otros miembros de su equipo de asistencia médica trabajarán en conjunto para encontrar el mejor programa de tratamiento para usted. Su equipo de asistencia médica

El tratamiento de la AR a menudo requiere de trabajo en equipo, el cual beneficia al paciente, al unir la experiencia de profesionales de la salud de diferentes ramas. Un reumatólogo (médico especializado en artritis y otras enfermedades de los huesos, músculos y articulaciones) debería participar como líder del equipo de salud. El reumatólogo puede coordinar su cuidado con el médico de familia, con un médico especializado en medicina interna (un internista), o con otros profesionales de la salud que a menudo desempeñan papeles importantes para ayudarle a controlar la AR, incluyendo:

¿QUÉ MEDICAMENTOS SE UTILIZAN? Los medicamentos que se utilizan para tratar la AR se pueden dividir en dos grupos:

• los que pueden aliviar los síntomas; y • los que pueden modificar la enfermedad.

Su médico quizás le recomiende el uso de dos o más medicamentos en forma simultánea, cada uno de los cuales tendrá un propósito específico en el tratamiento de la AR. Algunos de estos medicamentos afectan el sistema inmunológico o tienen efectos secundarios, por lo que será de gran importancia una cuidadosa supervisión durante el tratamiento. Es necesario considerar que, aunque todos los medicamentos (incluso aquellos cuya venta no está restringida) tienen efectos secundarios, es necesario el tratamiento pronto de la AR, ya que si no se la trata puede causar problemas serios, como la destrucción de las articulaciones. Por lo tanto, las decisiones relacionadas con el tratamiento deben hacerse pensando también en los beneficios del tratamiento (alivio del dolor, prevención de la discapacidad) y los riesgos. Inclusive se debe analizar el costo de la utilización de ciertos tipos de fármacos.

Llame a su médico, enfermero o farmacéutico si tiene alguna duda sobre sus medicamentos, o si piensa que éstos están produciéndole efectos secundarios o si es que no están actuando adecuadamente. Más información adelante. EJERCICIO, ACTIVIDAD Y DESCANSO: ¿CUÁNTO DEBE HACER?

Los médicos y terapeutas saben que el ejercicio puede mejorar su salud y aptitud física sin lesionar las articulaciones. La actividad física moderada y habitual ayuda a: • fortalecer los músculos y huesos

• aumentar la flexibilidad y la energía • mejorar la sensación de bienestar general

Puede trabajar con su equipo de asistencia médica para determinar la mejor combinación de ejercicio, actividad y descanso para su afección. La intensidad y frecuencia de los ejercicios,la actividad y el descanso, se basarán en que tan activa es su enfermedad. Es importante que aprenda a adaptar sus actividades para lograr el mejor estado de salud física. Cuando una articulación está caliente, adolorida e hinchada, el descanso ayudará a disminuir la inflamación de la articulación. Su médico o fisioterapeuta puede guiarle sobre la cantidad y el tipo de descanso que necesita. Usted aún debe ocuparse de la movilidad de las articulaciones realizando ejercicios de amplitud de movimiento e isométricos para la fortaleza muscular. Los ejercicios de amplitud de movimiento ayudan a mantener la movilidad de las articulaciones y usualmente se realizan sin peso. Debe mover las articulaciones a lo largo de toda la amplitud de movimiento, prestando especial atención al final del movimiento, donde la movilidad podría perderse primero. Los ejercicios isométricos le pueden ayudar a mantener fuertes los músculos sin mover las articulaciones. Su médico o fisioterapeuta puede enseñarle la manera adecuada de realizar estos ejercicios. Como estos ejercicios no implican movimiento de las articulaciones, se pueden hacer cómodamente incluso cuando la inflamación está presente. Por lo general, puede continuar con ejercicios acuáticos durante los períodos de agudización, porque la flotación del agua ayuda a proteger las articulaciones y facilita los movimientos.

Cuando los síntomas estén bajo control, deberá reanudar gradualmente un programa completo de ejercicios que incluya ejercicios aeróbicos, ya que el ejercicio cardiovascular es importante para: Los programas de bajo impacto para mantenerse en forma, como caminar o montar en una bicicleta fija, son por lo común buenas opciones. Hable con su médico o fisioterapeuta sobre elprograma adecuado para usted.

¿CUÁNDO CONVIENE RECURRIR A LA CIRUGÍA DE LAS ARTICULACIONES? Si siente dolor y de discapacidad a causa de un daño severo en las articulaciones, su médico podría sugerirle el reemplazo total de la articulación (llamado también artroplastia total dela articulación). El reemplazo de la articulación le puede ayudar a preservar su independencia.

Los cirujanos ortopédicos son quienes llevan a cabo estos procedimientos que implican el reemplazo de las partes dañadas de las articulaciones con componentes metálicos y plásticos.Los reemplazos totales de cadera y de rodilla son las artroplastias que se realizan con mayor frecuencia y con mejores resultados. La mayoría de las cirugías requiere rehabilitación postoperatoria para obtener el máximo beneficio de la nueva articulación. También pueden asignarle un programa de ejercicios antes de la cirugía para fortalecer los músculos. En general, los médicos indican un programa de medicamentos y terapia antes de sugerir el reemplazo de una articulación.

¿PUEDE LA DIETA AYUDAR A CONTROLAR LA AR? En la mayoría de personas que tienen de AR, no se ha logrado comprobar si cambios en la dieta pueden ser la causa o pueden aliviar los síntomas de la AR.

Sin embargo, es muy importante mantener una dieta saludable que incluya cantidades adecuadas de proteína y calcio. Durante los períodos de agudización de la artritis, puede perder apetito y peso. Durante estos períodos, es importante consumir suficientes calorías. Cuando la artritis esté menos activa o si toma corticosteroides, es importante que evite el aumento excesivo de peso. ¿PUEDE AYUDAR UN CLIMA DIFERENTE?

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De acuerdo con los estudios ya publicados con el uso de la Colchicina, en la cirrosis se han descubierto nuevas indicaciones y éstas son la base para el tratamiento de dicha enfermedad. Se sabe que controla la fibrogénesis al controlar el colágeno por estímulo de una enzima que es la colagenasa(8). Los estudios tanto en cirrosis hepática como en cirrosis biliar primaria han demostrado su efectividad y abren realmente una VERDADERA ESPERANZA TERAPEUTICA PARA LA CIRROSIS (8, 9, 10, 11, 12).

La acción sobre el COLA GENO en cirrosis hepática, que es la clave para establecer el cuadro de una cirrosis, se basa en el aumento exagerado del colágeno, que viene a ser la estructura que “comprime” y determina el estado de fibrosis. Es interesante recordar que uno de los componentes del colágeno es un aminoácido, la prolina, que se caracteriza por tener muy poca tiroxina y ausencia total del triptófano.

Este colágeno se puede inhibir por análogos de la prolina, por la Colchicina, la penicilamina y el beta-aminopropionitrilo (Ver Cuadros 1, 2, 3, 4). A. Mesejo, M. Juan y A. Serrano

Servicio de Medicina Intensiva. Hospital Clínico Universitario de Valencia. Valencia. España La cirrosis representa el estadio final de muchas enfermedades crónicas del hígado y se asocia con malnutrición en mayor o menor grado, con independencia de su etiología, sobre todo en los estadios avanzados. Su origen es multifactorial, pudiendo señalarse tres factores que contribuyen a ella: a) la limitación o disminución de la ingesta; b) la alteración de la digestión y absorción de nutrientes; c) la interferencia en el metabolismo de los nutrientes. Un pobre estado nutricional se asocia con un peor pronóstico de supervivencia. Si la malnutrición calórico-proteica (MCP) es un predictor independiente de mortalidad o solo un reflejo de la severidad de la insuficiencia hepática, es algo que está sujeto a controversia.
No hay consenso sobre cuales son los mejores criterios diagnósticos de MCP en la cirrosis. La evaluación de la malnutrición es extremadamente difícil puesto que muchos de los parámetros utilizados se afectan tanto por la enfermedad en sí como por los factores desencadenantes o etiológicos.
Las alteraciones metabólicas remedan un estado hipercatabólico. Estos pacientes tienen una disminuida utilización y capacidad de almacenamiento de carbohidratos y un aumento del catabolismo proteico y graso, que conduce a la depleción de las reservas proteicas y lipídicas. Estas anormalidades, combinadas con un descenso en la ingesta y en la absorción de nutrientes, constituyen las bases de la MCP. La alteración metabólica más importante de los pacientes con enfermedad hepática avanzada es el cambio en el metabolismo de los aminoácidos. Los niveles plasmáticos de los aminoácidos de cadena ramificada (AARR) están disminuidos y los niveles de aminoácidos aromáticos (AAA) elevados, lo que tiene implicaciones terapéuticas.
Entre las consecuencias de las alteraciones estructurales en la cirrosis, destaca el desarrollo de encefalopatía hepática, definida como una alteración en la función del sistema nervioso central que refleja una serie de manifestaciones neuropsiquiátricas, neuromusculares y de conducta. Se debe a la incapacidad del hígado enfermo para la metabolización de las neurotoxinas que se acumulan en el cerebro y que afectan a los neurotransmisores, atribuido al efecto tóxico del amonio sobre el tejido cerebral.
El tratamiento nutricional reporta beneficios en los diferentes estadios de la enfermedad. A corto plazo, mejoría del balance nitrogenado, descenso en la estancia hospitalaria y mejoría de la función hepática. A largo plazo, disminución de la incidencia y severidad de la encefalopatía y mejoría de la calidad de vida. La suplementación con nutrición enteral puede mejorar el aporte proteico, descender la frecuencia de hospitalización, mejorar el estado nutricional, la función inmune y la severidad de la enfermedad.
La restricción proteica no está indicada en la cirrosis compensada. Se recomienda una dieta conteniendo alrededor de 30 kcal/kg/d y 1,2 g de proteínas/kg/d. En la encefalopatía aguda puede necesitarse una restricción proteica temporal que no debe superar las 48 h y que debe minimizarse ya que, incluso en pacientes con EH, se obtienen mejores resultados sin una restricción proteica severa. La suplementación oral con AARR a largo plazo enlentece la progresión de la enfermedad hepática y prolonga la supervivencia y la calidad de vida. Se recomienda la suplementación con fibra o dietas con proteínas vegetales, que aportan alto contenido en fibra y menos AAA, o bien con proteínas lácteas además de una elevada relación calorías/nitrógeno.

Palabras clave: Cirrosis. Encefalopatía hepática. Nutrición. Malnutrición. Cirrhosis represents the final stage of many chronic liver diseases and is associated to more or less pronounced hyponutrition, independently of the etiology, particularly at advanced stages. Its origin is multifactorial, with three factors contributing to it: a) limitation or decrease of intake; b) impairment in nutrients digestion or absorption; and c) the interference with nutrients metabolism. A poor nutritional status is associated with a poor survival prognosis. Whether caloric-protein malnourishment (CPM) is an independent predictor of mortality or only a marker of the severity of liver failure is subject to controversy.
There is no consensus on which are the best diagnostic criteria for CPM in cirrhosis. Assessment of hyponutrition is extremely difficult since both the disease itself and the triggering or etiologic factors affect many of the parameters used.
Metabolic impairments mimic a hypercatabolic state. These patients have decreased carbohydrate utilization and storage capacity and increased protein and fat catabolism leading to depletion of protein and lipid reserves. These abnormalities together with decreased nutrients intake and absorption are the bases for CPM. The most important metabolic impairment in patients with advanced liver disease is the change in amino acids metabolism. The plasma levels of branched amino acids (BAA) are decreased and of aromatic amino acids (AAA) are increased, which has therapeutic implications.
Among the consequences of the structural impairments taking place in cirrhosis, we may highlight hepatic encephalopathy, defined as impaired central nervous system functioning that manifests as a series of neuropsychiatric, neuromuscular, and behavioral symptoms. These are due to the inability of the diseased liver to metabolize neurotoxins that accumulate in the brain affecting neurotransmitters and are attributed to the toxic effect of ammonium on the brain tissue.
Nutritional therapy brings benefits in the different stages of the disease. In the short term, it improves nitrogen balance, decreases the hospital stay, and improves liver function. In the long term, it decreases the incidence and severity of encephalopathy and improves quality of life. Supplementation with enteral nutrition may improve protein intake, decrease the frequency of hospitalization, and improve the nutritional status, the immune function and the disease severity. Protein restriction is not indicated in compensated cirrhosis. A diet containing about 30 kcal/kg/d and 1.2 g of protein/kg/d is recommended. In acute encephalopathy temporary protein restriction may be needed, which should not last longer than 48 h and be minimized since even in patients with liver disease better outcomes are obtained without obtaining severe protein restriction.
Oral supplementation with BAA slows the progression of liver disease and improves survival and quality of life. Supplementation should be done with fiber or diets with vegetable proteins, which bring high fiber content and less AAA, or either with dairy proteins in addition to a high ratio/nitrogen ratio.

Key words: Cirrhosis. Hepatic Encephalopathy. Nutrition. Malnourishement. Malnutrición y cirrosis hepática

La cirrosis hepática es una enfermedad crónica y difusa del hígado que altera su estructura y función. Desde el punto de vista histopatológico se define por la triada necrosis celular, fibrosis y nódulos de regeneración y las manifestaciones clínicas son independientes de su etiología, relacionándose más con el grado de disfunción hepática. Desde el punto de vista morfológico se distinguen tres tipos, micronodular, macronodular y mixta 1. La cirrosis representa el estadio final de muchas enfermedades crónicas del hígado: hepatitis vírica, alcohol, medicamentos, obesidad mórbida, tóxicos, metales pesados o enfermedades autoinmunes. Aunque en los estadios iniciales el paciente puede estar asintomático, la historia natural muestra un progresivo desarrollo de ictericia, hipoalbuminemia, plaquetopenia, alteración del tiempo de protrombina y ascitis. Muchos pacientes sufren hemorragias gastrointestinales recurrentes por varices esofágicas. En los estadios avanzados, destacan los cambios en el estado mental y, en concreto, la encefalopatía hepática.

Prevalencia y causas de malnutrición en la cirrosis La malnutrición está presente en pacientes con enfermedad hepática, tanto alcohólica como no alcohólica 2. Se ha constatado 3 que la severidad de la enfermedad hepática correlaciona con la severidad de la malnutrición y el grado de ésta con el desarrollo de serias complicaciones como encefalopatía, ascitis y síndrome hepatorrenal. Estos hallazgos son comunes a pacientes graves con patología aguda y a pacientes con cirrosis más o menos estable, remarcando que el grado de afectación hepática, no la etiología ni la agudeza de proceso, es el factor crítico en el desarrollo de las alteraciones nutricionales en los pacientes con enfermedad hepática.

Así pues, la malnutrición se asocia con la cirrosis con independencia de su etiología, sobre todo en los estadios avanzados. Se establece entre el 25-80% de los pacientes 4, aunque esta prevalencia se ha calculado básicamente sobre datos antropométricos, debido a las dificultades inherentes a la valoración nutricional del paciente con cirrosis y puede inducir a error. El origen de esta malnutrición es multifactorial, pudiendo señalarse tres factores que contribuyen a ella: a) la limitación o disminución de la ingesta; b) la alteración de la digestión y absorción de nutrientes; c) la interferencia en el metabolismo de los nutrientes. Es habitual la disgeusia o alteración del gusto, asociada con frecuencia a déficit de zinc y magnesio 5. Una gran mayoría padecen síntomas gastrointestinales como anorexia (87%), saciedad precoz secundaria a la ascitis, náuseas (55%) y vómitos, que limitan la ingesta de nutrientes y conducen como resultado final a una disminución de peso (60%) y a la referida malnutrición 4. Las náuseas, saciedad precoz e incluso vómitos aparecen a menudo en el paciente cirrótico como manifestación de una cierta gastroparesia y dismotilidad intestinal. Además, las dietas para estos pacientes suelen ser deficientes en saborización y palatalidad como resultado de la restricción de sodio necesarios para el control de ascitis y edema 6. Durante la hospitalización, no es infrecuente periodos de ayuno prolongado y, cuando se reinicia la nutrición, se hace con importantes restricciones, particularmente proteicas. Asimismo, con la frecuente asociación en estos pacientes de diabetes mellitus e insuficiencia pancreática, pueden ser sometidos a una restricción añadida del aporte de carbohidratos y grasas, que sumado a lo anterior, reducen el aporte calórico-proteico global. Hay que resaltar que la malabsorción grasa con esteatorrea se ha descrito en un 40%, siendo severa (más de 30 g/d) en un 10%, normalmente causada por la ya citada insuficiencia pancreática concomitante. La colostasis asociada también provoca malabsorción grasa y de vitaminas liposolubles, que puede empeorarse con la administración de neomicina y su conocida acción sobre las vellosidades intestinales 7. Los efectos secundarios de la medicación y dietas con excesiva restricción de proteínas y sodio, parece ser otra causa añadida importante de malnutrición.

El almacenamiento de glicógeno está afectado en la cirrosis avanzada como consecuencia de la hiperglucagonemia. Este descenso del glicógeno hepático estimula la neoglucogénesis que a su vez puede facilitar la pérdida de aminoácidos por el músculo para obtener energía y contribuir a la síntesis de glucosa. La presencia de hipertensión portal también facilita el desarrollo de un estado hipermetabólico con traslocación bacteriana y aumento de las citoquinas proinflamatorias 8. Desafortunadamente, todos esos factores que conducen a la malnutrición del cirrótico son muy difíciles de controlar. Por ello, como veremos más adelante, cuando el paciente hospitalizado con descompensación aguda de su cirrosis es incapaz de cubrir al menos el 60% de sus necesidades calóricas en las primeras 24-48 horas, debe considerarse la administración de soporte nutricional artificial, enteral, parenteral o mixto. Un pobre estado nutricional se asocia con un peor pronóstico de supervivencia, lo que se ha demostrado en pacientes con cirrosis descompensada y en aquellos subsidiarios de trasplante 9. Si la malnutrición calóricoproteica (MCP) es un predictor independiente de mortalidad o solo un reflejo de la severidad de la insuficiencia hepática, es algo que está sujeto a controversia 10.

Evaluación nutricional en la cirrosis No hay consenso sobre cuales son los mejores criterios diagnósticos de MCP en la cirrosis. La evaluación de la malnutrición es extremadamente difícil en la enfermedad hepática puesto que muchos de los parámetros de laboratorio utilizados se afectan tanto por la enfermedad en sí como por los factores desencadenan desencadenantes o etiológicos. Las tradicionales técnicas de evaluación nutricional usadas con muchos pacientes y sujetos normales, no son aplicables a estos pacientes (tabla I).

Los niveles de proteínas viscerales, albúmina, prealbúmina y RBP (proteína unida al retinol), están alterados en el paciente con cirrosis con independencia de su estado nutricional y correlacionan mejor con la severidad de la propia enfermedad hepática que con la malnutrición 1. La evaluación del estado inmune incluye, como sabemos, linfocitos totales y prueba de hipersensibilidad retardada. Pero la linfopenia y la respuesta inmune alterada son comunes en la cirrosis, incluso en el paciente bien nutrido. Las mediciones antropométricas de los compartimentos graso y proteico-muscular de las extremidades superiores (pliegue tricipital y circunferencia media del brazo) han sido aceptados por muchos investigadores como la prueba más fiable para determinar la prevalencia de MCP en la cirrosis, aunque la valoración global subjetiva se ha utilizado en lugar de la antropometría y ha resultado también útil 1. La determinación de la masa muscular por la prueba creatinina/altura solo es fiable con buena función renal 11. Sin embargo, todos ellos pueden afectarse en mayor o menor grado por la enfermedad en sí, la malnutrición o la retención de fluidos, por lo que son muy inespecíficos. Técnicas de evaluación como la bioimpedancia han demostrado ser más fiables en los pacientes sin ascitis o edema que en aquellos que la presentan y la medición de la masa celular corporal por dilución isotópica es más precisa pero nada útil para la clínica diaria, habiendo demostrado que la masa celular corporal está descendida incluso en los estadios precoces 12. Sin embargo, a pesar de sus limitaciones, todas ellas son pruebas comúnmente utilizados para evaluar la existencia de malnutrición calórico-proteica en estos pacientes.

Patogenia de la malnutrición en la cirrosis Además de los problemas en la ingesta y en la absorción de nutrientes, el aspecto más interesante e importante de la malnutrición en la cirrosis es la presencia de serias alteraciones metabólicas que remedan un estado hipercatabólico similar a la sepsis o el trauma 4. Aunque mediciones del gasto energético basal (GEB) en cirróticos no demuestran diferencias significativas respecto de controles sanos, cuando se expresa en kcal/kg/día 13, la predicción del gasto energético por la ecuación de Harris-Benedict no es precisa en más del 50% de estos pacientes y la presencia de ascitis puede aumentar el GEB en un 10% 14. Pero dado que la masa celular corporal está disminuida incluso en los estadios precoces de la cirrosis, el gasto energético por unidad de tejido metabólicamente activo es posible que esté aumentado.

Con independencia de las tasas absolutas de GEB, el tipo de combustible energético preferido por estos pacientes está alterado. Presentan un cociente respiratorio (RQ) significativamente más bajo que los controles tras una noche de ayuno, lo que indica que están utilizando un mayor porcentaje graso como energía, similar a lo que ocurre con un individuo normal tras 72 h de ayuno 13. Tras una noche de ayuno, el metabolismo basal del paciente cirrótico es similar al individuo normal pero sin embargo, en estos, el gasto energético inicia a partir de aquí una fase adaptativa que provoca su descenso paulatino a lo largo de los días mientras que en el paciente cirrótico sigue normal o aumentado, lo que conduce a una progresiva y rápida disminución de masa muscular y masa grasa que conduce a malnutrición calórico proteica. Estudios del metabolismo de los carbohidratos en la cirrosis han demostrado que la prevalencia de intolerancia a la glucosa es elevada 15. Su patogénesis no está bien definida pero parece causada por una alteración a nivel del postreceptor intracelular, tanto en el hígado como en el músculo. Asociada a esta resistencia insulínica, hay un descenso en los niveles de glicógeno hepático y muscular y una precoz utilización de grasa y proteínas como fuente energética, manifestado por un bajo RQ. También se ha descrito una alteración del metabolismo lipídico. Los niveles de ácidos grasos y cuerpos cetónicos están aumentados, así como la producción de estos últimos 4. Hay evidencia de un defecto en la capacidad de almacenamiento de ácidos grasos en forma de triglicéridos, lo que es probablemente debido a la inhibición de la lipoproteín-lipasa, y un descenso en la disponibilidad de glicerol-fosfato en el adipocito. Este disbalance entre la síntesis y el catabolismo graso provoca la depleción de las reservas en el tejido adiposo. Además, los niveles de leptina en los cirróticos están elevados de forma inapropiada para su masa grasa. Esta excesiva producción de leptina por el tejido adiposo podría ser en parte responsable del descenso del apetito y el aumento del GEB en estos pacientes.

Pero quizá la alteración metabólica más importante de los pacientes con enfermedad hepática avanzada es el cambio en el metabolismo de los aminoácidos. Las pérdidas urinarias de nitrógeno están aumentadas en el paciente cirrótico con función renal normal, lo que sugiere un estado hipercatabólico, y el catabolismo de las proteínas está aumentado y no disminuye como respuesta a la nutrición. En la cirrosis, los niveles plasmáticos de los aminoácidos de cadena ramificada (AARR) (leucina, valina e isoleucina) están disminuidos y los niveles de aminoácidos aromáticos (AAA) (fenilalanina, tirosina, triptófano) elevados. Este disbalance sérico de aminoácidos también se ve en sepsis y trauma y está probablemente mediado por una alteración en el balance entre insulina y otras hormonas reguladoras. Recientemente, el papel del músculo esquelético en el metabolismo de los aminoácidos ha ganado importancia. El músculo esquelético constituye el mayor órgano metabólico del cuerpo y consume activamente AARR que son usados para sintetizar glutamina y alanina. Estos aminoácidos son liberados a la sangre y captados por el hígado como sustratos para la neoglucogénesis hepática. La glutamina es un aminoácido transportador de amonio que es convertido a urea por el hígado y excretado por vía renal. En la cirrosis se produce una importante síntesis de glutamina por el músculo esquelético mientras que la síntesis de urea hepática se reduce. Esto conduce a un aumento en el consumo de glutamina renal, lo que puede constituir un mecanismo de ayuda para la eliminación de amonio por los riñones. Diferentes estudios han demostrado que los pacientes cirróticos con masa muscular esquelética disminuida son más propensos a desarrollar encefalopatía hepática 16, lo que subraya la importancia de preservar la masa muscular esquelética en los pacientes cirróticos como medio para prevenir la encefalopatía crónica.

Así pues, las alteraciones metabólicas en la cirrosis se pueden resumir como sigue: los pacientes tienen una disminuida utilización y capacidad de almacenamiento de carbohidratos además de un aumento en el catabolismo de proteínas y grasas, lo que conduce a un estado catabólico crónico cuyo resultado es la depleción de las reservas proteicas y lipídicas. Estas anormalidades, combinadas con un descenso en la ingesta y en la absorción de nutrientes, constituyen las bases de la MCP en los estadios avanzados de la enfermedad. Una cuestión importante y no resuelta es a qué se debe este continuo estado catabólico en los pacientes cirróticos. Hay suficiente información para postular que este estado hipercatabólico está mediado por las citoquinas. Más específicamente, estos pacientes tienen niveles aumentados de TNF y de interleukinas 1 y 6 (IL1, IL6), con efectos catabólicos en músculo, tejido adiposo e hígado 17. Se ha postulado como hipótesis un paso excesivo de endotoxinas producidas por las bacterias gram negativas a la sangre, debido a un aumento de la permeabilidad intestinal que permite el paso de dichas endotoxinas desde el intestino. Las endotoxinas provocarían la liberación de citoquinas y óxido nítrico (NO), que actuarían como mediadores del estado catabólico así como del estado hiperdinámico de los pacientes cirróticos 18.

Consecuencias metabólicas y nutricionales Las alteraciones estructurales en la cirrosis tienen dos importantes efectos: la alteración de la función hepatocelular y la hipertensión portal. Ambas son causa de importantes trastornos metabólicos que afectan al metabolismo energético, tanto hidrocarbonado como lipídico, síntesis proteica y trastornos hidroelectrolíticos y vitamínicos, además de otros efectos hormonales y de deficiente eliminación de compuestos de degradación. Entre las consecuencias que nos interesan destaca el desarrollo de encefalopatía hepática, que analizaremos más adelante, y de malnutrición calóricoproteica, que agravan la evolución natural de la enfermedad a corto y medio plazo 3.

La desnutrición moderada o grave es común en pacientes con cirrosis y es un factor negativo en el pronóstico. Como hemos visto, su origen es multifactorial (fig. 1) y su manejo complejo, afectando a todos los principios inmediatos, macro y micronutrientes. Muy esquemáticamente sería como sigue 1: a) Balance energético. La mayor parte de los pacientes cirróticos compensados suelen tener un metabolismo normal, un 15-20% son hipermetabólicos y un 15-20% hipometabólicos. La capacidad de almacenar glucógeno es menor en los cirróticos y la tasa de producción de glucosa y la glucogenolisis tras ayuno nocturno están reducidas. Existe una compensación parcial por el aumento de la gluconeogénesis 3, pero este es un proceso que requiere energía que se obtiene, en parte, porque la concentración plasmática de ácidos grasos libres se duplica por el aumento de la lipólisis. Todo ello contribuye a la depleción de la reserva grasa. Se ha constatado que la ingesta de cuatro a siete comidas poco copiosas diarias mejora el gasto energético, como veremos más adelante.

b) Hidratos de Carbono. La hipoglucemia no es demasiado frecuente en la cirrosis, salvo en estadios muy avanzados de la enfermedad. La mayoría de los pacientes con cirrosis presentan hiperglucemia, casi el 70% intolerancia a la glucosa y entre 15-40% diabetes, hiperinsulinemia y resistencia periférica a la insulina. c) Grasas. En la cirrosis aumentan los ácidos grasos libres (AGL) en plasma. Junto con el aumento de las concentraciones plasmáticas totales de ácidos grasos, hay un descenso de los ácidos grasos poliinsaturados (AGPI), probablemente por la alteración del metabolismo hepático de los ácidos grasos esenciales. La reducción de AGPI es proporcional a la gravedad del proceso y al grado de desnutrición, por lo que podría justificarse una suplementación dietética con AGPI.

d) Proteínas. El aumento en las necesidades proteicas se puede deber a la ya conocida dificultad para almacenar glucógeno y a la disminución de la glucogenolisis, lo que conlleva mayor neoglucogénesis con la consiguiente utilización energética de aminoácidos musculares y disminución de las reservas proteicas. Así, el catabolismo proteico está aumentado provocándose un balance nitrogenado negativo 19. Está también disminuida la síntesis de proteínas plasmáticas (albúmina) y se constatan cambios en las concentraciones plasmáticas de aminoácidos con aumento de los aromáticos y disminución de los ramificados. e) Vitaminas y minerales. Los micronutrientes se afectan por defectos en su almacenamiento hepático, en el transporte y en las pérdidas renales. Hay déficit de vitaminas liposolubles, sobre todo si hay colostasis asociada, por inadecuada absorción y esteatorrea 19. Las vitaminas hidrosolubles no se afectan tanto en la cirrosis, si no coexiste con alcoholismo, en el que habrá déficit de tiamina, piridoxina, folato, niacina y cianocobalamina. El balance mineral también puede estar alterado, con niveles elevados de cobre, sodio y potasio y déficit de zinc.

Encefalopatía hepática y malnutrición La encefalopatía hepática (EH) puede definirse como una alteración en la función del sistema nervioso central debido a una insuficiencia hepática, reflejando una serie de manifestaciones neuropsiquiátricas, neuromusculares y de conducta que obedecen a múltiples causas y que están relacionadas con diferentes mecanismos fisipatológicos 20. Están presentes tanto en la enfermedad aguda como en la crónica y son potencialmente reversibles.

Desde un punto de vista práctico, cabe indicar que la eficacia de los tratamientos para la EH no han sido bien evaluados por ensayos clínicos randomizados y bien diseñados, en parte por las dificultades para valorar la sintomatología neuropsiquiátrica, con espontáneas y frecuentes fluctuaciones de la conciencia y que pueden influenciarse por numerosos e inespecíficos factores clínicos concurrentes como son infección, hipoxemia, hemorragia gastrointestinal o alteraciones electrolíticas. Se acepta que las sustancias nitrogenadas procedentes del intestino afectan a la función cerebral. Desde el punto de vista fisiopatológico, se produce un edema de los astrocitos que sufren la llamada astrocitosis de Alzheimer tipo II, que provoca un aumento de la presión intracraneal.

efectos de la retirada del escitalopram

La Insuficiencia hepática es una lesión hepática difusa de más de seis meses de duración, generalmente por la elevación de las transaminasas. Estas son el dato que expresa el número de células dañadas del hígado. Esta enfermedad y sus complicaciones son motivo de consulta frecuente en el servicio de urgencias. Los procesos causantes de la insuficiencia hepática crónica son diversos. En muchas ocasiones, los pacientes son evaluados con el diagnostico etiológico ya conocido; en otras, una historia clínica detallada es suficiente para establecerla causa. Sin embargo, en muchos casos se requiere de experiencia clínica y un uso juicioso de las pruebas complementarias disponibles en el servicio de urgencias para establecer un diagnostico especifico (2). En otro caso, con frecuencia, mas importante para determinar le etiología del proceso hepático crónico es delimitarla gravedad del cuadro, reconocer y corregir los factores desencadenantes de descompensación y precisar y tratar las complicaciones asociadas a la hepatopatía crónica. La mortalidad por enfermedades hepáticas en el mundo prácticamente se ha doblado en las últimas tres décadas y está aumentando a una velocidad incluso, donde actualmente es la quinta causa de muerte en varones de edades productivas de 25 a 64 años (2).

La razón más probable de este aumento es el consumo creciente de alcohol problema que en gran parte del mundo también se ha ido incrementando que va en paralelo con la tasa de enfermedades hepáticas, especialmente la cirrosis. La anestesia y la cirugía pueden agravar las alteraciones hepáticas de los pacientes con hepatopatías previas y en algunos casos pueden precipitar una insuficiencia hepática de consecuencias fatales. El grado con el que se producen estas complicaciones depende más del tipo y extensión de la alteración hepática que de su etiología concreta (3). La insuficiencia hepática incluye la Hepatitis Crónica y otras enfermedades hepáticas, como las metabólicas-hereditarias y la secundaria a alcoholismo crónico. Las

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Son nuestros héroes contra el dolor. El paracetamol y el ibuprofeno son dos de los analgésicos más comunes y populares en el mundo.

Se utilizan para reducir el dolor y la fiebre y ambos son generalmente seguros si se toma la dosis correcta. Pero ¿cómo sabemos cuál de las dos debemos tomar? A continuación una guía para conocerlos.

Este tipo de medicamento se utiliza para reducir la fiebre y aliviar el dolor.

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  • Esta droga trabaja directamente con los nervios y los receptores en el cerebro para aliviar el dolor, es más eficaz para los dolores de cabeza.
  • Es seguro para los niños y adultos si se toma correctamente, y hay efectos secundarios mínimos.
  • De acuerdo con un artículo de AskDrSear.com, se necesitan al menos siete veces la dosis normal de paracetamol para que la droga dañe a un paciente.
  • Es seguro tomarlo con otros antibióticos y medicamentos para el resfrío.
  • Mientras que el ibuprofeno funciona en 30 minutos, el paracetamol no tiene efecto hasta que hayan transcurrido 45 a 60 minutos después de la primera dosis.
  • El dolor y la fiebre sólo se reducen por cuatro horas en lugar de seis.
  • No tiene las mismas propiedades antiinflamatorias que el ibuprofeno, por lo que es menos eficaz para reducir el dolor asociado a la inflamación y a la lesión corporal.
  • Aunque no ataca al estómago, su consumo excesivo puede ser perjudicial para el hígado por lo que no debe usarse en personas con problemas hepáticos.

Pertenece a una clase de medicamentos llamados antiinflamatorios sin esteroides o antiinflamatorios no esteroides.

  • Trabaja para reducir la fiebre alta, disminuir el dolor y la inflamación.
  • Reduce la inflamación en el punto de la lesión, por lo que es más eficaz para aliviar el dolor de músculos y lesiones corporales donde la inflamación es un factor.
  • Según AskDrSears.com, también funciona más rápido y por más tiempo que el paracetamol, teniendo efecto en 30 minutos y puede durar hasta seis horas.
  • El ibuprofeno puede trabajar más rápido que el paracetamol, pero tiene algunos efectos secundarios negativos como el malestar estomacal.
  • Si se toma diariamente durante períodos prolongados que duran más de dos semanas consecutivas, éste contiene productos químicos ácidos que pueden agravar las úlceras estomacales y quemaduras en la mucosa del estómago.
  • Es conveniente tomarlo junto con comida y, si el uso es reiterado, con protectores de estómago.
  • La hemorragia interna como consecuencia no es común, pero es un factor de riesgo.
  • También puede reducir la capacidad del cuerpo para formar coágulos de sangre, por lo que este medicamento será menos eficaz para los pacientes con heridas grandes o una hemorragia considerable. El paracetamol no está asociado con dichos riesgos.

Un factor de riesgo es todo aquello que afecta la probabilidad de que usted padezca una enfermedad, como por ejemplo el cáncer. Los distintos tipos de cáncer tienen diferentes factores de riesgo. Algunos factores de riesgo, como el fumar, pueden cambiarse. Otros, como la edad de la persona o sus antecedentes familiares, no se pueden cambiar. Sin embargo, los factores de riesgo no lo indican todo. Presentar uno o incluso varios factores de riesgo no significa que dicha persona tendrá la enfermedad. Además, algunas personas que adquieren la enfermedad puede que tengan pocos o ninguno de los factores de riesgo conocidos.

Los científicos han encontrado varios factores de riesgo que hacen que las personas tengan mayores probabilidades de padecer el carcinoma hepatocelular (HCC). El carcinoma hepatocelular es más común entre los hombres que entre las mujeres. Gran parte de esto se debe probablemente a comportamientos que afectan algunos de los factores de riesgo descritos más adelante. El subtipo de HCC fibrolamelar es más común en las mujeres.

En los Estados Unidos, los asiáticoamericanas y los isleños del Pacífico tienen las tasas más altas de cáncer de hígado, seguidos por los indios americanos/oriundos de Alaska y los hispanos/latinos, los afroamericanos y los blancos. A escala mundial, el factor de riesgo más común del cáncer de hígado es la infección crónica (a largo plazo) con el virus de la hepatitis B y el virus de la hepatitis C (HBV y HCV, por sus siglas en inglés). Estas infecciones causan cirrosis del hígado (vea información anterior) y son las responsables de que el cáncer de hígado sea el tipo de cáncer más común en muchas partes del mundo.

En los Estados Unidos, las infecciones con hepatitis C es una causa más común de cáncer hepatocelular, mientras que en Asia y en los países en desarrollo, la hepatitis B es más común. Las personas infectadas con ambos virus tienen un alto riesgo de padecer hepatitis crónica, cirrosis y cáncer de hígado. El riesgo es aún mayor si consumen bebidas alcohólicas en exceso ​​(por lo menos seis bebidas regulares al día). El HBV y el HCV se pueden propagar de persona a persona por compartir agujas contaminadas (entre usuarios de drogas), sexo sin protección, o durante el nacimiento. También pueden ser transmitidos a través de transfusiones de sangre, aunque esto ha ocurrido muy pocas veces en los Estados Unidos desde que se comenzó a realizar pruebas para detectar estos virus en los productos sanguíneos. En los países en desarrollo, los niños algunas veces contraen infecciones de hepatitis B debido al contacto prolongado con familiares que están infectados.

El HBV es más probable que cause síntomas, como enfermedades parecidas a la gripe, y una pigmentación amarilla de los ojos y la piel (ictericia). No obstante, la mayoría de las personas se recuperan completamente de la infección con HBV dentro de pocos meses. Sólo un porcentaje muy pequeño de adultos se vuelven portadores crónicos (y tienen un riesgo mayor de cáncer de hígado). Los infantes y los niños pequeños que resultan infectados tienen un mayor riesgo de volverse portadores crónicos. Por otro lado, es menos probable que el HCV cause síntomas. Sin embargo, la mayoría de las personas con HCV contraen infecciones crónicas, las cuales con más probabilidad causen daño hepático o incluso cáncer.

Otros virus también pueden causar hepatitis, tal como el virus de la hepatitis A y el de la hepatitis E. Sin embargo, las personas infectadas con estos virus no contraen hepatitis crónica, ni cirrosis, y tampoco tienen un riesgo aumentado de cáncer de hígado. La cirrosis es una enfermedad en la que las células del hígado se han dañado y reemplazado por tejido cicatrizado. Las personas con cirrosis tienen un riesgo aumentado de cáncer de hígado. La mayoría (no todas) de las personas que padecen cáncer de hígado ya tienen cierta evidencia de cirrosis.

Existen varias posibles causas para la cirrosis. En los Estados Unidos, la mayoría de los casos ocurre en personas que abusan del alcohol o que tienen infecciones crónicas con HBV o HCV. La enfermedad de hígado graso que no se debe al consumo de alcohol, una afección en la que las personas que consumen un poco o nada de alcohol desarrollan un hígado graso, es común en personas obesas. Las personas con un tipo de esta enfermedad conocida como esteatohepatitis no alcohólica (NASH, por sus siglas en inglés) podrían desarrollar cirrosis.

Algunos tipos de enfermedades autoinmunes que afectan el hígado también pueden causar cirrosis. Por ejemplo, también existe una enfermedad llamada cirrosis biliar primaria (PBC) En esta enfermedad, los conductos biliares en el hígado están afectados e incluso destruidos, lo que puede ocasionar cirrosis. Las personas con PBC avanzada tienen un alto riesgo de cáncer de hígado. Ciertas enfermedades metabólicas hereditarias pueden causar cirrosis.

Las personas con hemocromatosis hereditaria absorben demasiado hierro del alimento que consumen. El hierro se asienta en tejidos por todo el cuerpo, incluyendo el hígado. Si se acumula suficiente hierro en el hígado, esto puede causar cirrosis y cáncer de hígado. El consumo excesivo de alcohol es una causa principal de cirrosis en los Estados Unidos, lo que se asocia con un riesgo aumentado de cáncer de hígado.

La obesidad (mucho sobrepeso) aumenta el riesgo de padecer cáncer de hígado. Esto probablemente se deba a que puede causar enfermedad del hígado graso y cirrosis. La diabetes tipo 2 ha sido asociada a un mayor riesgo de cáncer de hígado, usualmente en los pacientes que también tienen otros factores de riesgo, tales como consumo exagerado de alcohol, hepatitis crónica viral, o ambos. Este riesgo puede ser mayor debido a que las personas con diabetes tipo 2 suelen tener sobrepeso o estar obesas, lo que a su vez puede causar problemas hepáticos.

Algunas enfermedades que aumentan el riesgo de cáncer de hígado son:

  • Tirosinemia
  • Deficiencia de antitripsina alfa-1
  • Porfiria cutánea tarda
  • Enfermedades del almacenamiento del glucógeno
  • Enfermedad de Wilson

Estas sustancias que causan cáncer son producidas por un hongo que contamina al maní, el trigo, la soya, las nueces molidas, el maíz y el arroz. Almacenar estos productos en un ambiente húmedo caliente puede causar el crecimiento de este hongo. Aunque esto puede ocurrir en casi cualquier parte del mundo, es más común en países tropicales y más calientes. Los países desarrollados en Europa y los Estados Unidos realizan pruebas para regular el contenido de aflatoxinas en los alimentos. La exposición prolongada a estas sustancias es un factor de riesgo principal para el cáncer de hígado. El riesgo aumenta aún más en las personas con infecciones por hepatitis B o C.

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Aunque la propia cirrosis no se puede curar, el tratamiento de las afecciones y enfermedades que causaron que puede ayudar al hígado a repararse a sí mismo hasta cierto punto. Si usted tiene hepatitis B o C, los tratamientos antivirales pueden ayudar en la gestión de estas condiciones y limitar el daño a su hígado. Poner fin al uso de alcohol es imprescindible y si le resulta difícil, buscar un programa que le ayudará. Cuando la cirrosis se ha avanzado demasiado, un trasplante de hígado es la única solución. Aunque esta cirugía requiere de un hígado de un donante de órganos, se requiere sólo una parcial del hígado de una persona que vive compatible, tal vez un hijo o hermano. Ya sea reduciendo el peligro para el hígado en la cirrosis leve o reemplazo de su hígado en la cirrosis avanzada, sus posibilidades de una vida más larga es mucho mayor. Durante la fase inicial de la cirrosis, el paciente experimenta pocos síntomas. Estas incluyen efectos vagas físicas: fatiga, sequedad de boca, la ictericia, agrandamiento o sensibilidad en el abdomen superior derecho y picazón en todo el cuerpo. Si una prueba de la función hepática ofrece resultados anormales, una biopsia se debe tomar. La etapa de cirrosis el paciente ha alcanzado será determinado por los resultados de la biopsia. En la primera etapa, el tejido anormal y la inflamación han desarrollado en el hígado. Este se limita principalmente a la zona alrededor de las áreas que las ramas de la vía biliar, la vena porta y la arteria hepática casa portal.

Como enfermedad hepática progresa a la segunda etapa, las áreas de tejido anormal se empiezan a formar en bandas rígidas de tejido conectivo, una condición conocida como fibrosis. Estas y la inflamación se han extendido para incluir tanto las áreas del portal y las regiones periportal circundantes. La tercera etapa se caracteriza por la fusión de áreas de fibrosis. Este puente se agranda las regiones afectadas. Esto puede conducir a una degradación del funcionamiento del hígado, visto a menudo como una capacidad reducida para digerir las grasas y para absorber las vitaminas solubles en grasa.

La cuarta etapa es la cirrosis final del hígado. Los pacientes en esta etapa pueden recuperarse de un trasplante de hígado, pero sin él, la esperanza de vida es de menos de 10 años para los que progresan a una fase sintomática de la cirrosis. La cirrosis del hígado es una condición en la cual el hígado comienza a deteriorarse, y el tejido cicatrizante reemplaza el tejido sano. La cicatrización del tejido hepático conduce a la incapacidad del hígado para funcionar. El tejido cicatricial es causada por lesiones de la enfermedad crónica. Con cirrosis leve, el hígado puede ser capaz de curarse a sí mismo, pero la cirrosis severa puede ser mortal.

Las primeras etapas de cirrosis pueden no tener síntomas, pero a medida que la enfermedad progresa los síntomas se hacen más notorias. Estos síntomas pueden incluir náuseas, vómitos, pérdida de peso, picazón, fatiga, pérdida del apetito y debilidad. Otros síntomas pueden incluir hinchazón, dolor abdominal y hematomas fácilmente. La cirrosis hepática tiene muchas causas, pero la más común es la hepatitis C y el abuso del alcohol. Las mujeres que beber tres a cuatro tragos al día y los hombres que beber cuatro o cinco copas al día durante un período de años están en mayor riesgo de cirrosis. El virus de la hepatitis C infecta y daña el hígado con el tiempo conduce a la disfunción hepática. Enfermedad del hígado graso no alcohólico es una acumulación de grasa en el hígado que causa cirrosis y se asocia con la obesidad, la diabetes y la enfermedad de la arteria coronaria.

Su médico le realizará análisis de sangre para medir el recuento de sangre y ver qué está causando la cirrosis. Un TAC o resonancia magnética mostrará la extensión del daño al hígado. Una biopsia de hígado consiste en tomar una muestra del tejido del hígado para examinar los signos de cirrosis. Cuando se descubre la cirrosis del hígado temprana, los tratamientos están dirigidos a reducir y prevenir más daño. Tendrá que ser detenido si esa es la causa de la cirrosis El abuso de alcohol. Su médico puede ayudarle a encontrar un grupo de AA a unirse para ayudarlo en la adicción al alcohol. Medicamentos para la hepatitis pueden limitar el daño a las células hepáticas. Los medicamentos recetados dependerán del tipo de hepatitis tiene.

Otros tratamientos son por causas complicaciones de la cirrosis. La cirrosis puede causar retención de líquidos en las piernas y el abdomen. Comer una dieta baja en sodio y tomar píldoras de agua puede ayudar a su cuerpo a deshacerse del exceso de líquido. Medicamentos para la presión arterial pueden controlar la presión en las venas en la parte superior del estómago para prevenir el sangrado. Las personas con cirrosis avanzada del hígado pueden necesitar un trasplante de hígado para sobrevivir. Se le puede poner en lista de espera durante meses o años antes de que un hígado de un donante fallecido que se disponga. Debe tener amplios seguimientos con su médico y el cirujano después de la cirugía.

El hígado es un órgano esencial; almacena glucógeno, produce proteínas de la sangre y los filtros de toxinas del cuerpo. También tiene un papel importante en el metabolismo. Cuando se forma tejido cicatricial en el hígado como resultado de la cirrosis, se reduce la cantidad de sangre que puede fluir libremente a través de este órgano. Esto afecta negativamente a la capacidad del hígado para realizar con normalidad, y conduce a problemas graves de salud. Cirrosis temprana típicamente no produce síntomas evidentes; como la enfermedad progresa, sus efectos se vuelven gradualmente más pronunciada. Los síntomas más comunes de la cirrosis son ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos), pérdida de peso, náuseas, fatiga, pérdida de apetito, picazón en las palmas de las manos y plantas de los pies y las arañas vasculares. En casos graves, puede causar cirrohosis ascitis (acumulación de líquido en la cavidad abdominal), edema (hinchazón de las extremidades) y encefalopatía (confusión mental).

Los signos de cirrosis se descubren normalmente durante un examen médico de rutina. Su médico puede notar que su hígado se siente agrandado y firme, que es el resultado de las cicatrices causadas por la enfermedad. Para verificar el diagnóstico, análisis de sangre se realizan generalmente para evaluar qué tan bien está funcionando su hígado. Una ecografía, TAC o una resonancia magnética también puede realizarse para visualizar el hígado. Los resultados de estas pruebas pueden sugerir fuertemente la cirrosis, pero sólo la biopsia hepática puede diagnosticar definitivamente la enfermedad. Durante una biopsia hepática, el médico inserta una aguja larga y delgada a través del abdomen y recoge una muestra de tejido del hígado para su examen microscópico. La única cura para la cirrosis es el trasplante de hígado. Por desgracia, hay muchas más personas que necesitan trasplantes de órganos que los que hay órganos disponibles. La parte más importante del tratamiento para la cirrosis es el tratamiento de la condición que provocó que para evitar más daños. Otros tratamientos incluyen planes de dieta en nutrientes para ayudar a las células dañadas en el hígado se curan, medicamentos para la presión arterial para reducir el riesgo de sangrado, la abstención de alcohol, la reducción de la ingesta de sodio para aliviar la acumulación de líquido, antihistamínicos u otros medicamentos para reducir la picazón y la lactulosa. La lactulosa es un azúcar sintético que puede reducir el nivel de amoníaco en la sangre; niveles de amoníaco en la sangre son comunes en personas que tienen cirrosis.

La cirrosis es a menudo considerado como la enfermedad de un alcohólico y es cierto que el abuso de alcohol a largo plazo puede causar la condición. Sin embargo, no todos los que se desarrolla abusa del alcohol cirrosis o para el caso, las bebidas en absoluto. Sólo el 21 por ciento de los casos de cirrosis en los Estados Unidos son el resultado de alcoholismo. A nivel mundial, las causas más comunes de cirrosis son la hepatitis B y la hepatitis C. La cirrosis también puede ser causada por un trastorno del sistema inmunológico, ciertos medicamentos recetados, la enfermedad de hígado graso, trastornos de las vías biliares y enfermedades hereditarias poco frecuentes, como la fibrosis quística y enfermedad de Wilson. No hay manera de curar la cirrosis, pero hay tratamientos para mantener la condición empeore. La única forma segura de deshacerse del cuerpo de la cirrosis es el trasplante de hígado, pero eso es sólo para un hígado que está demasiado marcada para seguir funcionando.

1 Dejar de beber alcohol por completo. La principal causa de cirrosis es el consumo de alcohol. Si se le diagnostica cirrosis, el primer paso debe ser absoluta para detener totalmente potable. Si es necesario, buscar opciones de tratamiento, tales como Alcohólicos Anónimos. 2 No tome ningún medicamento, vitaminas, suplementos herbales, o tratamiento con medicamentos de venta libre sin consultarlo con su médico. La cirrosis hace que su hígado sensible a algunos medicamentos.

3 vacunarse para protegerse de la hepatitis A, la hepatitis B, la gripe y la neumonía. Un hígado debilitado, un sistema inmune debilitado. 4 Evite comer mariscos crudos y ostras. Pueden contener bacterias que pueden causar infecciones graves.

5 Tome la leche de cardo, una alternativa, el tratamiento a base de hierbas que se cree que ayuda con cirrosis y otras enfermedades del hígado. También puede ayudar a reducir el colesterol, reducir la resistencia a la insulina en personas con diabetes tipo 2 que también tienen cirrosis, y reducir de mama, cuello uterino y próstata. La silimarina se extrae de las semillas de la planta de cardo mariano y se convierte en una cápsula o un té. No son, y han sido, muchos estudios sobre el cardo de leche, pero la mayoría de los resultados han sido mixtos. También puede causar efectos laxantes, malestar estomacal y reacciones alérgicas.

  • La cirrosis es una enfermedad muy grave, y un médico siempre debe ser contactado antes de intento de cualquier régimen de tratamiento.

El hígado es uno de los órganos más indispensables del cuerpo. Con la responsabilidad de la limpieza del torrente sanguíneo, produciendo los nutrientes esenciales y la desintoxicación de sustancias nocivas, que es vital para la salud adecuada. También es muy resistente, y es perfectamente capaz de hacer frente a la cirrosis leve o cirrosis de un evento a corto plazo. Siempre y cuando el daño es limitado, el hígado repararse a sí mismo, pasar por alto cualquier tejido cicatricial y continuar con su trabajo. Pero el daño hepático permanente o progresiva hace que la recuperación sea imposible. En un determinado momento, la cicatrización se hace demasiado grande para el órgano para compensar, y conjuntos de insuficiencia hepática en. Es precisamente este tipo de degeneración y el fracaso que los posibles curas para la cirrosis deben tratar de superar.

Cirrosis normalmente hace una cierta cantidad de daño antes de que los síntomas se manifiestan. Los tratamientos estándar giran en torno a detener o frenar el avance de la enfermedad lo antes posible, o aliviar los efectos de daño avanzado. Las complicaciones potenciales de avance de la cirrosis incluyen exceso de líquido en el torso o las piernas, infección, aumento de los niveles de toxinas de la sangre, y un mayor potencial para el cáncer de hígado. Su médico puede ayudarle a manejar estos efectos, u otros que pudieran surgir. La línea de última instancia para la cirrosis avanzada es el trasplante de hígado. Una palabra de precaución. Organizaciones de la salud coinciden en que la corriente dominante en la actualidad no existe una cura para la cirrosis. Algunos médicos alternativos no están de acuerdo. Mientras que muchas autoridades principales no rechazan explícitamente la búsqueda de enfoques alternativos, recomiendan uniforme que cualquier tipo de experimentación se realiza bajo la supervisión de un médico.

La Clínica Mayo ha identificado dos tratamientos alternativos cirrosis que han recibido al menos alguna prueba científica: el cardo mariano y la SAM (un compuesto sintético diseñado para imitar los aminoácidos naturales y trifosfato de adenosina). Aunque ninguna de estas sustancias ha demostrado ninguna eficacia clara en el tratamiento de la enfermedad, que parecen ser más o menos químicamente segura en un programa monitorizado. Algunos remedios a base de hierbas alternativas para la cirrosis no sólo son ineficaces, sino que pueden causar un daño real a su hígado. Entre ellos se encuentran la valeriana, solideo, cohosh negro, kava, consuelda y poleo. Para proteger su salud, asegúrese de que usted consulte a un médico antes de intentar cualquier tratamiento cirrosis alternativas.

La investigación médica ha producido al menos una posibilidad de un futuro curar la cirrosis. En 2007, investigadores de la Universidad de California, San Diego, fueron capaces no sólo para detener, sino para revertir la acumulación de tejido cicatrizal en el hígado de los ratones de prueba. Mientras que estos ratones no tenían cirrosis, sino más bien una enfermedad separada que causa síntomas similares, los científicos creen que los resultados se aplican a ratones cirrosis también. La investigación adicional está en sus primeras etapas, pero no hay razón para esperar que estos resultados pueden proporcionar un día a un alivio permanente para los pacientes con cirrosis humanos. Enfermedad cirrosis biliar primaria es una lenta destrucción de los conductos biliares en el hígado. La bilis conductos transportan la bilis, un líquido producido por el hígado. La bilis ayuda a liberar su cuerpo de colesterol y metales tóxicos. Cuando los conductos biliares se dañan, se permite la acumulación de toxinas en el hígado que conduce a daños en el hígado y cirrosis. Cirrosis biliar tiene dos etapas, la etapa temprana y fase tardía.

La causa de la cirrosis biliar es desconocida, pero la genética y el medio ambiente podría ser factores. El trastorno se encuentra en una clase de enfermedades autoinmunes en las que el cuerpo ataca a sus propios tejidos sanos, en este caso los conductos biliares. Síntomas cirrosis biliar etapa temprana incluyen fatiga, picor y sequedad en la boca y los ojos. Los niveles de energía son normalmente mejor en la mañana y la fatiga tiende a poner en más tarde en el día. Resto no mejora la sensación de lentitud cansado. La picazón es un síntoma común y es más prevalente en los brazos, espalda y piernas. La picazón puede ser peor en la noche interrumpiendo el sueño y causan fatiga a empeorar. La inflamación se produce en las glándulas que secretan la humedad en sus ojos y la boca. Resultados Esta inflamación en la disminución de la producción de saliva y las lágrimas que resulta en la boca seca y los ojos que puede causar sensibilidad a la luz y dificultad para tragar.

Cirrosis biliar etapa temprana se encuentra normalmente en la sangre o del hígado pruebas de rutina. Pruebas de función hepática comprobar las enzimas en el hígado de las indicaciones de daño hepático. Las imágenes por ultrasonido creará imágenes del hígado y los conductos biliares y mostrar si cualquier bloqueo o daño está presente. En una biopsia de hígado, una pequeña muestra de tejido se toma de su hígado y se prueba para confirmar el diagnóstico o para determinar el estadio de la enfermedad está en. Una ERM es una elastografía por resonancia magnética que combina imágenes de la RM con ondas de sonido de baja frecuencia. Este procedimiento mostrará imágenes de los tejidos del hígado y la rigidez en la cirrosis hepática que confirma. El tratamiento para la etapa temprana cirrosis biliar se centrará en la ralentización de la progresión de la enfermedad y aliviar los síntomas. El ácido ursodesoxicólico es normalmente la primera línea de defensa en el tratamiento de las primeras etapas de cirrosis biliar. El medicamento afecta los ácidos biliares del cuerpo y reduce la inflamación en los conductos biliares. Colestiramina y colestipol pueden proporcionar un alivio de la picazón constante. La rifampicina también proporciona alivio de la picazón y se prescribe para no personas capaces de tolerar la colestiramina y colestipol. El inconveniente es la rifampicina es de acción lenta y puede tardar hasta un mes para tener efecto. Antagonistas de los opioides también aliviar el picor, pero la medicación tiene que ser administrado por vía intravenosa. Estos medicamentos tienen efectos secundarios por lo que es mejor discutir con su médico el mejor tratamiento para usted.

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Cada ojo representa la mitad del cuerpo, por ejemplo en el iris izquierdo se encuentran el corazón, el brazo, el brazo izquierdo, etc., mientras que el hígado habrá que buscarlo en el lado derecho. En general, el iris se subdivide en circunferencias a partir de la pupila. El círculo que se encuentra alrededor de ésta, es el reflejo del estado metabólico de la persona y los iriólogos lo relacionan con enfermedades en esa esfera, como la diabetes por ejemplo.

La circunferencia que sigue correspondería a las representaciones de los órganos abdominales. En el siguiente anillo se localizan los problemas neuroglandulares, endocrinológicos, de circulación general, de los sistemas defensivos y linfáticos del organismo. Luego, se ubican los grandes órganos, desde el cerebro al esqueleto pasando por el hígado, los pulmones y el corazón, así como los órganos de los sentidos.
Cerrando todo el conjunto con una fina línea, habitualmente más coloreada, se encuentra la última circunferencia que representa el contorno del cuerpo, la piel, la circulación superficial y la de retorno. “Como uno conoce esta disposición del organismo en el iris, vas corroborando los signos que ves con lo que te dice el paciente. Por ejemplo, hay una mancha que se llama anillo vascular y que en oftalmología lo denominan como arco senil. Como en iridología al borde del iris está la piel y luego viene el sistema circulatorio, este anillo implicaría predisposición a accidentes cardiovasculares. En los exámenes encuentras colesterol alto, glicemias altas o alteraciones en la presión arterial. Esta imagen varía en el tiempo. Tengo muchos pacientes a los cuales les he detectado este anillo y después de un tratamiento adecuado, en un lapso de diez años, ya no lo tienen”, comenta la especialista. Lo que busca el iriólogo es todo signo o marca en el iris, lo que se entiende por cualquier alteración del color, deformaciones de las fibras o dibujos ajenos a él, ya sean hereditarios o adquiridos. Algunas señales que manifiestan un estado irregular del organismo en lenguaje iridológico son manchas, lesiones, lagunas, criptas, anillo escamoso, el rosario linfático, anillos nerviosos, manchas por depósitos de químicos, entre otros.

Otra situación que hay que considerar al momento de la consulta es si el paciente ha sido sometido ha alguna operación quirúrgica. Por ejemplo, si le han extraído el apéndice, la vesícula o la amígdala, la información se corta por la ausencia de nervios y ello también se manifiesta en el iris. En definitiva, la iridología es una técnica compleja de aprender y, como en el caso de una radiografía o de los análisis clínicos, sirve más bien para proporcionar datos al profesional que luego deberá cotejar atendiendo al historial clínico y practicando una minuciosa exploración general.

Tiene la ventaja sobre otros sistemas alternativos y/o convencionales de proporcionar un diagnóstico preciso, rápido, fiable y sin agresiones, pero debe ser manejado por personas bien formadas y con amplia experiencia. Quien conozca la naturaleza de las reacciones de los tejidos, con sólo ver el iris podrá saber lo que está ocurriendo en los distintos órganos del cuerpo. Para cualquier doctor, los ojos son un barómetro extraordinariamente sensitivo por el cual puede predecir circunstancias que le pueden afectar meses o años mas tarde. El aviso previo que dan sus ojos con frecuencia puede evitar una seria y prolongada enfermedad, por eso un examen general debería incluir la revisión de los ojos.

Actualmente y gracias a los avances tecnológicos disponemos de un iridioscopio digital, por medio del cual se digitaliza la imagen del iris del ojo, con esto no solamente leemos el estado del iris pero ademas permite guardar la imagen para evaluar la evolución de un tratamiento que el paciente esté llevando. Es la mejor manera de poder verificar la eficacia o error de un tratamiento o terapia. Haz una cita con tu iridiólogo para conocer preventivamente el diagnóstico de tu salud o comienza a tomar control de la evolución de la recuperación de esta.

Las personas con diabetes tienen un riesgo 2,61 veces mayor de desarrollar el tumor. Y además, este riesgo se incrementa proporcionalmente con el aumento de peso

A día de hoy se sabe que el exceso de peso se asocia a un mayor riesgo de padecer diferentes tipos de cáncer. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado recientemente un informe en el que relaciona la obesidad con hasta ocho enfermedades oncológicas. Es el caso, entre otros, del cáncer de hígado. Pero un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Sociedad Americana Contra el Cáncer (ACS) va aún más allá. Y es que de acuerdo con los resultados, publicados en la revista «Cancer Research», el exceso de peso, ya sea valorado a partir del índice de masa corporal (IMC) o del perímetro de la cintura, incrementa, y mucho, el riesgo de cáncer hepático. Un riesgo, además, que incluso es mayor en los casos en los que la obesidad se acompaña de diabetes. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que, por sí sola, la diabetes tipo 2 ya aumenta hasta 2,61 veces la probabilidad de aparición de un tumor en el hígado. Como explica Peter Campbell, director de la investigación, «nuestros resultados suponen una razón adicional para mantener un peso ‘normal’. Unos resultados, además, que son consistentes con otros hallazgos que indican que la obesidad y la diabetes podrían estar jugando un papel en el rápido incremento de la incidencia de cáncer de hígado en la última década. Y es que el cáncer hepático no se asocia únicamente con el consumo de alcohol y las infecciones por hepatitis virales».

La incidencia del cáncer de hígado se ha triplicado en Estados Unidos en las últimas cuatro décadas. Un periodo en el que, asimismo, los casos de obesidad y de diabetes tipo 2 se han disparado. Entonces, ¿puede esperarse que exista una relación entre, por un lado, los tumores hepáticos y, por otro, la obesidad y la diabetes? Pues para evaluar esta posibilidad, los autores revisaron los datos de 14 grandes estudios prospectivos llevados a cabo con 1,57 millones de adultos que, sin diagnóstico de cáncer de hígado en el momento de su reclutamiento, habían contestado a distintos cuestionarios para conocer su peso, estatura, consumo de alcohol, hábito tabáquico y otros factores de riesgo de cáncer hepático. Los resultados mostraron que cada incremento de 5 kg/m2 en el IMC se asoció con un aumento muy significativo del riesgo de desarrollo de cáncer de hígado –de un 25% en el caso de las mujeres y de hasta un 38% en el de los varones.

Asimismo, y con independencia del sexo del participante, el aumento de 5 cm en el perímetro de la cintura conllevó un incremento de la probabilidad de aparición del tumor del 8%. El cáncer de hígado no se asocia únicamente con el consumo de alcohol y las infecciones por hepatitis virales Peter Campbell

Y lo que es más importante, con independencia del consumo de alcohol, el hábito tabáquico y el IMC, los participantes con diabetes tipo 2 tuvieron un riesgo hasta 2,61 veces mayor de padecer un tumor en el hígado. Es más; este riesgo, ya de por sí muy considerable, se incrementó de forma paralela con el IMC. Como indica Peter Campbell, «en nuestro estudio observamos que cada uno de estos tres factores se asoció de forma consistente con el riesgo de cáncer de hígado. Tres factores que, no lo olvidemos, se encuentran directamente relacionados con las disfunciones metabólicas. En consecuencia, nuestros hallazgos refuerzan las evidencias de que el cáncer de hígado debe estar en la lista de tumores asociados a la obesidad».

En definitiva, el aumento de la prevalencia de la obesidad y de una de sus principales enfermedades asociadas –la diabetes tipo 2– explica, cuando menos parcialmente, el notable incremento de los casos de cáncer hepático tanto en Estados Unidos como en todo el mundo. Como refiere el director de la investigación, «el riesgo de desarrollar un cáncer hepático a lo largo de la vida se establece en torno al 1% en Estados Unidos. Así, 8 de cada 100.000 adultos acaban padeciendo el tumor cada año. Y según muestran nuestros resultados, el riesgo de aparición de este tipo de cáncer es más del doble en la población con diabetes tipo 2».

Por tanto, y con objeto de combatir la creciente incidencia del cáncer hepático, los autores inciden en la necesidad de dedicar más esfuerzos a la lucha frente a la obesidad. Como concluye Katherine A. McGlynn, co-autora de la investigación, «desde una perspectiva de salud pública, nuestros resultados son muy importantes porque, desafortunadamente, la obesidad y la diabetes son muy comunes en la población. Y si bien hay otros factores de riesgo muy bien establecidos para el tumor, caso de los virus de las hepatitis B y C, son factores mucho menos comunes que la obesidad o la diabetes».

Moderando estos alimentos estarás evitando dañar tu hígado. Existen una serie de comidas que, si las tomamos en exceso, pueden llegar a hacer daño seriamente a nuestro hígado. Por el contrario, si nuestro hígado ya está dañado y seguimos consumiendo estas comidas en exceso lo estaremos deteriorando todavía más. Perjudicar nuestro hígado es muy peligroso para nuestra salud, no solamente por los dolores abdominales fuertes que podemos llegar a padecer, sino porque también estaremos destruyendo y haciendo daño uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo.

En Bekia te contamos porqué debemos mantener nuestro hígado sano y qué alimentos no debemos tomar o abusar si no queremos dañarlo. El hígado es el órgano de nuestro cuerpo, situado en el abdomen, que se encarga de filtrar toda la comida y la bebida que ingerimos. Por lo tanto, tiene una función desintoxicante, ya que absorbe aquellos nutrientes beneficiosos para nuestro cuerpo y descarta todo aquello que debe ser expulsado del mismo. La función de este órgano es, así pues, muy importante, ya que si no funciona bien no estaremos recibiendo los nutrientes y las vitaminas necesarias de las comidas para que nuestro cuerpo funcione con normalidad.

A las personas que tienen daño y no les funciona correctamente este órgano deben de serle inyectadas las vitaminas, puesto que no podrán tomarlas por vía oral porque el hígado no absorberá sus nutrientes. Además de filtrar, el hígado también produce la bilis, una sustancia química que genera nuestro propio cuerpo para poder disolver los alimentos que comemos en el estómago, y así expulsar lo no necesario más fácilmente. Lo mejor de este órgano tan importante es que se regenera solo, sorprendentemente y a diferencia del resto de órganos de nuestro cuerpo. Sin embargo, no se mantiene sano eternamente, por lo que si se ha hecho daño y regenerado muchas veces, puede que cada vez le cueste más y llegue un punto que esté totalmente irreparable.

Este órgano es, entonces, esencial para una vida sana y normal en una persona. Por lo tanto, debemos tratarlo bien y el mejor modo de hacerlo es no consumir aquellas comidas en exceso que pueden dañarlo. Los alimentos que más dañan nuestro hígado son los siguientes:

Estas, sobre todo por su alto contenido en azúcar, son malas para nuestra salud en general, así como para nuestro hígado. Sin embargo, el alcohol es la peor de ellas, porque corroe el hígado haciéndole cada vez más difícil regenerarse y poder filtrar bien los alimentos. Estas comidas tampoco ayudarán a la salud de este órgano tan importante para nuestro cuerpo y es muy probable que aquellas personas con una mala alimentación puedan sufrir de hígado graso, el cual tiene dificultades para filtrar el alimento por causa de la gran cantidad de grasa acumulada o la cirrosis, problemas también al ir al baño.

Si estas enfermedades se diagnostican a tiempo, la persona afectada se ahorrará muchos dolores a la vez que podrá empezar una dieta sana y equilibrada y recuperar el estado de salud de su hígado para que vuelva a funcionar con normalidad. El exceso de especias también contribuye a dañar a nuestro hígado. Por lo tanto, cuando tengas que escoger qué comer o estés cocinando, intenta no comer demasiado picante, con mucha sal o especias, ya que podrías sufrir consecuencias inmediatas (como dolor de barriga o ir al baño en exceso y con dolor) o a largo plazo, como dañando el hígado de forma irreversible.

Consumir demasiada bollería industrial, grasas saturadas y dulces también dificulta la tarea de filtración a este órgano, lo que hace que se deteriore con mucha más facilidad. Hay alimentos que hacen que nuestro estómago e hígado tengan que trabajar más que con otros. Las verduras son muy sanas y fáciles de digerir, pero la carne roja, los huevos, los cereales (pan, gluten, pasta) son mucho más pesados, por lo que nuestro organismo tiene que hacer más esfuerzo para eliminarlos de nuestro cuerpo.

Por eso, debemos consumir todos los alimentos y bebidas citados siempre con moderación. Si mantenemos una dieta equilibrada con un ritmo de vida sano tendremos muchas menos probabilidades de dañar nuestro hígado y podremos mantenerlo mucho más tiempo sano. Existen enfermedades del hígado que son virales, como un tipo de hepatitis, que de nada depende nuestra dieta previa, pero sí influirá durante su curación si tomamos los consejos prestados con anterioridad. Así pues, evitar los alimentos que dañan nuestro hígado es fácil, y más si los consumimos solamente con moderación, puesto que entendemos y respetamos la importante labor de este órgano en nuestro cuerpo.

El hígado de vaca es un alimento que contiene 19,50 gramos de proteínas, 5,30 gramos de carbohidratos, 3,38 gramos de grasa por cada 100 gramos y no contiene azúcar, aportando 130 calorias a la dieta. Entre sus nutrientes también se encuentran las vitaminas B4, B2, A y B9. Además de estas propiedades, el hígado de vaca contiene hierro y potasio. Esta página recopila información sobre las características nutricionales y otras propiedades del hígado de vaca a modo de resumen. Aquí podrás encontrar información sobre las proteínas, vitaminas y minerales del hígado de vaca además de otros nutrientes como fibra, calorías o colesterol.

Las proporciones de los nutrientes del hígado de vaca pueden variar según el tipo y la cantidad de la carne, además de otros factores que puedan intervenir en la modificación de sus nutrientes. Recuerda que según la preparación del hígado de vaca, pueden variar sus propiedades y características nutricionales. Puedes utilizar esta información para conocer el aporte en tu dieta de este u otros alimentos. Esta información te puede ayudar comer mejor peparando recetas con hígado de vaca sanas y nutritivas, sin embargo, la información sobre este y otros alimentos ha sido obtenida de diversas fuentes y podría no ser totalmente exacta por lo que debes consultar a tu médico o un nutricionista antes de comenzar cualquier régimen o hacer cambios drásticos en tu dieta.

En esta página también podrás las características del hígado de vaca con otros alimentos. Entre los alimentos de la categoría de las carnes y derivados que tenemos disponibles entre los alimentos en nuestra tienda o supermercado habitual, se encuentra el hígado de vaca.

escitalopram y diabetes

7 consejos prácticos para reducir el estrés

Los tumores y otras causas menos frecuentes pueden igualmente obstruir el flujo normal de la bilis.

  • ictericia
  • liquido en el abdomen o ascitis
  • Piel
    • Palmas enrojecidas

Aumento de la frecuencia cardiaca y de la cantidad de sangre expulsada

¿Sabías que el hígado es el órgano más grande dentro del cuerpo humano? También es uno de los más importantes, debido a la cantidad de funciones que desempeña, como la transformación de los alimentos en energía, la eliminación del alcohol y las toxinas de la sangre, la producción de la bilis, un líquido amarillo verdoso que ayuda a la digestión, y ayudar a mantener el equilibrio de glucosa, proteínas, grasas, colesterol, hormonas y vitaminas en el cuerpo.

¿Quieres saber más sobre las enfermedades que pueden aparecer asociadas a él? Existen muchos tipos de enfermedades hepáticas:

  • algunas de ellas son causadas por virus, como la hepatitis A, la hepatitis B y la hepatitis C.
  • otras pueden ser consecuencia de la ingestión de medicamentos, venenos, toxinas o de un exceso de alcohol.
  • la cirrosis, que consiste en que el hígado forma tejido cicatrizal debido a una enfermedad, que impide su buen funcionamiento.
  • la ictericia, o coloración amarilla de la piel, puede ser un síntoma de afección hepática.
  • otras enfermedades hepáticas pueden ser hereditarias, como por ejemplo, la hemocromatosis.
  • al igual que en otras partes del cuerpo, el cáncer puede afectar al hígado.

Los principales síntomas que pueden aparecer cuando aparece un problema relacionado con el hígado son:

  • mala digestión.
  • hinchazón en el abdomen.
  • náuseas, especialmente después de ingerir comidas grasas.
  • coloración amarillenta en ojos y piel (ictericia).
  • estreñimiento.
  • orina de color oscuro.
  • mal aliento y/o lengua con manchas al levantarse por la mañana.
  • dificultad para la concentración y memoria.
  • fiebre, sudoración, urticaria, erupciones cutáneas y asma.
  • frecuentes dolores de cabeza.
  • fatiga y síndrome de fatiga crónica.
  • baja tolerancia al alcohol y a algunos medicamentos tales como los antibióticos.
  • abuso de alcohol.
  • falta de higiene en la preparación de los alimentos.
  • exposición directa a ciertos productos químicos que afectan al hígado (arsénico, mercurio, plomo, cobre, fósforo, selenio) así como a pesticidas e insecticidas.
  • dosis excesivas de medicamentos, o automedicación.
  • mantener relaciones sexuales no seguras, así como compartir jeringuillas, cepillos de dientes o artículos de afeitado.

A continuación te presentamos los mejores remedios caseros para los problemas de hígado que hemos recopilado.

Nuestros remedios para los problemas de hígado pretenden ayudarte a estar informado, pero nunca deben sustituir una consulta médica. Es fundamental que consultes a tu médico sobre este o cualquier otro tratamiento natural, así como posibles contraindicaciones o incompatibilidades. Cuando aparece un problema relacionado con el hígado, es muy importante cambiar los hábitos alimenticios para no sobrecargar este órgano. Para ello, es conveniente seguir las siguientes pautas.

En primer lugar, haya una serie de alimentos cuyo consumo está desaconsejado y que convendría eliminar de la dieta habitual. Entre ellos encontramos:

  • comidas ricas en grasas.
  • todo tipo de excitantes: café, tabaco, y especialmente, el alcohol.
  • la toma de medicamentos convencionales debe reducirse al mínimo.
  • huevos, sobre todo fritos. Pueden comerse 1 o 2 por semana pasados por agua.

En segundo lugar, encontramos una serie de alimentos de los que no conviene abusar o cuyo consumo habría que reducir para aligerar el esfuerzo que tiene que realizar este órgano, y entre ellos encontramos:

  • harinas refinadas: bollería, pan blanco, dulces industriales, pizzas, etc.
  • manzanas: a pesar de ser un alimento muy sano, puede causar congestión a muchas personas que padecen de la vesícula.
  • leche entera y sus derivados.
  • carnes grasas.

Y sobre todo, es muy conveniente incluir una serie de alimentos que constituirían la base de la dieta de las personas que padecieran alguna dolencia relacionada con el hígado, y serían:

  • Carbohidratos de absorción lenta: cereales integrales, pastas, zanahorias, etc.
  • fruta, tanto la dulce como la ácida: plátano, pera, melón, naranja, limón, etc., evitando las manzanas y las fresas, éstas últimas porque pueden causar reacciones alérgicas.
  • verduras y hortalizas, brevemente cocidas, especialmente la alcachofa.
  • ensaladas vegetales variadas.
  • alimentos ricos en azufre: col, coliflor, cebolla, ajo, etc.

Si el hígado sufre alguna enfermedad o algún trastorno que le afecte, puede doler. Si se encuentra inflamado o agrandado de tamaño porque ha acumulado demasiada grasa, como en le caso del hígado graso, o porque se han seguido hábitos no demasiado saludables, como beber alcohol en exceso o haber abusado de ciertos medicamentos, se puede experimentar dolor en la zona del abdomen superior derecho, por debajo de las costillas. Esta molestia o dolor suele ser constante. Las enfermedades asociadas a trastornos en el hígado son muchas y con causas diversas; pero concentraremos la atención en los tres padecimientos principales y más comunes que pueden afectar a este órgano. Estas son las enfermedades más comunes del hígado.

En primer lugar la ictericia. En esta enfermedad la bilis se acumula en el torrente sanguíneo y los tejidos del cuerpo se tiñen de amarillo. El primer sitio en el que se nota es en la parte blanca de los ojos, pero con el tiempo todo el cuerpo se cubre de esta tonalidad, incluso puede ser visto en la orina y el sudor que llegan a tener un tinte amarillento. Esta enfermedad es causada generalmente por una de tres situaciones: a) puede ser una enfermedad hereditaria que además afecta al bazo; b) puede ser debido a cálculos biliares que obstruyen el conducto desde el hígado; y c) puede ser causada por una infección del hígado conocida como hepatitis. La segunda enfermedad que puede dañar el hígado es la hepatitis. Es causada a menudo por un ataque viral, por los que el órgano se hincha causando un terrible dolor en el costado derecho del cuerpo. Tiene que pasar un largo periodo para que se note alguna recuperación; a pesar de que muchos pacientes se alivian por completo, no hay garantía de que esto se de en 100% de los casos. Los síntomas de la hepatitis tiene un inicio lento y por lo tanto, difícil para la detección temprana. Por lo general, se acompaña de fiebre, pérdida clara de apetito, vómitos y diarrea. La ictericia, como ya mencionamos, también ocurre con frecuencia debido a la hepatitis, es por ello que esta enfermedad exige la mejor y más oportuna atención médica.

La tercera enfermedad que se conoce comúnmente entre las que dañan al hígado es la cirrosis. A pesar de que es una de las enfermedades hepáticas más comunes, también es uno de las más mal entendidas. En ésta el hígado tiene una apariencia áspera, que se pensaba anteriormente que era el resultado directo del alcoholismo crónico. Como su causa sigue siendo un misterio, puede existir sin ser detectados por muchos años. A veces, la inflamación del abdomen por una acumulación de fluidos acuosos dentro, este síntoma puede despertar la sospecha en el paciente de que algo anda mal. En otras ocasiones, vómito repentino en grandes cantidades mezclado con sangre de alguna vena rota en el estómago, puede ser también un indicio de la enfermedad.

En las últimas etapas de la cirrosis, la sangre no puede circular fácilmente por el hígado y se ve obligado a encontrar y construir nuevos canales a través del cual fluir; entonces se puede ver grandes venas en la superficie del abdomen y la piel que cubre la pared torácica de estos individuos. La cirrosis suele diagnosticarse después de que ha existido desde hace mucho tiempo, y entonces se considera incurable, pero los médicos generalmente pueden prolongar la vida cómoda a través de medicamentos, transfusiones de sangre, dieta y otras medidas. Estas son las enfermedades más comunes del hígado, algunas pueden prevenirse.

El hígado graso no alcohólico -o esteatosis hepática no alcohólica- es una patología generalmente benigna que posee unos síntomas y un tratamiento a seguir para reducir la grasa en el hígado. Descubre todo lo que necesitas saber sobre ella. El hígado graso, comúnmente conocido en el ámbito sanitario como esteatosis hepática, es una enfermedad generalmente benigna del higado que se caracteriza por la acumulación de ácidos grasos y de triglicéridos en las células hepáticas.

Los síntomas del hígado graso por regla general suelen ser dolor en la parte superior derecha del abdomen, malestar general, fatiga crónica, y sensación de pesadez, en especial después de las comidas. Aunque también es cierto que existen pacientes que no tienen síntomas, cuestión peligrosa hasta cierto punto dado que la enfermedad puede evolucionar de manera silenciosa a estadios más graves.

Hace algunos años el hígado graso se relacionaba con el consumo de alcohol en grandes cantidades, aunque en la actualidad cada vez son más los especialistas que relacionan el aumento de personas con esta patología con los altos niveles de obesidad, de colesterol y triglicéridos. Habitualmente, y con absoluta normalidad, nuestro hígado posee cantidades pequeñas de grasa, que supone concretamente alrededor de un 10% de su peso. Sin embargo, cuando esta acumulación grasa es excesiva y supera esta cantidad es cuando nos encontramos ante una esteatosis hepática.

Como su propio nombre indica, la esteatosis hepática consiste en la acumulación excesiva de grasa en el hígado, por encima de lo considerado como normal. Al microscopio el especialista médico observa cómo los hepatocitos (las distintas células del hígado), poseen gotas de grasa o lipídicas de gran tamaño y en número pequeño, o bien de tamaño pequeño y en grandes cantidades.

Se caracteriza principalmente porque este órgano se ve incapaz de eliminar los ácidos grasos y triglicéridos, por lo que poco a poco se van acumulando en las en las células hepáticas. De hecho, la esteatosis hepática es considerada grave cuando causa hepatomegalia y hepatitis (esteatohepatitis). Es decir, cuando ocasiona el agrandamiento y la inflamación del hígado.

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La miel de abejas es un ingrediente cuyas propiedades ayudan a estimular la capacidad depurativa del organismo; de hecho, la miel es uno de los ingredientes más aconsejados para la recuperación de personas con cirrosis así como para mitigar los efectos de una resaca. Por lo tanto si quieres saber cómo comer si tienes cirrosis, un ingrediente que no puede faltar en tu dieta es la miel de abejas. Las hortalizas y las verduras son buenos aliados para disminuir los efectos de la cirrosis y es que son unos ingredientes que contribuyen a purificar este órgano. Su alto contenido en enzimas y sus propiedades antioxidantes hacen que el hígado elimine con mayor facilidad las sustancias tóxicas y las grasas acumuladas.

De entre todas las verduras que existen, las más beneficiosas para tu hígado son:

  • Alcachofas
  • Zanahorias
  • Brócoli y coliflor
  • Remolacha
  • Espinacas

En este artículo profundizamos sobre las verduras buenas para el hígado. Las frutas también son alimentos buenos para la cirrosis puesto que contribuyen en la depuración y limpieza del hígado favoreciendo las funciones de conversión de los alimentos en energía y de regulación de los niveles de grasa; de entre todas las frutas que existen, las que destacan por encima de todas son los cítricos por ser depurativos naturales.

Otras frutas buenas para la cirrosis son: En este artículo te explicamos en profundidad las frutas para limpiar el hígado.

La grasa procedente de los carbohidratos pueden causar una disfunción hepática y hacer que se acumulen excesos de grasa en el hígado, por lo tanto, es recomendable disminuir el consumo de carbohidratos (sobre todo los refinados) en tu dieta para la cirrosis. Si quieres consejos para el cuidado de tu hígado, en este artículo te informamos cómo cuidar el hígado para intentar reducir los síntomas de la cirrosis.

Este artículo es meramente informativo, en unCOMO no tenemos facultad para recetar ningún tratamiento médico ni realizar ningún tipo de diagnóstico. Te invitamos a acudir a un médico en el caso de presentar cualquier tipo de condición o malestar. Si deseas leer más artículos parecidos a Cómo comer si tengo cirrosis, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Enfermedades y efectos secundarios.

Dr. Jorge Quiroga
Unidad de Hepatología. Departamento de Medicina Interna. Clínica Universitaria de Navarra

La cirrosis es el resultado final de muchas enfermedades hepáticas crónicas. Disminuye el tejido hepático funcionante y aparece fibrosis. El hígado pierde su función y estructura normales y se producen insuficiencia hepática e hipertensión portal. Es la novena causa de muerte en países occidentales.

En nuestro medio, más del 80% de los casos se deben al alcohol (40%) y a la hepatitis crónica por virus C (40%). El resto se debe a hepatitis crónica por virus B, hepatitis crónica autoinmune, cirrosis biliar primaria, colangitis esclerosante, enfermedades metabólicas congénitas familiares como la hemocromatosis (sobrecarga de hierro), la enfermedad de Wilson (sobrecarga de cobre), el déficit de alfa-1-antitripsina y la porfiria cutánea tarda. La esteatohepatitis no alcohólica (asociada a diabetes y obesidad) es una causa cada vez más frecuente. Muy raramente se debe a toxicidad farmacológica y a otras enfermedades muy infrecuentes. Estas enfermedades son progresivas. En muchas el diagnóstico y tratamiento precoces evitan la progresión a cirrosis o detienen su evolución. Por eso es importantísimo saber si una persona tiene una enfermedad hepática crónica con potencial evolución a cirrosis.

Se deben a dos hechos principales: la insuficiencia hepática y la hipertensión portal. La insuficiencia hepática produce, entre otros, fallos en la fabricación de proteínas, en la depuración de sustancias y en el control de la nutrición. Por ello, la cirrosis repercute gravemente sobre todo el organismo. La hipertensión portal se debe a que el hígado cirrótico opone mayor resistencia al paso de la sangre. Como resultado, mucha de la sangre portal que debería pasar por el hígado no lo hace y circula por trayectos venosos anormales con dos consecuencias. Primera, la aparición de varices esofágicas y gástricas que pueden romperse y producir hemorragias muy graves. Segunda, la falta de depuración en el hígado de la sangre procedente del territorio abdominal por lo cual muchas sustancias llegan al resto del organismo en cantidades muy superiores a las normales con múltiples consecuencias nocivas.

En las personas con cirrosis existen dos etapas: una inicial (cirrosis compensada) y otra avanzada (cirrosis descompensada).
En la fase inicial el paciente puede estar asintomático y hacer vida normal. De hecho, hay personas que tienen cirrosis y lo desconocen. Algunos pacientes pasan de esta situación a tener una complicación aguda muy grave que puede comprometer su vida. En otros casos la enfermedad progresa hasta llegar a la fase avanzada en la cual aparece el cuadro florido de la cirrosis, la calidad de vida disminuye y el riesgo de muerte crece. Más del 50% de estos enfermos fallecen en un lapso de 5 años si no reciben un trasplante hepático o se instaura un tratamiento frene la evolución (por ejemplo abandono del alcohol o tratamiento antiviral, según la causa). El diagnóstico se hace por combinación de hallazgos clínicos, analíticos y de imagen y/o por la realización de una biopsia hepática. Una persona puede enterarse de padecer cirrosis por:

  • Hallazgo imprevisto: por alteración de los análisis del hígado o hallazgos anormales en ecografía o escáner en consultas por otro motivo.
  • Por estudio familiar tras identificar una enfermedad hepática hereditaria. Por ejemplo, una hemocromatosis.
  • En el seguimiento de hepatopatías progresivas conocidas. Por ejemplo, hepatitis crónica C.
  • Por síntomas iniciales inespecíficos. Por ejemplo, cansancio o hinchazón de tobillos.
  • Por complicaciones graves. Por ejemplo, una hemorragia digestiva por rotura de varices o encefalopatía hepática.

Las manifestaciones clínicas más importantes de la cirrosis avanzada son las siguientes:

  • Deterioro del estado general: cansancio, falta de apetito y desnutrición con pérdida de masa y fuerza muscular.
  • Color amarillento de la piel (ictericia), aparición de dilataciones vasculares en la piel sobre todo de la cara, tronco y extremidades superiores y facilidad para tener hematomas con golpes mínimos y hemorragias gingivales. A veces se observan venas muy marcadas en la pared del abdomen.
  • Distensión del abdomen por acúmulo de líquido (ascitis) e hinchazón de tobillos y piernas por edemas. El síndrome hepato-renal y la peritonitis bacteriana espontánea pueden aparecer sólo si hay ascitis y el pronóstico es muy grave.
  • Hemorragias digestivas por rotura de varices esofágicas o gástricas, que son muy graves.
  • Alteraciones de la función cerebral con cambios sutiles (mayor torpeza, lentitud de pensamiento) o manifiestas como desorientación alteración de la conducta, somnolencia o incluso coma (encefalopatía hepática).

La cirrosis predispone al cáncer de hígado y más del 90% de los hepatocarcinomas aparecen en hígados cirróticos. Por eso los pacientes con cirrosis deben ser vigilados ya que el diagnóstico precoz de estos tumores permite tratamientos curativos.

Los consejos generales con respecto a las enfermedades hepáticas crónicas son los siguientes:

  • Una persona con enfermedad hepática no debe consumir alcohol. Una persona sana no debe consumir alcohol en cantidades excesivas (60 gramos/día para varones y 30 gramos/día para mujeres sería la cantidad máxima). De modo orientativo, un litro de cerveza tiene unos 40 gramos de alcohol, un litro de vino unos 115 y un litro de whisky o bebida similar unos 320.
  • Seguir las indicaciones con respecto a la vacuna contra el virus B que indique el médico (ya se vacunan todos los niños y en adultos depende del riesgo).
  • Evitar automedicación, especialmente si se tiene una enfermedad hepática.
  • Incluir análisis básicos de hígado (transaminasas, fosfatasa alcalina y gamma-GT) cuando se hagan análisis por otro motivo.
  • Comunicar al médico habitual la existencia de familiares con hepatopatías
  • Si una persona tiene cualquier enfermedad hepática o alteraciones de los análisis del hígado, seguir el programa de revisiones que sus médicos aconsejen.

Si una persona tienen una cirrosis debe ser seguida un mínimo de 2 ó 3 veces al año por sus médicos para prevenir complicaciones, darle el tratamiento adecuado y, en su caso, valorar la posibilidad de realizar un trasplante hepático. Las medidas de prevención y tratamiento de las complicaciones de la cirrosis son complejas y deben ser siempre indicadas por sus médicos. La cirrosis es un proceso difuso caracterizado por la conversión de la actividad normal del hígado en nódulos, estructuralmente anormales.

Las causas de las cirrosis son múltiples aunque la más frecuente es el alcohol, pero también puede ser producida por drogas o fármacos o enfermedades metabólicas. La clínica de los pacientes con cirrosis depende de si esta ésta descompensada o estabilizada y de cuál es la causa que la produce.

No existe ningún tratamiento que modifique claramente la historia natural de la cirrosis. Su tratamiento va dirigido directamente a las complicaciones.

Las secuelas de la cirrosis están directamente relacionadas con la hipertensión portal. Las varices esofágicas son una de las complicaciones más importantes de la cirrosis y las desarrollan hasta un 15% de los cirróticos anualmente. La ascitis es el acumulo patológico de líquido en la cavidad peritonial y la causa mas frecuente es la cirrosis hepática.

Generalmente se manifiesta con un aumento del perímetro abdominal y dificultad respiratoria por compresión diafragmática. El diagnostico se puede hacer con la exploración física y cuando hay dudas el mejor método para confirmar el diagnostico es la ecografía abdominal.

comparacion entre citalopram y escitalopram

Este económico ingrediente combate con efectividad la Diabetes, El Cáncer, Hígado Graso y Problemas Digestivos

El ser humano todos los días reinventa y se reinventa a sí mismo para lograr lo que quiere. Para nadie es un secreto que desde inmemorables tiempos hemos buscado la forma de mantenernos saludables y aptos para vivir un día a día de la mejor manera posible y así asegurarnos placer.Desde principios de los tiempos hemos hallado las formas de mantenernos con un cuerpo y organismo sanos y hermosos. Ya sea mediante métodos distintos, como lo son la dieta y los ejercicios. Que nos ayudan a preservar la salud de nuestro cuerpo. Uno de esos métodos es la dieta. Fundamental para mantenernos a la raya con nuestro peso y figura. Una dieta balanceada llena de vitaminas, minerales, proteínas, carbohidratos e hidratación es la clave para mantener un cuerpo esbelto y saludable. Gracias a la naturaleza tenemos diversas formas de mezclar sabores y texturas para una diera más rica.

Con este ingrediente podrás evitar el cáncer y otras enfermedades mortales
La cúrcuma se ha utilizado por siglos como parte de la medicina natural, y es asombrosa. Entre los diversos usos que se le han dado a la cúrcuma se encuentran: enfermedades respiratorias, artritis, enfermedades del hígado, dolores articulares y musculares, problemas en la piel y gastrointestinales. También ayuda a reforzar el sistema inmunológico y la salud de todo el cuerpo. Posee componentes antiinflamatorios y combate los microbios de alto alcance. Por lo cual, su uso es frecuente en enfermedades crónicas y autoinmunes. Estabiliza los niveles de azúcar en la sangre, ayuda en las

depresiones, combate las alergias, previene el Alzheimer y la demencia. Todo esto mientras limpia el hígado, ya que contrarresta los radicales libres. En el artículo de hoy te seguiremos hablando de lo maravillosa que puede ser la cúrcuma para tu cuerpo, además de todos los beneficios que puedes sacar de ella. Así que presta mucha atención.

Bondades de la cúrcuma en el cuerpo y organismo
* Previene el cáncer: Este maravilloso condimento tiene propiedades que ayudan a eliminar la acumulación de células en el cuerpo que pueden causar cáncer. * Es buena para la artritis: Por sus mismas capacidades antinflamatorias la cúrcuma es ideal para pacientes y personas que sufren de artritis.

* Alivia el malestar estomacal: Dese hace milenios nuestros ancestros han utilizados las propiedades calmantes de la cúrcuma para apaciguar los dolores y nauseas estomacales. * Refuerza el corazón: Todos sabemos que gracias al corazón es que podemos mantenernos vivos. Si agregamos la cúrcuma en nuestra dieta, estaremos contribuyendo a poseer un corazón más saludable y longevo.

* Quema la grasa: Otra de las bondades de la cúrcuma es que tiene dentro de sus componentes excelentes propiedades que agilizan la pérdida de peso naturalmente. * Previene el Alzheimer: Con este ingrediente le estamos aportando a nuestro cerebro y neuronas muchas fuerzas, cosa que nos ayudaría a evitar contraer el Alzheimer.

* Ayuda con la depresión: Aunque parezca increíble la cúrcuma está compuesta por muchos agentes antidepresivos. * Erradica el colesterol malo: La cúrcuma es ideal para evitar enfermedades del corazón porque ayuda a expulsar del cuerpo todo el colesterol dañino.

* Es buena para la piel: Aporta mucho brillo y sanidad a nuestra exterioridad, por sus proteínas y minerales. Además de esto, la cúrcuma es excelente para combatir la diabetes, y muy buen cicatrizante. ¿No es una maravilla? No olvides compartir esta información con tus amigos y familiares.

Ha estado expuesto que el consumo excesivo de grasa, colesterol, y carbohidratos en la dieta esta correlacionado con el desarrollo de enfermedad del hígado grasa. Los científicos hace poco hicieron un estudio para determinar cómo cada componente de la dieta individual afecta la progresión y iniciación de enfermedad del hígado grasa.

Enfermedad del hígado grasa no alcohólico (HGNA o NAFLD, por sus siglas en ingles) es una enfermedad hepática aumentando, actualmente afectando sobre 25% de la población del mundo. HGNA viene con una amplia gama de patológicas, o etapas, comenzando con esteatosis hepática, hasta carcinoma hepatocelular. La progresión por la etapa de HGNA ha estado hipostasiado para necesitar una multitud de “estimuladores” diferentes como la inflamación y estrés oxidativa. Seguir este, ambos niveles séricos y hepáticos de proteínas proinflamatorios conocidos como tumor-necrosis factor alpha (TNF-a) y proteína quimio-necrosis de monocitos-1 (MCP-1) exponen niveles más altos en pacientes con cualquiera gama de HGNA.

Ambos grasas dietarías y colesterol son pensados ser conectados a la iniciación y progresión de enfermedad del hígado grasa en humanos y otros modelos animales. Fructosa podría ser otro fuente del desarrollo de enfermedad del hígado grasa. Los papeles de grasas, colesterol, y carbohidratos no se quedan claros en la iniciación y progresión de enfermedad del hígado grasa y más percepción es necesaria. Un estudio de investigación en Dinamarca hace poco fue publicado en la revista Diabetology & Metabolic Syndrome para comparar el desarrollo de enfermedad del hígado grasa por los efectos de grasa, fructosa, y colesterol en un modelo de animal. El equipo de investigación compararon los efectos de grasa, fructosa, y una combinación de los dos junto con el colesterol aumentado. Usaron 40 ratas masculinas que fueron categorizadas al azar en cuatro grupos diferentes de tratamiento: el grupo control de dieta, el grupo dieta de grasa alta (HFD), el grupo dieta de fructosa-alta (HFr), o grasa-alta, fructosa-alta, y grupo dieta de colesterol alto (NASH). Las ratas fueron dadas las dietas diferentes por un periodo de 16 semanas. Después el periodo de tratamiento, las ratas fueron juntadas y una histología hepática fue hecha.

La histología expuso acumulación de grasa alta en las células hepáticas también como inflamación en las ratas que fueron dadas la dieta de NASH también como las ratas que fueron dadas la dieta de HFD sola. Los cambios en histología hepática no fueron prominentes en las ratas que fueron alimentadas la dieta de HFr. Como esperado, las ratas que fueron alimentadas las dietas de NASH o HFD tuvieron cantidades aumentadas de triglicéridos en sus células hepáticas. Las ratas que fueron dadas la dieta de NASH tuvieron niveles aumentados de colesterol en el hígado. Ratas alimentadas ambos con HFD y NASH expone una subida suficiente en MCP-1. Ratas alimentadas con HFD también exponen una subida en TNF-a como un mecanismo para el desarrollo de enfermedad del hígado grasa. En conclusión, los científicos expusieron que grasa dietaría y colesterol son los estimuladores más grandes de la iniciación de hepática grasa y desarrollo en ratas. También indica que fructosa más probables tienen repercusiones en el grupo de lípido de células hepáticas. Aunque estas resultas están empezando a juntar como grasa, colesterol, y carbohidratos desempeñan papeles en el desarrollo de enfermedad del hígado grasa, todavía hay muchas más preguntas que hacer y mecanismos que asesar.

Escrito de: Ingrid Qemo, BSc
Traducido de: Danielle Dinally (DD) *Dr. Pablo Lezama del Valle


         El higado tiene muchas funciones metabolicas vitales. Incluyen la sintesis de proteinas y azucares, la eliminacion de deshechos de el torrente sanguineo, fabrica enzimas (incluyendo las que hacen que se coagule la sangre) y la destoxificacion de muchas drogas y venenos.
         Los signos de enfermedad de el higado son muy variables. Las dos que son las mas comunes son la ictericia y la ascites.

         La ictericia es una condicion donde la bilis se acumula en la circulacion, volviendo la piel y lo blanco de los ojos color amarillo, y la orina del color de te.          Ascites es la acumulacion de fluido en el abdomen. Es causada por presion venosa en aumento en las venas portal que van al higado. Un gato con ascites tiene un abdomen inflamado o hinchado.


         Sangrado espontaneo puede ser un signo de enfermedad de el higado avanzada. Lugares comunes de sangrado son el estomago, el intestino, el tracto urinario. Ocurren pequeñas areas de hemorragia, de el tamaño de la cabeza de un alfiler en la boca, especialmente en las encias.          Un gato con funciones de el higado obstruidas aparece debil y letargico y tiene falta de apetito y peso. Tambien puede sufrir de vomito y diarrea, bebe excesivamente y tiene dolor en el abdomen. Signos de que el sistema nervioso central esta involucrado en la forma de convulsiones y coma son manifestaciones tardias.

         Un numero de enfermedades, drogas y toxinas pueden afectar adversamente el higado causando la muerte de celulas de el higado. El involucramiento de el higado frecuentemente es solo un aspecto de una enfermedad generalizada.          Las enfermedades infecciosas que involucran al higado son la peritonitis infecciosa felina y la toxoplasmosis. La leucemia felina y el cancer que empieza en el higado o de ahi se diseminan a otros lugares son causas de insuficiencia en el higado.

         Un bloqueo de uno o mas de los ductos biliares por piedras o parasitos no es muy comun pero se debe tomar en consideracion cuando el gato tiene ictericia sin explicacion.          Los quimicos que se sabe que inducen a la toxicidad de el higado son el tetracloruro de carbono, los insecticidas y cantidades toxicas de cobre, plomo, fosforo, selenio y hierro.

         Las drogas que afectan adversamente el higado incluyen gases anesteticos inhalados, antibioticos, diureticos, preparaciones de sulfato, anticonvulsionantes, arsenicos y algunas preparaciones de esteroides. La mayoria de ellos causan problemas olo si la dosis recomendada es excedida, o cuando se administra por largos periodos.          El tratamiento de la insuficiencia de el higado depende de el diagnostico. Estudios especiales de laboratorio (algunas veces biopsia de el higado) son necesarios para determinar la causa exacta. Esto requiere hospitalizacion y revision completa. El pronostico para la recuperacion esta relacionado con la cantidad de daño y de si la causa puede ser eliminada.

Esta fracción que aquí se presenta se centra en el suero sanguíneo (parámetros séricos) y específicamente, en los valores que nos indican qué tal funcionan el hígado, los riñones y el metabolismo en general. Se consideran normales los valores que se mantienen dentro del intervalo de referencia, los valores que están fuera de este intervalo (por encima o por debajo) vienen a mostrar descompensaciones o anomalías.

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La linaza no sirve para tratar directamente la condición de la cirrosis hepática, pero ayuda a reducir la carga que sufre el hígado, aliviando así los síntomas. Usa estas semillas ricas en fitonutrientes junto con tus comidas o con las frutas de tu desayuno.

Infusiones de boldo, albahaca, ajenjo, caballa, manzanilla, carqueja, mil-en-rama y diente de león son indicadas para favorecer la digestión, depurar la sangre y combatir la ictericia. Hierve ½ litro de agua y agrégale una cucharada de una de las hierbas mencionadas. Apaga el fuego y deja la infusión descansar por 10 a 15 minutos.

Cuélala y toma 2 a 3 tazas diariamente. Varía las hierbas cada pocos días.

Luego de una semana de consumo, descansa dos días antes de continuar, pero sigue tomando bastante agua en ese periodo. Bien, esto ha sido todo por hoy. Esperamos que estas informaciones sobre cómo se hace el diagnóstico y el tratamiento de la cirrosis te sean de bastante utilidad.

Muchas gracias por tu visita y, si lo deseas, déjanos tus preguntas o comentarios más abajo.

La Fibrosis Hepática es la acumulación de tejido fibroso a causa de la cicatrización de una lesión en el higado

La cicatrización es una respuesta normal del cuerpo a una lesión, pero cuando se produce la fibrosis, este proceso de curación se convierte en perjudicial. Cuando los hepatocitos (células del hígado funcionales) se dañan debido a la infección con un virus, el abuso de alcohol, toxinas, trauma u otros factores, el sistema inmune se activa para reparar el daño.

La lesión o muerte (necrosis) de los hepatocitos estimula la liberación de citoquinas, factores de crecimiento y otros productos químicos por las células inmunes inflamatorias. En las primeras etapas, las funciones hepáticas funcionan relativamente bien y algunas personas no experimentan síntomas. Pero a medida que continúa la inflamación y las lesiones se extienden, el tejido cicatricial comienza a acumularse con el tejido de la cicatriz existente, lo que termina alterando las funciones metabólicas del hígado.

Si la enfermedad progresa, se termina dando lugar a cirrosis, una condición en la que el hígado está lleno de cicatrices que restringen el flujo de sangre e impiden el funcionamiento del organo. La fibrosis hepática en sí no causa síntomas. Los síntomas pueden resultar de la fibrosis causando trastorno o, una vez la fibrosis progresa a cirrosis, causando complicaciones de la hipertensión portal.

Estos síntomas incluyen sangrado por várices, ascitis y encefalopatía portosistémica. La cirrosis puede resultar en insuficiencia hepática e insuficiencia hepática potencialmente fatal. Factores de riesgo de la Fibrosis Hepática

La fibrosis no evoluciona al mismo ritmo en todas las personas y que, de hecho, en algunas personas con hepatitis B o C es estable. Hay algunos factores que pueden causar la enfermedad progresa más rápidamente:

  • El sexo masculino.
  • Edad avanzada.
  • La depresión del sistema inmune (co-infección con el VIH o el uso de fármacos inmunosupresores).
  • Consumir alcohol.
  • La esteatosis (hígado graso).
  • Resistencia a la insulina.

La causa más común es la hepatitis B y el virus de la hepatitis C. Se aconseja a los portadores de la hepatitis B y la hepatitis C mantener siempre su estado de salud con el fin de evitar que el virus infecte el hígado y cause inflamación del hígado, lo que dará lugar a la fibrosis, hepatitis crónica, la fibrosis hepática y la cirrosis. El exceso de consumo de bebidas alcoholicas en periodos de largo plazo provoca necrosis de las células del hígado, la hepatitis inducida por el alcohol, la fibrosis hepática y la cirrosis.

Las enfermedades metabólicas, como la enfermedad por deficiencia de hierro, enfermedad por deficiencia de cobre, y la enfermedad de Wilson, pueden causar fibrosis hepática. La obesidad y el consumo de alimentos con alto contenido de colesterol pueden causar el hígado graso. Un pequeño porcentaje de personas con hígado graso causado por la inflamación por grasas tendrá la fibrosis hepática.

El uso de medicamentos equivocados puede dañar las células del hígado y causar fibrosis hepática. Etapa 0: hígado normal
Etapa 1: fibrosis leve, ampliación del portal hepático como resultado de la fibrosis.
Etapa 2: fibrosis moderada, los tejidos fibrosos han salido de la zona hepática y forman puentes entre las áreas del portal.
Etapa 3: fibrosis severa, puentes fibrosos se forman entre las áreas del portal en el hígados y las venas del centro.
Etapa 4: cirrosis.

La fibrosis hepática se sospecha si los pacientes han conocido la enfermedad hepática crónica (por ejemplo, la hepatitis C crónica viral y la hepatitis B, enfermedad hepática alcohólica) o si los resultados de las pruebas de función hepática son anormales; en tales casos, se realizan pruebas para comprobar si hay fibrosis y, si está presente la fibrosis, para determinar su gravedad (etapa). El conocimiento del estado de fibrosis puede guiar las decisiones médicas.

Las pruebas usadas para el estudio de fibrosis incluyen pruebas no invasivas de imagen, análisis de sangre, biopsia hepática, y nuevas pruebas que evalúan la rigidez del hígado. Pruebas de imagen no invasivas – incluyen la ecografía convencional, TC y RM, deben incluir vistas en sección transversal. Estas pruebas pueden detectar indicios de cirrosis y la hipertensión portal, como esplenomegalia y varices. Sin embargo, no son sensibles para la fibrosis moderada o incluso avanzada si la esplenomegalia y varices están ausentes.

Las nuevas tecnologías pueden aumentar la precisión de la ecografía y la resonancia magnética para detectar la fibrosis o cirrosis temprana; que incluyen la Elastografía por resonancia magnética, y las imágenes impulso de fuerza de radiación acústica. Para estas pruebas, vibraciones acústicas se aplican al abdomen con una sonda. La rapidez que transmiten estas vibraciones a través del tejido del hígado mide una indicación de la rigidez del hígado.

La biopsia hepática sigue siendo el estándar de oro para el diagnóstico de la fibrosis hepática y para el diagnóstico de la enfermedad hepática subyacente que causa la fibrosis. Sin embargo, la biopsia hepática es invasiva, lo que resulta en un riesgo de 10 a 20% de complicaciones menores (por ejemplo, dolor después del procedimiento) y un riesgo de 0,5 a 1% de complicaciones graves (por ejemplo, sangrado significativo).

Los análisis de sangre incluyen paneles disponibles en el mercado que combinan marcadores indirectos (por ejemplo, bilirrubina sérica) y marcadores directos de la función hepática. Los marcadores directos son sustancias que intervienen en la patogénesis de la deposición de la matriz extracelular o citoquinas que inducen la deposición de matriz extracelular.

Estos paneles son los más utilizados para distinguir entre 2 niveles de fibrosis: ausente a mínimo vs moderada a grave; no distinguen con precisión entre los grados de moderada a severa. Por lo tanto, si se sospecha de fibrosis, un enfoque es comenzar con uno de estos paneles y luego hacer la biopsia hepática sólo si el panel indica que la fibrosis es de moderada a severa.

Debido a que la fibrosis representa una respuesta al daño hepático, el tratamiento primario debe centrarse en la causa (la eliminación de la base de la lesión del hígado). Dicho tratamiento puede incluir la eliminación de virus de la hepatitis B o el virus de la hepatitis C en la hepatitis viral crónica, la abstención de alcohol en la enfermedad hepática alcohólica, la eliminación de metales pesados como el hierro en la hemocromatosis o cobre en la enfermedad de Wilson, y descompresión de los conductos biliares en la obstrucción biliar.

Tales tratamientos pueden detener la progresión de la fibrosis y, en algunos pacientes, también revertir algunos de los cambios fibróticos. Los tratamientos para revertir la fibrosis son generalmente demasiado tóxicos para su uso a largo plazo (por ejemplo, corticosteroides, penicilamina) o no tienen una eficacia probada (por ejemplo, colchicina).

Otros tratamientos antifibróticos están bajo estudio. El uso simultáneo de múltiples fármacos antifibróticos en el tiempo puede resultar más beneficioso. La fibrosis hepática es la acumulación de tejido cicatrizal, resultado de la inflamación del hígado y muerte de células hepáticas. Se produce en la mayoría de tipos de enfermedades crónicas del hígado. Los nódulos -zonas esféricas anormales de las células- se forman a medida que las células del hígado mueren y son reemplazadas por la otras células nuevas. Esta regeneración hace que el hígado se vuelva duro.

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La clínica del paciente variara de acuerdo al tiempo de evolución del cuadro, del tiempo de instauración de la ascitis diferenciando cuadros crónicos de subagudos, de la etiología causante y de la presencia de otras complicaciones. Las principales formas clínicas de presentación en el paciente cirrótico serán las siguientes 11:

  • Asintomática: Como un hallazgo incidental, generalmente presenta 2-3 L
  • Ascitis a tensión: Distención abdominal progresiva acompañada de aumento de la presión intraabdominal y consecuente disnea o herniaciones.
  • Ascitis torácica o hidrotórax hepático: Paso del líquido ascítico a la pleura, manifestándose como un derrame pleural con disnea y signos de insuficiencia respiratoria
  • Peritonitis bacteriana espontanea: Infección del líquido ascítico sin foco adyacente ni intraperitoneal y que no es secundaria a instrumentalización. Se puede manifestar inicialmente de manera asintomática o como un shock séptico. El diagnostico se establece a través de una paracentesis diagnostica en la que se evidencia un cultivo positivo del líquido ascítico o bien un recuento absoluto de polimorfo nucleares en el líquido ≥ 250 /mm3

Encefalopatía hepática: Corresponde a un conjunto de manifestaciones tanto neurológicas como psiquiátricas que determinan una disminución del estado mental y de la función cognitiva, que se presentan en pacientes con una alteración de la función hepática y que presentan un shunt vascular que permite el paso de toxinas que usualmente son depuradas por el hígado como los mercaptanos y otras toxinas que actúan como falsos neurotransmisores. Usualmente presentan como una manifestación temprana una alteración en los patrones de sueño, pudiendo presentar tanto insomnio como hipersomnia. En estados más avanzados ya hay presencia de alteraciones neuropsiquiatricas francas como por ejemplo asterixis, hiperreflexia, euforia, bradipsiquia, trastornos del lenguaje entre otras.

El diagnóstico de la encefalopatía hepática es meramente clínico. Las manifestaciones clínicas se pueden clasificar según el sistema de clasificación de West Haven que consta de 5 grados desde el 0 al 4 que varían desde una encefalopatía subclínica o encubierta (grado 0) hasta el coma (grado 4). Hemorragias variciales: Usualmente se presentan como una hemorragia digestiva alta con hematemesis y/o melena, generalmente requiere un tratamiento endoscópico con ligadura, escleroterapia o TIPS 7.

Síndrome hepatorrenal: Corresponde a la presencia de falla renal en un paciente con enfermedad hepática avanzada. En cirrosis avanzadas se puede observar un descenso progresivo de la presión arterial a medida que progresa la enfermedad, factor que contribuye a la producción del síndrome hepatorrenal y es un factor predictor de la sobrevida del paciente. Se caracteriza por un sedimento de orina que la mayoría de las veces no presenta hallazgos de importancia, una disminución en la tasa de excreción de sodio y un aumento progresivo en la creatinina plasmática 7. Corresponde a un diagnóstico de exclusión 7, por lo que deben descartarse otras causas de falla renal, principalmente deshidratación. Síndrome hepatopulmonar: Evidencia de alteraciones de la vasculatura pulmonar y un gradiente alveolo- arterial aumentado a FiO2 ambiental en un paciente que presenta una enfermedad hepática 7.

Carcinoma hepatocelular: El riesgo de desarrollar un carcinoma hepatocelular es marcadamente mayor en los pacientes cirróticos, independiente de la causa de esta, y en los que presentan una infección crónica por VHB, quienes tienen un riesgo aumentado a pesar de no presentar cirrosis. Se debe sospechar el desarrollo de un carcinoma hepatocelular en toda descompensación de un paciente cirrótico previamente compensado. Puede presentar también síntomas y signos derivados del efecto masa del tumor como dolor, saciedad precoz, ictericia obstructiva o la presencia de masa palpable. También pueden presentar diarrea, eritrocitosis, hipercalcemia e hipoglicemia como manifestaciones paraneoplásicas 7. Pruebas diagnosticas

Ante la presencia de un paciente en el que se sospecha la presencia de cirrosis se debe realizar una ecografía abdominal, lo que permite evaluar tanto el parénquima hepático y vías biliares como también la presencia de otras complicaciones derivadas de la cirrosis como por ejemplo la presencia de ascitis. Dentro de los exámenes de laboratorio se debe pedir además de los exámenes de rutina, un recuento de plaquetas, enzimas hepáticas (AST, ALT) y un INR, ya que estos son los que mejor nos permitirán calcular la probabilidad de que el paciente presente una cirrosis.

La biopsia hepática representa el Gold Standard para el diagnóstico de la cirrosis, sin embargo, no se considera necesario pedirla si es que los hallazgos clínicos, radiológicos y de laboratorio sugieren fuertemente la presencia de cirrosis, o bien si es que los resultados de esta no influirán en el manejo del paciente 6.

  • Los factores que mejor predicen la presencia de cirrosis en pacientes adultos con enfermedad hepática conocida o con sospecha de la presencia de esta son los siguientes6:
    • Presencia de ascitis
    • Recuento de plaquetas 7 puntos (calculado en base a recuento de plaquetas, relación ALT/AST y el INR)
  • Factores asociados con una baja probabilidad de cirrosis6:
    • Índice Lok 11. Orina completa con sedimento urinario en la que se debe explícitamente solicitar niveles de potasio, sodio, urea y creatinina en orina 11. La presencia de gérmenes o leucocitos puede alzar la sospecha de una infección urinaria ya sea concomitante o como causa de la descompensación, además el cálculo de la FeNa permite sospechar la presencia de síndrome hepatorrenal si se encuentra 11.

      En pacientes que presenten ascitis se debe realizar una paracentesis diagnostica y medir en el líquido niveles de proteínas totales, albumina, estudio de celularidad con recuento y formula leucocitaria. La realización de una paracentesis está contraindicada en pacientes que presenten un % de actividad de protrombina 11. También podrían solicitarse marcadores específicos para el estudio etiológico de la cirrosis en casos en que se sospeche de una etiología particular en la que se deba instaurar un tratamiento específico como por ejemplo en la hepatitis autoinmune, enfermedad de Wilson, cirrosis biliar primaria, hemocromatosis entre otras.

      Criterios de ingreso Al momento de decidir el destino del paciente el conocer el pronóstico y la probabilidad de mortalidad es un factor de gran importancia y que debe tomarse en cuenta, para esto existen distintos modelos predictivos como el de Child-Pugh o el MELD score. El índice de Child-Pugh clasifica a los pacientes con cirrosis en 3 etapas, A, B y C, siendo la A una cirrosis bien compensada asociada a una sobrevida al año de 100% y la etapa C una cirrosis descompensada, asociada a una sobrevida al año de un 45% 7. Para el cálculo de este se considera la bilirrubina total, el % de actividad de protrombina, la albumina y la presencia de ascitis y/o encefalopatía.

      El MELD score por otro lado, es utilizado para priorizar a los pacientes que requieren un trasplante hepático y también para seleccionar a los posibles candidatos, sin embargo, actualmente está comenzando a tomar un rol predictivo pronostico en los pacientes no sometidos a trasplante hepático. Se calcula de acuerdo a los niveles totales de bilirrubina, creatinina, INR y a la etiología de la cirrosis. Se recomienda que los pacientes con un MELD score ≥ 10 debieran ser referidos a un centro especializado para la evaluación de un posible trasplante hepático 7. Además, se recomienda la evaluación por un especialista en los casos de cirrosis descompensadas, que presenten complicaciones mayores o que vayan a requerir tratamiento para una etiología especifica 7.

      Dentro de los pacientes que presenten complicaciones mayores de la cirrosis todos debiesen hospitalizarse para su manejo y estudio, con excepción de la ascitis, que de por si cuenta con sus propios criterios de ingreso, por lo que debiesen hospitalizarse los pacientes que solo presenten ascitis como complicación y cumplan con alguno de los criterios de ingreso siguientes 11:

      • Ascitis de inicio reciente, que no se ha estudiado previamente
      • Ascitis diagnosticada previamente en la que se sospeche la presencia de alguna enfermedad sobre agregada
      • Toda ascitis que se acompañe de fiebre, debido a la posibilidad de una peritonitis bacteriana espontanea
      • Ascitis a tensión
      • Ascitis que se acompaña de síndrome hepatorrenal
      • Ascitis con derrame pleural
      • Ascitis con mala respuesta a tratamiento médico (pérdida de peso menor a 200 gr al día con un sodio urinario menor a 50 mEq/día)
      • Ascitis refractaria (sin respuesta a dosis máximas de espironolactona y furosemida durante una semana)

      Para el manejo del paciente cirrótico hay diferentes objetivos generales hacia los que nos debemos enfocar, los podemos resumir en los siguientes 7:

      • Revertir o disminuir la progresión de la enfermedad hepática de base
      • Prevenir daños hepáticos sobreimpuestos
      • Identificar los fármacos contraindicados en pacientes con daño hepático y aquello que requieran ajustar dosis
      • Control sintomático y de las anormalidades de laboratorio
      • Manejo y prevención de las complicaciones
      • Evaluar la posibilidad de realización de un trasplante hepático y elegir el mejor momento para realizarlo

      Para prevenir o disminuir la progresión del daño hepático crónico se debe evaluar cuál es la causa de origen de este mismo y los posibles tratamientos disponibles. Respecto a la prevención de daños sobreimpuestos hay diferentes medidas que se pueden tomar como por ejemplo la vacunación para profilaxis de infecciones con VHA y VHB. También se debe hacer énfasis en la prevención del consumo de sustancias hepatotóxicas como el alcohol o ciertos medicamentos y hacer un adecuado ajuste de dosis para aquellos fármacos que lo requieran.

      Lo más es la de la prevención y manejo de las principales complicaciones mayores de la cirrosis. Se debería hacer en todo paciente cirrótico un tamizaje en busca de la presencia de varices esofágicas, dejando tratamiento profiláctico con beta bloqueadores a aquellos que las presenten. También se debe hacer tamizaje para carcinoma hepatocelular 7. Otras medidas que ayudan a reducir el riesgo de complicaciones incluyen un control juicioso de la diuresis, evitando nefrotóxicos y diuresis agresiva, evitar el uso de inhibidores de la bomba de protones en pacientes sin un claro requerimiento de ellos, tratar las infecciones y evitar el uso de instrumental invasivo como ventilación mecánica o catéteres urinarios a menos que sea estrictamente necesario7. Manejo de las principales complicaciones mayores

      Ascitis: El manejo del paciente con ascitis de causa hepática va a depender de si presenta o no complicaciones como por ejemplo una peritonitis bacteriana espontanea, derrame pleural, síndrome hepatorrenal, insuficiencia respiratoria entre otras. Para ascitis no complicadas se dejaran las siguientes indicaciones 11:

      • Reposo absoluto en cama
      • Dieta hiposódica ( 11.

        ^

      En ascitis complicadas con una peritonitis bacteriana espontanea se procederá a pedir hemocultivos y cultivos del líquido ascítico, y posteriormente se debe iniciar antibioterapia sistémica 11. También se debe descontinuar el uso de beta bloqueadores no selectivos, ya que se han asociado a peor pronóstico 8. Si el paciente presenta una ascitis bacteriana ( 8. Encefalopatía hepática: El tratamiento agudo de la encefalopatía hepática se centra en identificar y corregir la causa precipitante y en medidas para reducir la concentración de amonio plasmático. La primera acción a tomar es intentar identificar la causa precipitante de la encefalopatía y tratarla si es posible. Algunas causas precipitantes son por ejemplo infecciones, hemorragias gastrointestinales, hipovolemia, hipoxia, falla renal, hipoglicemia, entre otras.

      Reducción de niveles de amonio plasmático: Existen distintos fármacos que nos permiten reducir los niveles de amonio, como la lactulosa, lactitol o rifaximina. Si el paciente presenta hipokalemia está también debe ser corregida, ya que la hipokalemia aumenta la producción de amonio renal 9. Tratamiento farmacológico

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Creatinina: estos valores tienen relación con la función excretora renal, es decir, nos indican cómo están funcionando los riñones. Glucosa: los análisis de glúcidos o glucidico es un valor relativo a la concentración plasmática o sanguínea de glucosa, el principal “carburante” de las células. La regulación de la glucemia depende de una hormona hipoglucemiante segregada por el páncreas, la insulina. La determinación de la glucosa es útil para el diagnóstico de numerosas enfermedades metabólicas.

Ácido úrico: está relacionado con la síntesis de nuestro ADN. Se excreta mayormente por el riñón y en menor medida por el tracto intestinal. Los valores anómalos podrían indicarnos insuficiencia renal o diabetes mellitus. Colesterol: corresponde a lo que podríamos llamar el análisis de lípidos (de “lipo” grasa), esencial para las personas que viven con VIH. Los lípidos sanguíneos sintetizados por el organismo o aportados por la alimentación son necesarios para la constitución y el funcionamiento celular. Las analíticas que se muestran incluyen el análisis del colesterol y sus fracciones, las lipoproteínas y los triglicéridos. Parece claro que los tratamientos antirretrovirales prolongados se relacionan con la aparición de anomalías lipídicas.

Las fracciones del colesterol corresponden a lo que vulgarmente llamamos “colesterol bueno” y “colesterol malo”. El primero es el HDL (lipoproteínas de alta densidad, en inglés; high density lipoproteins) y unos valores altos de éste parecen ser una buena señal, mientras que el segundo es el LDL (liporoteínas de baja densidad, en inglés; low density lipoproteins), el colesterol malo cuyos valores deberían de ser inferiores al marcador de referencia. En todo caso, el colesterol, que es sintetizado por el organismo y especialmente por el hígado, es el principal lípido relacionado con algunos tipos de enfermedades vasculares. Triglicéridos: son una forma de grasa que se encuentra en el torrente sanguíneo y que almacena los ácidos grasos, de origen alimenticio normalmente. Se originan en el hígado y actúan cómo si almacenaran energía. Los valores altos indican un trastorno metabólico y es un importante factor de riesgo para enfermedades vasculares y coronarias.

La aspartato aminotransferasa o AST es una hormona presente en muchas partes de nuestro organismo además del hígado, como el corazón, los intestinos y los músculos por lo que tener elevado este marcador no supone necesariamente que exista daño hepático. La medición de este parámetro en combinación con otros sí podría servir para realizar un seguimiento en caso de tener una enfermedad hepática conocida. La alanino transferasa o ALT es una enzima que muchas de las células de nuestro hígado fabrican cuando se encuentran bajo presión, enfermas o muriendo. Un incremento de ALT es un indicador de inflamación o daño hepático, pero no nos da información sobre su causa: si se debe a hepatitis, a toxicidad farmacológica o a otras complicaciones. Así, en el ejemplo, el valor 54 UI/L, al superar el máximo de referencia (40 UI/L), indica que el hígado puede estar inflamado o sufriendo algún tipo de daño. Sin embargo, también podría suceder que los niveles de ALT estuvieran dentro de los márgenes aceptables y, en cambio, el hígado estuviera inflamado o con fibrosis. Lo que parece seguro es que si los niveles de ALT aumentan de forma progresiva, el hígado estará enfermando, quizás por la presencia de un patógeno (virus o bacteria) y/o por efecto tóxico de los antirretrovirales, de otros fármacos o sustancias, por sí mismos o combinados entre sí.

Otro parámetro directamente relacionado con el funcionamiento del hígado es la bilirrubina. Esta sustancia es la resultante de la degradación de la hemoglobina –proteína que transporta el oxígeno en la sangre y lo distribuye en los tejidos– que ocurre cuando los glóbulos rojos que la contienen mueren. Este proceso sucede en gran parte en el hígado y la bilirrubina entonces se excreta en la bilis y luego fuera del cuerpo en las heces. Pero cuando la función hepática disminuye se pueden encontrar cantidades importantes de bilis en sangre, y por tanto de bilirrubina, lo que en algunas ocasiones se reconoce por un característico color amarillo en la piel, en los ojos y un oscurecimiento de la orina. La bilirrubina tota l es la suma de la libre y de la conjugada. La bilirrubina libre (también conocida como indirecta o sin conjugar) es aquella que se produce en la sangre y es transportada por la albúmina. Una vez que pasa por el hígado se llama bilirrubina conjugada (o directa). Aunque se trata de la misma sustancia sus cualidades son distintas. Saber cuál de las bilirrubinas está elevada nos permite conocer si el problema se encuentra antes, después o en el hígado.

Fuentes: Aidsmap (Entidad certificada por The Information Standard, perteneciente al Servicio Nacional de Salud Británico [NHS]) y HIV-iBase (Entidad certificada por HONcode). La Verdolaga es una gran desconocida, pero poco a poco ha demostrado ser eficaz y beneficiosa para tratar varias enfermedades y dolencias, es comestible y podemos añadirla a nuestra dieta para aprovecharnos de todos sus beneficios, a continuación le damos mas información sobre esta sanadora y sabrosa planta:

El extracto de Verdolaga mata in vitro el 83% de las células del cáncer de hígado. Un estudio demostró que un extracto de semillas de Verdolaga demostró podía llegar a matar in vitro hasta el 83% de las células del cáncer de hígado humanas en 24 horas. El extracto de Verdolaga ha demostrado ser tóxico para el cáncer de mama, cáncer de pulmón, cáncer cervical y sarcoma. Que hace que esta hoja verde sea tan poderosa? Además de contener flavonoides anti cancerígenos como el kaempferol, apigenina, luteolina y quercetina, este súper vegetal también proporciona 17 vitaminas y minerales, ácidos grasos omega-3 y antioxidantes poderosos.

Los beneficios para la salud de la Verdolaga no acaban ahí. Se ha demostrado en ensayos clínicos que puede ayudar a los adultos con diabetes tipo 2 mediante la reducción significativa de su nivel de azúcar en la sangre, el colesterol, los triglicéridos, e incluso puede ayudar a bajar de peso, después de sólo cinco semanas de comer semillas de Verdolaga. La Verdolaga también ha demostrado tener potentes propiedades anti-inflamatorias, anti-bacterianas, anti-hongos y anti-virales, también ha demostrado ser buena para ayudar al sistema inmune al aumentar el número de células blancas en la sangre (en ratones).

Todo esto solo con 13 calorías por cada 80 gramos de porción! Los fans de la dieta alcalina deben tomar nota, ya que esta hoja verde baja en calorías tiene el doble de poder alcalinizante que el jugo de limón puro! La verdolaga es deliciosa en ensaladas, sopas, curry, sofrita con otras verduras, o para añadirla en su batido vegetal favorito. La verdolaga es una planta poderosa que posee una cantidad considerable de nutrientes necesarios para el cuerpo humano, puede comerse cruda o cocida, también puede consumirse mediante batidos o jugos y acompañada para potenciar a un mas su efecto de una gran variedad de frutas entre ellas cerezas, arándanos, manzana y piña.

Su extracto se ha confirmado como un agente anticancerígeno, estudios han comprobado su eficacia sobre el cáncer de hígado, también es muy efectivo para tratar el cáncer de mama, esta planta contiene una carga importante de antioxidantes, que ayudan a la regeneración celular. Esta planta es rica en flavonoides anticancerígenos, como el kaempferol y quercetina, contiene un alto índice de vitaminas, minerales y el ácido graso omega 3, cuyo beneficio para el corazón se ha demostrado en los últimos tiempos, sin duda alguna esta planta es muy benéfica para cuidar la salud del organismo.

En pacientes diabéticos se ha demostrado la reducción de los niveles de azúcar en sangre, también contribuye a la disminución de los niveles de colesterol y triacilgliceridos, también se ha comprobado su eficacia en la pérdida de peso ya que acelera el metabolismo y reduce considerablemente el nivel de grasa abdominal. Es una hierba que posee las mismas propiedades alcalinas del limón, ayudando en la regulación de la digestión y la disminución del pH acido por su acción alcalinizante, en países como áfrica consumen sus semillas las secan y las trituran para formar una harina.

De la verdolaga se consume todo, ya sean sus flores, semillas, tallo y hojas, es una planta que se aprovecha al máximo, y sus propiedades son innumerables, ingerirla dentro de la dieta aporta los nutrientes que el organismo necesita para su buen funcionamiento. También es rica en calcio, hierro, magnesio, zinc, potasio y fosforo, contiene proteínas y un 92% de agua, dentro de sus beneficios están los siguientes

  • Es un excelente laxante natural
  • Es diurética y depurativa
  • Tiene efectos hipoglucémicos
  • Es un potente purificador de la sangre
  • Por su alto contenido férrico ayuda a combatir la anemia
  • Ayuda a controlar las enfermedades genitourinarias

El efecto beneficioso de esta planta es muy alto, sin embargo, debe consumirse moderadamente, ya que contiene acido oxálico que ayuda a la formación de cálculos renales, también no es aconsejable comerla durante el periodo de gestación ya que ayuda al movimiento uterino lo que puede provocar abortos espontáneos.

Su sabor es suave ligeramente acidulado, además es refrescante y crujiente, ideal para comerla en ensaladas ya sean crudas o cocidas, también puede ingerirse bajo la presentación de jugos combinándola con otros vegetales y frutas ayudara a potenciar sus efectos para mantener el equilibrio orgánico. Es importante acotar que la verdolaga es una planta silvestre, rica en fibra por eso ayuda en el estreñimiento, su efecto es más importante que otros vegetales una ración de verdolaga equivale al aporte nutricional de diferentes verduras, es decir obtienes el requerimiento que necesitas en una ración de esta planta.

El hígado, nuestro principal órgano de depuración, elimina en primavera las toxinas y tensiones guardadas durante el invierno haciendo rebrotar alergias, problemas de piel y de vías respiratorias. La llegada de esta estación supone para el cuerpo un proceso de adaptación de los nuevos biorritmos, generando muchas veces la famosa astenia primaveral (cansancio y bajo ánimo).

Si nuestro hígado está recargado por un exceso de proteína animal, azúcares y grasas, estos síntomas se acentuarán más que nunca. Y es que este órgano realiza más de 500 funciones entre las que está metabolizar las grasas, convertir glucosa en glucógeno, almacenar hierro, y depurar toxinas. La vida sedentaria, el estrés, y las emociones como los conflictos familiares o laborales también afectan al hígado ralentizando sus funciones (es por eso que a veces ante los disgustos hay personas que ven alteradas sus digestiones o tránsito intestinal).

A su vez, un hígado inflamado (muy Yin) o muy contraído (muy Yang) según el Tao, se relaciona con generar emociones como el enfado, la irritabilidad, la frustración y la rabia. Para mantener un hígado saludable debemos evitar comer en exceso, aunque sean alimentos de buena calidad y sobretodo de noche, que es cuando el hígado se regenera. Es importante reducir el consumo de harinas, grasas, fritos, azúcares, y controlar los lácteos y la proteína animal.

De vez en cuando debemos dejar descansar a nuestro cuerpo de fármacos y suplementos. Una dieta depurativa antes de empezar la estación es lo más recomendado para empezar con fuerza. Hoy sabemos que hay ciertos alimentos que nos pueden ayudar a mantener el equilibrio de nuestro hígado cada día, así como acelerar el proceso de depuración: las crucíferas, vegetales amargos como las endivias o los espárragos, las especias como la cúrcuma, el aguacate, las algas, los germinados o el té verde bancha y kukicha, el miso, la umeboshi, y los picles. Substituir el azúcar por el Sirope de Arroz, un edulcorante de cadena larga que ayuda a relajar el hígado y sus estancamientos.

El miso desintoxica y alcaliniza la sangre, aumentando la resistencia ante las enfermedades, genera un sistema nervioso despierto pero sin excitación, y evita la sensación de cansancio. Para obtener estos beneficios podemos tomarlo hasta cada día. 1 ó 2 Umeboshi a la semana nutre el hígado gracias a su sabor ácido. Esta ciruela actúa como emulsionante de las grasas pesadas que le sobrecargan y favorece la digestión de las proteínas. Además tiene un gran efecto alcalinizante.

Una cucharada de picles al día depura el cuerpo, especialmente los intestinos, ya que aporta enzimas para un correcto funcionamiento de la flora intestinal. Es bueno tener en cuenta el índice de histamina que estamos consumiendo. El exceso de histamina en el cuerpo es responsable muchas veces de estos cuadros alérgicos.

Si no hemos estado a tiempo de hacer una dieta depurativa preventiva y la alimentación rica en depurativos se nos hace corta, la suplementación natural nos puede ayudar aliviar muy bien ciertos síntomas propios de la alergia, la astenia o la bajada de defensas de la primavera. El DHA (que activa la producción de prostaglandinas y eicosanoides), tiene un efecto antiinflamatorio ante las alergias primaverales. Además, ayuda a subir nuestro estado de ánimo. Por otro lado, lo mejor que podemos hacer ante la astenia primaveral aparte de nutrirnos mejor, es salir más al aire libre, practicar más ejercicio físico y entablar más contacto social.

Artículo escrito por la nutricionista Neus Elcacho El hígado es uno de los órganos vitales del cuerpo y tiene muchísimas funciones. Sin embargo, no siempre le damos la importancia que deberíamos. Muchas veces cuando las personas buscan consejos de los herbolarios sobre cómo resolver los problemas crónicos de la piel, como erupciones cutáneas, forúnculos, eczema y psoriasis, ellos les dan una lista de hierbas para limpiar el hígado.

Según el doctor Daniel Mowrey el diente de león es la planta medicinal número 1 cuando de la salud del hígado se trata. Las hojas son diuréticas lo que ayuda al cuerpo a deshacerse del exceso de agua. Las raíces se han usado por muchos años para tratar la ictericia, una enfermedad del hígado que pone la piel amarilla. A pesar de su fama como mala hierba, el diente de león es en realidad una fuente inagotable de fitonutrientes antioxidantes, pigmentos vegetales, vitaminas y minerales esenciales.

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